El Madrid aprieta pero no ahoga

El Celta, con dos asistencias exquisitas de Aspas y Denis, logra un punto en el Bernabéu y frustra a un Real, liderado por el reaparecido Hazard, al que no le bastó con su empeño

Casemiro (i) y Okay Yokuslu, en una acción del partido. En vídeo, las declaraciones en rueda de prensa de los entrenadores Óscar y Zidane.Foto: atlas | Vídeo: Rodrigo Jiménez

Se quedó corta la remontada del Real Madrid y brindó por todo lo alto el Celta. Un partido con varias sacudidas dejó a los gallegos con un punto de esperanza y a los madridistas con un solo punto de ventaja sobre el Barça. Compitió bien el cuadro de Óscar García, que reaccionó con tino desde el banquillo cuando se le iba el choque. Y apretó bien el Madrid, sobre todo en el segundo acto, con el regresado Hazard a la cabeza, pero a los celtiñas no les falta talento. Lo evidenció Rafinha, lo goteó Aspas y fue Denis Suárez quien dio la puntilla final al Real con un emboque de Mina.

No hubo un solo Celta en Chamartín. Dos relatos opuestos. Uno, el de un equipo encapotado, abatido por la presión del Madrid, con grilletes en las piernas para articular el juego. Y en el horizonte, otro Celta: el de Rafinha. De un equipo resistente, pero aparatoso, a un equipo pinturero y desafiante. Muy pronto, tras un estupendo pase de Iago Aspas, Smolov maniobró con un control refinado y un remate clínico para obligar al Real a una remontada.

Tras el primer gol de Smolov como celtiña, salvo que el ruso se citara con Aspas y Rafinha, el partido fue un atosigamiento casi constante del Madrid. A ello no fue ajeno un buen Hazard, reaparecido tras 82 días de baja. Con el belga mediante, pese a la intranscendencia de Bale —salvo por una cuchillada a Rafinha ya con 2-1 que mereció más que una amarilla—, fluía el grupo de Zidane... Hasta rondar el área de Rubén.

Al Real Madrid le corría la pelota. Tenía marcha y con Hércules Casemiro se bastaba para enclaustrar a los de Óscar García, pero se volvía ordinario en el último trance. Dale que dale, desde cualquier posición y sin miramientos, los blancos insistieron con una inútil batería de centros al vuelo al rancho de Rubén. No hubo blanco que cazara algún pelotazo sin techo. Tan mal observatorio de los de Zidane que ni una parada exigieron a Rubén en el primer acto. Una suerte para sus tres centrales, encantados con las disputas aéreas. Trenzaban Hazard y Benzema, ventilaban Marcelo y Carvajal, tutelaba Kroos y apabullaba Casemiro, pero la deriva siempre era una jugada caída del cielo. Puro barbecho para los locales, equipo con buenos cabeceadores para el juego a balón parado, cuando se junta el regimiento de Casemiro, Ramos, Varane...

Obligado a ser un equipo machote, el Celta encontraba alivio si daba con el hilo de Rafinha, un gigante en Chamartín. Jugador con ingenio y, sobre todo, con capacidad para apechugar con la pelota. El gran consuelo del Celta, aunque muy limitado por la fraternidad blanca a la hora de ir al quite. Gane o pierda, este Madrid no afloja.

En un primer tiempo sin apenas focos sobre las porterías, a un suspiro del descanso, Courtois se estiró al límite para desviar un cabezazo con mala uva de Aidoo que le botó al belga en los morros. Sin balón, casi golpea dos veces el conjunto gallego. Con la pelota cosida, apenas fue amenazante el Madrid.

Equipo con muchas horas de vuelo, el Madrid interpretó bien cuál había sido su lacra del primer tiempo. Tras el intermedio, la pelota discurrió con la misma gracia pero con otro objetivo. Ya sin el planear constante sobre la portería de Rubén. El nuevo empeño madridista dio frutos muy pronto. En una acción terrenal, Benzema esperó el desdoblamiento de Marcelo que llegó puntual y asistió al raso a Kroos, que ajustó de maravilla el disparo.

La lesión de Kevin hizo que Óscar García hiciera una mudanza defensiva: de cinco zagueros a cuatro, con Aidoo de lateral derecho. Para entonces, el Madrid ya tenía en vilo a Rubén. Los ataques tenían un punto final. Incluso los que parecieron superficiales. Caso de la jugada que originó el 2-1. Hazard le puso fe a una pelota que, sí o sí, se iba al limbo por la línea de puerta. Rubén, más atemorizado de lo que requería la situación, hizo trompicar al belga. Ramos ajustó el lanzamiento de penalti y condenó la falta de cálculo de Rubén. Poco después, la gente de Chamartín despidió a Hazard con el agradecimiento que mereció su reaparición. No mucho después, el técnico del Celta retiró al ariete —Smolov— para dar carrete a un volante —Denis Suárez—. También pareció conservador el relevo de Mendy por el trivial Bale. Ocurrió que el Celta sacó provecho de un filtrador de pases tan cortés con Denis. El chico tiró de periscopio y puso a Santi Mina en la sala de espera del gol. No falló el delantero gallego. Al partido le faltaban diez minutos, pero con Marcelo de extremo y Sergio Ramos al frente del convoy ofensivo, el Madrid ya no encontró remedio.

Sobre la firma

José Sámano

Licenciado en Periodismo, se incorporó a EL PAÍS en 1990, diario en el que ha trabajado durante 25 años en la sección de Deportes, de la que es Redactor Jefe en la actualidad. Ha cubierto seis Eurocopas, cuatro Mundiales y dos Juegos Olímpicos.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS