“Setién es más ‘guardiolista’ que Guardiola”

Diferentes jugadores que han estado a las órdenes del nuevo técnico azulgrana explican su librillo

Setién, durante la rueda de prensa del sábado.
Setién, durante la rueda de prensa del sábado.ALBERT GEA (REUTERS)

“Es un sueño entrenar al Barça”, resolvió Quique Setién (Santander; 61 años) en su presentación como técnico. Cruyffista superlativo porque como futbolista siempre se preguntó cuando jugaba ante el Dream Team por qué corrían tanto tras el balón sin tenerlo entre los pies, Setién decidió que si algún día entrenaba lo haría para jugar de esa manera. Y así lo hizo desde el principio. Incluso en 2011, con permiso del Lugo, se marchó dos semanas a Barcelona para no perder detalle de la forma de trabajo de Guardiola. “Solo garantizo que mi equipo va a jugar bien”, zanja Setién, que hoy se estrena en el banquillo azulgrana y en el Camp Nou ante el Granada (21.00, Movistar La Liga); “la lucidez con el balón debe ser permanente”.

Racing (2001-2002). “Este es el que me hizo entrenador”, bromea Setién cuando tiene a Javi Guerrero delante. “Me salió una gran temporada y el equipo ascendió, por lo que Quique también suele decir que solo tenía que poner a los buenos para ganar. Eso indica el tipo de persona que es”, señala el exdelantero; “pero aún me pareció mejor tipo cuando, tras subir a Primera, dio un paso al lado y facilitó el banquillo a Preciado para él regresar a los despachos. Me ganó para toda la vida”.

Tras 12 años con las botas puestas en el Racing, Setién asumió el banquillo. “No era una época fácil porque estábamos abajo y había veteranos que venían de otra etapa y que tenían una buena relación con el técnico anterior… Pero en poco tiempo se metió al vestuario en el bolsillo”, añade Guerrero. También por el fútbol que desplegaron. “Jugamos bastante bien, ordenados y dinámicos. Siempre decía que si le hacíamos caso y dábamos prioridad a nuestro juego, sacaríamos resultados. No se equivocó”, cierra Guerrero. Pasado el tiempo, discutió con el empresario y entonces presidente Dmitri Piterman y se marchó.

Poli Ejido (2003-04). Tras un año de asueto, Setién se fue al Poli Ejido, en Segunda. Pero apenas duró 12 encuentros. “No nos pagaban y la situación económica no era la idónea”, explica el exlateral Carlos Llorens; “pero para algunos fueron unos meses muy buenos porque enseñaba, porque siempre quería un buen trato al balón y porque todos los ejercicios tenían la pelota de por medio”. El mensaje que dio de despedida en el camerino, después de que fuera relevado en el cargo, hablaba por sí solo: “Disfrutad del fútbol”.

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Logroñés (2007-2008). La ocasión de dirigir al Logroñés, en Segunda B, se la dio Tato Abadía, con el que compartía coche camino de Burgos porque hicieron juntos el curso de director deportivo. “Tenía muy claro cómo jugar y desprendía templanza y personalidad. Era el idóneo y llegamos a jugar tres meses sensacional”, apunta Abadía, que también le reconoce su genio: “Ya como jugador echaba buenas broncas cuando le dabas un pase mal… Tiene mucho carácter. Es más intransigente que Guardiola; más guardiolista que Guardiola”. Ocurrió, sin embargo, que tras 20 encuentros fue despedido porque no aceptó más impagos.

Lugo (2009-2015). Su impacto en el club lo explica el extremo Luismi Gracia. “Los jugadores le decíamos que era más importante que nosotros porque a cada minuto siete de los partidos, la afición le vitoreaba. Algo que al final hicimos nuestro porque cuando no se sabía si renovaría, el vestuario le cantó: ¡Quique quédate!”.

Setién encontró en el Lugo el mejor ecosistema para trabajar, pues se ganó la confianza de la directiva y la hinchada, también de sus jugadores. “No me renovaron, pero fue el mister quien me lo comunicó. Se le veía afectado y siempre va de frente”, apunta Luismi, que se queda con lo aprendido: “Fútbol de ataque, el 80% de la posesión en los partidos y la posibilidad de disfrutar un buen fútbol en una categoría tan complicada como Segunda B”. Y recuerda el mensaje que más repetía: “Hay que tener la pelota, que es lo que os gusta, ¿no?”. 258 partidos después, se marchó.

Las Palmas (2015-2017). Cuando disputó el último partido liguero en casa, casualmente ante el Barça, la afición se quedó para aplaudirle y cantarle. “Se ganó a todos”, recuerda Tana; “y a mí el primero”. Más que nada porque el día en que Setién llegó al club, saludó a todos por sus nombres y a Tana, le soltó: “¿Y tú, quién eres?”. Pregunta que incomodó al jugador pero que después supo valorar, pues tras una semana de entrenamientos salió de titular. “Tiene los conceptos claros y sabe lo que hace. Además, en los entrenamientos estaba siempre encima. Parecía que teníamos un perro mordiéndonos al lado de la intensidad que metía. Por eso, luego, en broma, le metíamos caña diciéndole: ‘¡Qué pasa, Pep Guardiola!”, rememora Tana. Aunque también recuerda las ganas que tenía de tocar la pelota: “Le gustaba sentirse bueno y picarnos porque para su edad todavía tenía toque”.

Betis (2017-2019). Hubo días de gloria con la manita en el Sánchez Pizjuán y triunfos en el Bernabéu y el Camp Nou. Pero ni el buen juego ni la media del 70% de posesión que acumuló bastaron para convencer a la afición bética, de uñas con el técnico por su poca empatía. Pero Setién siempre fue Setién. “Quería que tratáramos el balón lo mejor posible, tener siempre líneas de pase y movilidad en el medio. Quería y sabía que ganaríamos en la segunda parte porque el rival se abriría por el desgaste”, cuenta el central Jordi Amat, ahora en el KAS Eupen, belga; “éramos uno de los equipos que mejor tratábamos al balón. Daba gusto vernos y daba gusto jugar”. Pero no fue casualidad. “En pretemporada no corrimos casi ningún día. Eran todo pases, posesión, partidos cortos… Y él y su segundo [Eder Sarabia] estaban muy encima para poner intensidad”, desliza Amat. Y añade: “Es muy campechano y habla con todo el mundo. Pero es un tío de fútbol, ha jugado a gran nivel y entrenado a varios equipos, por lo que nos hacía notar que hay momentos en los que se debe ser lo más serios posible”. Un librillo que ahora aplicará en el Barça.

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