Carlos Alocén: “Aún vivo la selección más como aficionado que como jugador”

El base del Zaragoza, uno de los mayores talentos del baloncesto español a los 19 años, repasa su presente en la selección y su futuro en el Madrid, al que podría llegar en verano

Carlos Alocén, en el polideportivo Aguas Vivas de Guadalajara
Carlos Alocén, en el polideportivo Aguas Vivas de GuadalajaraR. G.

Cuando Carlos Alocén describe las paredes de su habitación, en casa de sus padres, está repasando a la vez la cartografía de sus sueños de baloncesto. “Tengo una buena colección de pósters. Un par de Pau Gasol, otro de Kobe Bryant, uno de LeBron James… y también tres camisetas colgadas: una del Chacho, la de mi debut con la selección hace un año, y otra de Sergi Llull”, cuenta el base del Casademont Zaragoza, de 19 años y 1,93m, en una entrevista con EL PAÍS tras uno de los entrenamientos con España en la semana de la primera ventana de clasificación para el Eurobasket de 2021 (victoria ante Rumanía el jueves y derrota frente a Polonia este domingo). “Todos los niños de patio de colegio sueñan con llegar a la élite, con representar a su país, con estar en un equipo grande… Era lo que yo soñaba y, de momento, voy por buen camino”, valora Alocén. En esos recreos en las pistas del Compañía de María aprendió a “disfrutar del juego sin egoísmos” y cogió carrerilla para comenzar a recopilar récords de precocidad. “Soy un chico alegre al que le gusta jugar a campo abierto, disfrutar corriendo, hacer un juego dinámico e intentar involucrar a todos mis compañeros”, se define antes de confesarse. “Con la selección me pasa que aún la vivo más con sentimiento de aficionado que de jugador. A veces, me parece imposible estar aquí”, señala mientras piensa qué hueco destinará en su museo a la medalla de campeón del mundo, la tercera tras el oro del Europeo sub16 en 2016 y la plata en el sub20 de 2019.

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En el repaso de sus referentes sobresalen cuatro nombres: “Calderón, Chacho, Ricky y Llull”. ¿Alguno al que haya estudiado además de idolatrarle? “Sí. De pequeño me pasaba el día entero en YouTube viendo vídeos de Llull. De sus jugadas, de sus canastas increíbles… no paraba”, responde sin remilgos. Modelos nacionales para un recorrido trepidante. “Desde que era un crío me recuerdo botando la pelota y pasándomela entre las piernas. Fue una suerte descubrir el baloncesto”, rememora Alocén. A los siete años ya era abonado del Príncipe Felipe, a los 10 estaba en la cantera del Basket Zaragoza y, poco después, abriéndose paso entre los mayores. El 30 de octubre de 2016, en el WiZink Center de Madrid, se convirtió, con 15 años y 10 meses, en el tercer jugador más joven en debutar en la ACB, solo por detrás de Ángel Rebolo y Ricky Rubio, superando en la lista a Luka Doncic, al que después relevó en el galardón de mejor joven de la Liga la temporada pasada. “Cuando debutas en un pabellón así pasas nervios porque te ves muy pequeño en la pista”, recuerda. Acabado el curso 2018-2019, el Real Madrid pagó los 150.000 euros de su cláusula de rescisión –“me quedé en shock”--, le firmó un contrato por cinco años y lo dejó cedido en manos de Porfirio Fisac, para que completara su proceso de crecimiento en su casa. La misma apuesta por el arraigo que eligió cuando tuvo la oportunidad de irse a EE UU para continuar allí con sus estudios y jugar en una Universidad americana.

“Lo más complicado cuando subes al primer equipo es la adaptación a la profesionalidad. Era júnior de primer año, es cuando menos desarrollado estás, cuando más dificultades tienes para leer el juego, cuando quieres demostrar más cosas. Y ahí tuve mucha suerte con mis compañeros y con mi entrenador”, repasa Alocén. “Porfi es un valiente. Siempre le estaré agradecido. Su trabajo depende de los resultados. A él le ha salido muy bien, pero otras veces no sale y es más difícil confiar en un chaval que puede cometer más errores que otro. Pero yo hago una llamada a que los entrenadores sean valientes con los jóvenes porque el talento responde y se abre camino”, explica. Estudiante de Marketing a distancia en la Universidad de Logroño, “niño mimado” de la casa, el pequeño de tres hermanos, e hijo del exjugador Alberto Alocén (canterano del Real Madrid que hizo carrera en el Peñas de Huesca en la década de los 80), Carlos gestiona su eclosión afilando la prudencia. “Soy muy joven y estoy haciendo cosas importantes, pero me queda un largo camino. Lo que viene va a ser mucho mejor y voy a trabajar para que así sea. Tengo que dar un paso adelante en el tramo final de temporada”, desarrolla.

Carlos Alocén en el polideportivo Aguas Vivas de Guadalajara
Carlos Alocén en el polideportivo Aguas Vivas de GuadalajaraR. G.

Al término de este curso llegará otro punto de inflexión. “Es inevitable mirar al Madrid. No voy a engañar a nadie. Es mi equipo desde pequeño, el mejor de Europa. Me alegro cuando ganan y me encanta cómo juegan. Estar en el Madrid la temporada que viene sería increíble. Pero no quiero saltarme etapas. Si veo que estoy preparado y ellos también quieren dar el paso, lo daremos. Pero si tengo que estar un año o dos más cedido también lo haré encantado. Ya se verá. Quiero ir en el momento clave para poder despuntar allí”, argumenta Alocén. “Me encanta la filosofía de Laso, su apuesta por los bases. Y tener un base como Campazzo ahora hace que todo sea más fácil. Ve las cosas de una manera distinta al resto y tiene un grado de competitividad y de inconformismo que es la base de todo lo que está consiguiendo el Madrid últimamente. Es una locura cómo está”, completa.

El primer jugador nacido en el año 2000 en debutar con la selección española. ¿Qué escucha más a menudo en esta etapa, lo de comerse el mundo o lo de tener los pies en el suelo? “Las dos cosas. Es bueno tener las dos mentalidades. Hay que ser inconformista y ambicioso, pero con tranquilidad. Mi sueño a medio plazo sería jugar en el Madrid y, después, todo niño sueña con jugar en la NBA, pero eso todavía está lejos. Por eso me concentro en el día a día”, prosigue. “Me gusta escuchar todo lo bueno que dicen de mí, pero eso conlleva también una responsabilidad. Yo no voy a parar hasta llegar donde quiero llegar”, remacha. El niño que leyó “hasta desgastarlo” un comic sobre la conquista del Mundial de 2006 es ahora una de las piezas de mayor futuro de la selección. “Scariolo siempre me ha pedido que esté tranquilo, que intente comunicarme y hacer mi juego. Que crezca para ir haciéndome un hueco”, indica. “Tantos títulos y tantos buenos momentos en estos años no es casualidad, se consigue a base de carácter y de raza. La competitividad se va transmitiendo. Es lo que nos inculcan en las categorías de formación. Puede haber selecciones con mayor o menor talento pero, además del estilo de juego, lo que te inculcan es la importancia de ese carácter”, cierra Alocén.

Sobre la firma

Faustino Sáez

Es redactor de deportes del diario EL PAÍS, especializado en baloncesto. Además del seguimiento de ACB y Euroliga, ha cubierto in situ Copas, Final Four, Europeos y Mundiales con las selecciones masculina y femenina. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS.

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