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Opinión
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El doctor Mourinho vislumbra el paraíso

La rivalidad entre el técnico portugués y Guardiola ya no tiene la virulencia de hace unos años, cuando entrenaban a Madrid y Barça, pero sigue viva

José Mourinho (izquierda) y Pep Guardiola, este sábado en la banda del Tottenham Hotspur Stadium durante el partido entre el Tottenham y el City.
José Mourinho (izquierda) y Pep Guardiola, este sábado en la banda del Tottenham Hotspur Stadium durante el partido entre el Tottenham y el City.DPA vía Europa Press (Europa Press)

El Tottenham Hotspur, anclado en el norte de Londres, es uno de los grandes del fútbol inglés por hinchada y por historia, pero no por palmarés. Solo ha ganado dos ligas, la última hace 60 años y la anterior 10 años antes. Y, sin embargo, sus hinchas creen cada año que por fin se va a romper el maleficio y que este año sí, este año sí van a ser campeones. Pero nunca pasa. Quizás porque es un club al que parece perseguirle una cierta mala sombra. Hace cinco años parecían estar destinados por fin a acabar con la sequía: todos los grandes estaban en proceso de transición y los Spurs jugaban el mejor fútbol de la Premier. Pero acabó ganando el Leicester en lo que fue la mayor sorpresa del fútbol inglés en medio siglo.

Los Spurs son un club muy bien gestionado económicamente. Nunca estiran más el brazo que la manga y han sido capaces de construir un nuevo estadio junto al viejo White Hart Lane sin entrar en un declive semejante al sufrido por su gran rival local, el Arsenal, el que la mudanza de Highbury al Emirates les dejó sin poder de compra. Sin embargo, apenas unos meses después de inaugurar uno de los estadios más espectaculares de la Premier, llegó la covid y lo dejó vacío y mudo. Eso es mala sombra.

Hace un año, el Tottenham dio un giro de 180 grados a su política deportiva y echó a la calle a Mauricio Pochettino, que llevaba más de cinco años al frente de la plantilla. Pochettino nunca ganó nada, pero los Spurs se convirtieron con él en uno de los equipos que mejor y que más bonito jugaba. El recambio de Pochettino fue un hombre que representa todo lo contrario, José Mourinho. A Mourinho no le importa si su equipo juega bonito o juega feo, lo único que le importa es que su equipo gane. Y él hará siempre todo lo que pueda para conseguirlo.

Para Mourinho, la llamada del Tottenham fue una bendición porque llevaba más de un año en el paro después de una etapa más bien calamitosa en el Manchester United a pesar de que logró ganar la Europa League, esa competición que el Sevilla ha convertido en gloriosa pero que los grandes del fútbol europeo prefieren evitar porque el solo hecho de jugarla es sinónimo de fracaso: estar en la Europa League es incompatible con estar en la Champions.

Mourinho, que no gana una liga desde la temporada 2014-15 (en su segunda etapa en el Chelsea), no tuvo un buen primer año con el Tottenham, que acabó sexto la pasada temporada.

Este curso, las cosas van mejor. En octubre le endosaron seis goles al Manchester United en Old Trafford y este sábado pasaron por encima del Manchester City (2-0) sin demasiadas dificultades, a pesar de una gran primera parte del City. A Mourinho, la victoria le supo a gloria por varias razones. Una, porque el equipo parece haberse adaptado a su visión del fútbol, que empieza con una buena defensa. Dos, porque el triunfo colocó a los Spurs en el liderato, aunque dependiera luego de lo que hicieran Leicester y Liverpool [ganaron los reds por 3-0 y están igualados a 20 puntos con el Tottenham]. Y, tres, porque se impuso a su viejo rival, Pep Guardiola.

La rivalidad ya no tiene la virulencia de hace unos años, cuando Mourinho representaba al Madrid y Guardiola al Barça, pero sigue viva. Mou no se olvidó de calentar el partido al pronosticar días antes que Sterling, que abandonó la concentración con Inglaterra por lesión, estaría ya recuperado para jugar contra el Tottenham. “O sea que Mourinho ahora es médico”, le respondió Guardiola. Sterling solo jugó los últimos minutos, pero el doctor Mourinho empezó a vislumbrar el paraíso.

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