El Baskonia no está para nada

El Fenerbahçe resurge en Vitoria frente a un rival deprimido

Kalinic trata de taponar el lanzamiento de Shengelia.
Kalinic trata de taponar el lanzamiento de Shengelia.Adrián Ruiz de Huierro (EFE)

Hay noches en las que el Baskonia no está para nada, ni para nadie. Hace una semana, frente al Barcelona, al equipo vitoriano le salía todo; en el tiro y en defensa, y en ocasiones así, cuando antes Dusko Ivanovic hubiera optado por la ira, después de ver el percal, ha elegido la templanza. Resulta conmovedor observar al veterano técnico montenegrino explicarse en los tiempos muertos, con una inequívoca vocación didáctica, como si en los minutos vertiginosos de la competición, le interesara más su labor para los próximos meses que el cortoplacismo.

Mientras, Obradovic enrojecía en el banquillo del Fenerbahçe como si fuera a estallar de un momento a otro, a pesar de que su equipo lo hacía bastante bien, pese a que su temporada tampoco sea como para organizar una demostración de fuegos artificiales.

Son dos formas de ver las cosas. La exigencia de Obradovic frente a la aparente resignación de Ivanovic, mientras seguían cayendo los puntos en la canasta del Baskonia y se sucedían los errores. Uno tras otro: pasos, líneas pisadas por falta de concentración, pérdidas de balón absurdas (18), tiros sin criterio, decisiones inexplicables. Todo mal, vuelta al pasado. El Baskonia que se quedó el domingo fuera de la Copa del Rey por segunda vez en los últimos 23 años y empieza a sufrir el vértigo de su mala temporada, regresa a la depresión en la Euroliga.

Tres triples seguidos de Leo Westermann, nada más comenzar el partido, para poner un 3-12 en el marcador, fueron el principio del fin baskonista. El francés llevaba cuatro lanzamientos de tres anotados hasta el partido de Vitoria; consiguió otros siete en el Buesa, toda una revelación como triplista, tal vez porque se encontró a gusto, siempre solo, sin presión a la hora de ensayar el tiro. Como Ali Muhammed, antes llamado Bobby Dixon, el jugador que nació debajo de una escalera y que asistió al funeral de su hermano, tiroteado, mientras observaba a su madre delante del féretro, esposada. Había salido de la cárcel solo para velar al chico. Muhammed dirigió a su equipo sin trabas, repartió juego, disfrutó como un juvenil.

Atascados en defensa, gripados en ataque, los vitorianos jugaban siempre un par de pasos por detrás del Fenerbahçe, sin conseguir coger el rebufo turco. Con Vildoza en el dique seco, los bases disponibles, Henry y Sergi García, se aturullaban en la conducción de un equipo que jugaba a tirones, con frenazos continuos. Todo fue un desastre, otro más.

Seguía Obradovic cambiando de color como un semáforo; continuaba Ivanovic con su ejercicio de contención, pero el partido no modificaba su signo. Nada funcionó, ni en posiciones claras de tiro, ni en las entradas a canasta de los hombres fundamentales. Shengelia quiso mantener el tipo todo el tiempo que pudo, pero se encontraba demasiado solo, sin ayudas, sin esperanza.

El último arreón, a falta de ocho minutos, se zanjó con otro triple de Westermann. Se había acercado el Baskonia a once puntos, y tuvo la ocasión para estrechar el margen, pero los errores le devolvieron a la casilla de salida, a la realidad de la Euroliga. Ivanovic hierático, miraba y pensaba; Obradovic enrojecía y le tiraba pescozones a Muhammed, sentado en el banquillo, por cualquier error mínimo de sus compañeros. Ganó el Fenerbahçe y el Baskonia no está para nada ni para nadie. Solo Fall y Shengelia dieron la cara.

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