Leganés y Alavés suman en un partido de pico y pala

Lucas Pérez adelanta a los vitorianos y ya es el máximo goleador nacional de LaLiga, luego empató Carrillo para sellar una igualada agridulce para los madrileños

Óscar Rodríguez, del Leganés, pugna con Fejsa.
Óscar Rodríguez, del Leganés, pugna con Fejsa.Fernando Alvarado (EFE)

Leganés y Alavés empataron en un partido de pico y pala, de balón al aire, empellones, fricción e infracción, plagado de parones y que se abrió en la segunda parte en cuanto se movió el marcador, pero en el que la cautela superó al atrevimiento. Se adelantó el cuadro vitoriano, que además tuvo al final dos claras ocasiones para ganar. Pero a la postre tampoco le desagradó sumar aunque fuese un punto. Más necesitaba el Leganés, que sigue penúltimo, pero al menos marcó después de haberse quedado a cero en cinco de las seis últimas jornadas. "Pero es un punto agridulce", valoró al final su delantero Guido Carrillo.

Al Leganés le duele la falta de gol, esquilmado por los avatares del mercado y una normativa que le convierte en diana, pero no le permite disparar. Al equipo que menos anota le han sacado sus dos mejores delanteros. El cuadro vitoriano tiene justo lo que le anhela el Leganés, dos atacantes que son oro, dos gallegos que entre ellos llevan más goles que todo el equipo madrileño. Joselu ha firmado nueve. En esta ocasión fue decisivo en el pase para que marcase su paisano Lucas Pérez. El delantero coruñés, con once tantos es el máximo realizador nacional del campeonato.

Ese gol cambió un duelo que había amanecido trabado, en el que apenas Óscar ejerció de transgresor en un Leganés plano, bien controlado por el orden alavesista. Apenas un remate inicial del canterano madridista inquietó a Pacheco. Todo lo demás fue trasteo hasta que Joselu y Lucas conectaron y generaron un cortocircuito en la frontal. No le importó al goleador acabar con su pierna menos efectiva, la diestra.

El Leganés pareció tocado tras el golpe. En realidad se estaba recomponiendo. Su técnico, Javier Aguirre, tomó decisiones inmediatas: renunció a la zaga con tres centrales y buscó más poderío por los flancos. Por ahí encontró el empate con un monumental centro de Óscar ante el que Guido Carrillo respondió con idéntica grandeza. El partido tenía justo la pimienta que necesitaba porque no solo había encontrado el camino sino que tenía en el campo conductores que se adentrasen en esa ruta, Ruibal, el excelente Óscar o Bryan Gil agitaron al Alavés, que además había perdido a su líder defensivo, Laguardia porque en el descanso partió rumbo a un centro hospitalario tras sufrir un golpe en la cabeza que le ocasionó problemas de visión.

Pero nadie acabó de desatarse. Regresaron las prevenciones, también las fortalezas. El Alavés se ordenó ante las cometidas de su rival, que buscó los centros para explotar el poderío de Carrillo. El Leganés se aplicó para restarle a un rival que buscó la carrera con Lucas y Burke, ya con Joselu en la reserva. Quiso el Leganés hasta el final porque además necesitaba querer, precisaba sumar de a tres. Pudo el Alavés, que tuvo el triunfo al final tras una contra frenética que tropezó con Cuéllar, decisivo también en un intento final de Duarte. Deberá seguir remando el cuadro madrileño a la espera además de que la salvación se abarate, perspectiva que también beneficiaría al Alavés, que con 3 puntos, once más que su rival, tiene la meta muy cerca.

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