Un chip contra el riesgo de las avalanchas

La estación andorrana de Grandvalira lidera la apuesta por educar y proteger a los esquiadores obsesionados con los fuera pista

El guía de alta montaña Jonatan Larrañaga realiza la comprobación de su DVA en un puesto de control de Black Diamond en Grandvalira.
El guía de alta montaña Jonatan Larrañaga realiza la comprobación de su DVA en un puesto de control de Black Diamond en Grandvalira. EMILIO SEDANO

Apenas cuesta imaginar la sorpresa, primero, el miedo, enseguida, y la impotencia: cuando estalla el manto de nieve sobre el que un esquiador se desplaza y provoca una avalancha, solo la fortuna o la compañía salvarán su vida. Jon (nombre ficticio) escogió un terreno fuera de las pistas del dominio de esquí pirenaico que tan bien conocía. En una escala de 5 puntos, el riesgo de aludes anunciado en la estación era de 2, es decir un riesgo limitado. Jon circulaba sin acompañante, grave error, pero portaba un DVA, es decir un Detector de Víctimas de Avalancha, aparato que emite y recibe unas ondas que permiten localizar un cuerpo enterrado. “Siempre esquío con el DVA, y eso me salvó la vida”, explica. “Primero creí que podría escapar del alud que yo mismo provoqué, pero enseguida pudo conmigo. Sus dimensiones eran importantes y el depósito acabaría en la pista: temí que alcanzase a alguien más. Cuando fui sepultado empecé a notar más y más fuerte la presión de la nieve que me enterraba aún más. Después, perdí el conocimiento”. Desde un remonte, los clientes de un guía de alta montaña que trabajaba ese día en la estación creyeron ver desaparecer a un esquiador. En siete minutos lograron desenterrarle: localizaron su cuerpo a metro y medio de profundidad, tras usar las sondas y palas que llevaban consigo. El alud alcanzó la pista pero no a otro esquiador.

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En una estación de esquí conviven dos mundos paralelos: desde los remontes, los esquiadores pueden escoger la aséptica opción de las pistas, todo acotado e indicado, la nieve pisada, la circulación organizada en base a normas escritas… pero muchos huyen ya de terreno conocido para enfrentarse a los espacios nevados fuera de las pistas. Y es aquí donde cada año aludes y accidentes acaban con la vida de no pocos esquiadores. El contraste entre ambos universos es brutal.

“El free ride o el esquí fuera de pista ha llegado para quedarse y supone un importante volumen de negocio para estaciones como Grandvalira”, reconoce Toni Rodríguez, Director de la Escuela de Soldeu El Tarter, Grandvalira. “Ahora toca adaptarse al gran interés por el esquí fuera pista y por eso tratamos de educar a los esquiadores para que entiendan sus peligros inherentes y la forma de minimizarlos. Todo ha de pasar por la educación: uno de los graves peligros del fuera pista son los aludes, y aunque se logre provocarlos a distancia, no se puede garantizar que un esquiador no provoque un alud a su paso. Por eso pedimos no solo un elevado nivel de esquí sino el uso adecuado del DVA, la pala y la sonda. Y por este motivo hemos colocado, en colaboración con la empresa Black Diamond, seis checkpoints en los principales puntos de acceso a los itinerarios fuera de pista que permiten al usuario saber si su DVA está encendido, tiene batería suficiente y está en modo correcto de uso. Además, creemos que la formación es fundamental, porque salva vidas”, observa. Si bien las estaciones tienen la obligación de informar a sus clientes de los peligros del free ride y a menudo cierran los accesos a los fuera pista en condiciones de riesgo de aludes, no pueden impedir que muchos esquiadores ávidos de nieve fresca se salten todas las recomendaciones. “Prohibir, perseguir… no es una buena opción. Concienciar a los esquiadores de lo que hay en juego, animarles a que contacten con expertos, entiendan cómo se comporta la nieve y adquieran los conocimientos básicos es el camino para evitar accidentes y es una labor que Grandvalira ha emprendido con éxito”, defiende.

En las estaciones españolas, apenas existen medidas reales que animen a los esquiadores a formarse y a usar el DVA de forma natural. En Formigal, existen dos puntos de control para el DVA, pero según confirma Iñaki González, jefe de pisters de la estación aragonesa: “vamos a instalar más porque son necesarios y deseamos apostar por la seguridad, hacer todo lo posible para que no se den accidentes”.

Según Jonatan Larrañaga, guía de alta montaña del equipo Black Diamond, “los esquiadores de montaña entienden que viajar sin DVA, pala, sonda y casco es un disparate” y se trata ahora de que esta mentalidad llegue a las estaciones. Larrañaga y su compañero Marc Toralles han ofrecido estos días un clinic de seguridad en Grandvalira enfocado a la técnica de descenso fuera pista y a la seguridad en este terreno. “Lo esencial es que el usuario entienda lo que hay en juego cuando decide esquiar en terreno de aventura… y que tenga criterio para quedarse en las pistas cuando las condiciones no son favorables".

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