MUERE DIEGO ARMANDO MARADONA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un juego de niños

Maradona es el potrero, la pasión y la emoción, y también el ansia de ganar

Seguidores de Maradona, este jueves en en Barcelona ante una bandera argentina y una pancarta con el lema de "Eterno Diego".
Seguidores de Maradona, este jueves en en Barcelona ante una bandera argentina y una pancarta con el lema de "Eterno Diego".JOSEP LAGO (AFP)

Siempre que muere alguien, deja un vacío grande. En el caso de Diego Armando Maradona, el vacío no existe. Claro que es doloroso para sus familiares y la gente que lo conocía, pero Maradona no deja un vacío. Está ahí y lo va a estar siempre porque es eterno e histórico. Incluso se hablará de él como si no se hubiese ido, como si Diego siguiese aquí.

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No lo viví y no lo disfruté como jugadora. Era muy pequeña y en 1986 ni siquiera había nacido, pero sé de Maradona lo que mucha gente de mi edad con los vídeos de sus jugadas y sus goles: cómo ha trascendido su figura, la del mejor jugador de la historia, el que cala en tanta gente y al que todo el mundo conoce. Es la figura de nuestro deporte. El miércoles, cuando me enteré de la noticia y lo pensaba, creía que no era posible, como quien necesita un tiempo para asimilar que Maradona ha muerto.

Los que no somos contemporáneos pero vimos sus vídeos sabemos que Maradona jugaba como un hombre contra niños. Cogía el balón y era él quien mandaba. Hacía lo que le daba la gana hasta que decidía parar. Aún no hace mucho veía un vídeo de él entrenando centros y remates en un campo que no estaba bien. Quizás era Nápoles. Hacía de todo, metía todos los remates, jugaba y domaba la pelota como quería. Me hacía recordar la infancia, esas tardes en las que jugabas contra tu hermano en la calle o en una portería, el único sitio en el que se podían hacer esas cosas. Pero él las hacía en un campo de fútbol.

Maradona tenía un don. Nació con él, lo cultivó y lo explotó al máximo. La única pena es ese otro él que existía y nos enseñó todo lo que no es ser un buen deportista, pero incluso esas sombras lo han hecho una figura más especial. Lo acercaban a mucha gente por su condición humana, por su imperfección a pesar de ser considerado un dios.

Maradona viene de Argentina, sale de un potrero. No es la imagen de alguien con éxito desde el inicio. Es alguien de barrio, cualquier niño que ves jugar en el parque. Es la pasión y la emoción que él despertaba en todos los aficionados por el gusto de verlo jugar, pero también es esa ansia de ganar. Si juega Maradona en tu equipo, por supuesto que puedes ganar. Para millones de argentinos, la mayor alegría de sus vidas fue verlo jugar y ganar un Mundial. Eso es tan especial que nada ni nadie lo puede igualar. Hizo feliz a la gente.

Diego Armando Maradona es una inspiración para cualquiera, tanto para hombres como para mujeres. Un hombre tan cercano que su historia podría haber sido la de cualquier otro, independientemente del país en el que haya nacido, de todo lo que haya alrededor, de las condiciones de vida, del dinero que tenga su familia. Él inspiraba porque demostraba que lo que había hecho era posible. Ese es su don, uno que nadie más tenía: hacer creer a la gente, inspirarla para pensar que lo que él hizo es posible. Ese es el legado de Maradona. Y lo va a seguir siendo. Es la grandeza de su figura, por mucho que ya no esté.

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