Griezmann evita el descalabro

El Ibiza, de Segunda B, pone en entredicho al Barcelona, perdido tácticamente y con el balón, y salvado por un tanto del francés en el 94

Griezmann marca el segundo gol del Barcelona ante el Ibiza.
Griezmann marca el segundo gol del Barcelona ante el Ibiza.JAIME REINA (AFP)

Pretende Quique Setién recuperar el pulso azulgrana, ese estilo que le hizo ser un referente en el planeta fútbol, también que era objeto de copias como lo es ahora el Liverpool de Klopp. Alumno aplicado de Cruyff y colega esponja de Guardiola, Setién hizo un claro guiño al cruyffismo en Ibiza, pues recuperó la obsoleta defensa de tres (3-5-2 con Semedo y Ansu Fati de carrileros), utilizada esporádicamente por Valverde y sobre todo en tiempos de Luis Enrique, cuando andaba a la gresca con Jordi Alba. Pero fue un descalabro superlativo, una bofetada que casi se convierte en histórica y que puso en entredicho el cambio de entrenador a la carrera y sobre todo la valía de una plantilla configurada para ganarlo todo, para atropellar a un rival como el Ibiza, de Segunda B. No fue así sino todo lo contrario, humillado el equipo azulgrana porque no puso fútbol ni ocasiones, dormido en la isla del desvelo hasta que Griezmann estiró las líneas y evitó la eliminación con dos goles después de dos desmarques.

Le salió rana a Setién la propuesta porque el balón era azulgrana pero las ocasiones y los festejos celestes. Acumulaba posesión el Barça con la idea de construir, de llegar al área rival en óptimas condiciones, pero carecía de profundidad y de un crupier que descompusiera al bloque rival. Tampoco ayudaron Carles Pérez y Griezmann, que no fijaron a los centrales sino que se retrasaban para absorber el esférico y nadie les seguía, pues si se giraban tampoco tenían con quién asociarse, lejos de personarse en casa ajena los carrileros y de pisar el área rival Rakitic o Riqui Puig.

Tan desastrosa fue la puesta en escena que el Ibiza hizo sangre con la primera llegada. Raí, exquisito en lo técnico, recogió un pase a la espalda de Semedo y lejos del radio de actuación de Sergi Roberto —el riesgo que entrañaba el sistema de Setién—, pisó la línea de fondo y puso el pase de la muerte para la llegada de Javi Pérez, que le pegó con el interior para batir a Neto. Pudo ser mayor la humillación con otra contra, con un tanto de Rodado anulado por falta a Lenglet o con esa llegada por la derecha que Raí resolvió con un zapatazo seco que solo el poste se atrevió a escupir, después prolongado por Rodado y desviado en última instancia por una gran intervención de Neto.

“¿Dónde está Leo Messi? ¿Leo Messi dónde está?”, entonaba la grada, ya embravecida. Más que nada porque Setién decidió prescindir de jugadores capitales como Piqué y Busquets, además del 10, que disfrutó de una jornada de asueto porque se le aguarda en envites de mayor enjundia. A cambio entraron jugadores por hacer, como Junior, Carles Pérez y Ansu Fati, también Riqui Puig, insulso sin espacios ni líneas de pase. A excepción de Ansu Fati, ninguno dio la talla, escasos de ideas ante la acuciante presión intermedia del Ibiza, que se tomó el duelo como la oportunidad de su vida porque no negoció con el esfuerzo, alimentado de la jarana de la hinchada y de la oportunidad de quedar en los libros de la Copa.

La entrada de Jordi Alba

Trató de corregirse el Barça tras el entreacto con la entrada de Jordi Alba y de Arthur, aunque Setién persistió con su idea y el equipo con su desconexión, incapaz de hilvanar fútbol en la zona de tres cuartos. Hasta que De Jong hizo una de sus conducciones y encontró el pasillo para el desmarque de Griezmann, que se plantó ante Germán para batirle por raso, para atinar en la única ocasión disfrutada hasta el momento después de un único tiro a puerta que llegó a la hora de partido.

Alivio para el Barça y cachetazo para el Ibiza, ya con la lengua fuera y abatido tras una jugada bien similar, ya en el minuto 94, cuando se adivinaba la prórroga, que compusieron Jordi Alba y de nuevo Griezmann, pues el carrilero le puso el esférico a la carrera del galo, que cruzó el balón sobre la bocina para evitar una caída que recordara a tiempos pretéritos, cuando la ronda era a partido único, a derrotas similares frente al Figueres (2000-01), Novelda (2002-03) y Gramanet (2004-05).

Desilusión para el Ibiza, que lo intentó todo y por poco no lo consigue; advertencia seria para el Barça, que sufrió el peor de los reveses hasta que Setién entendió que ya le debe una a Griezmann.{Entradilla}

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