Dmitrovic, el nuevo goleador de LaLiga

Se convierte en el séptimo portero que marca un gol en el campeonato

Dmitrovic marca de penalti ante el Atlético el pasado jueves.
Dmitrovic marca de penalti ante el Atlético el pasado jueves.AFP7 vía Europa Press (Europa Press)

Los porteros están de moda, ésta ha sido su semana. Desde los más modestos, como Juan José, del Alcoyano, o Ramón, del Cornellá, por sus actuaciones frente al Real Madrid o el Barcelona, hasta alguno más conocido como Marko Dmitrovic (Subotica, Serbia, 28 años). El guardameta del Eibar ha seguido la estela de otros porteros que atravesaron la línea del medio campo, y se atrevió a lanzar el penalti que adelantó a su equipo frente al Atlético de Madrid.

Si persevera, tal vez pueda superar la marca de Carlos Fenoy, que en la temporada 1976/77 se convirtió en el máximo goleador del Celta, con cinco tantos; cuatro de ellos de penalti, y el quinto, tras fallarlo y recoger el rechace de Miguel Ángel, su colega del Real Madrid. Es el séptimo guardameta que marca un gol en LaLiga. Antes lo habían hecho Santamaría, Fenoy, Chilavert, Prats, Nacho González y Aranzubia.

Dmitrovic está de moda también porque en Sevilla sueñan con su fichaje. Monchi ya se ha movido y el destino del guardameta serbio pese a los esfuerzos del Eibar por retenerlo, está en Nervión. Será un paso más en su carrera, que comenzó a los 15 años cuando les planteó una disyuntiva a sus padres: o le permitían ficha por el Estrella Roja, el equipo de sus sueños, o se marchaba de casa. Así de claro lo tenía Marko, al que se le difuminaban en el recuerdo los bombardeos de la OTAN, que se escuchaban lejanos mientras se escondía junto al resto de su familia en los refugios cerca de la casa de sus abuelos.

Quería marchar a Belgrado, ante la resistencia de su madre y el gesto adusto de su padre. Al final lo consiguió, entre lágrimas. “Y allí tuve que madurar rápido”, recuerda en una entrevista al canal oficial del Eibar. “Tenía que entrenarme y jugar, pero también organizarme para ir al colegio o para recoger la casa. No estaban mis padres para ayudarme, sólo otros tres compañeros de mi edad”.

Con 18 años ya tenía ficha del primer equipo del Estrella Roja, y conocía todas las categorías inferiores de la selección de Serbia, pero no llegaba su debut. Esa espina todavía la tiene clavada el portero del Eibar. Nunca consiguió jugar con el equipo de sus sueños; tuvo que emigrar a otro equipo histórico, el Ujpest Dozsa húngaro. “A la vista de lo que pasó después, tomé una buena decisión”. Estuvo año y medio y jugó seis meses como titular. Jugaba con la selección serbia Sub 21 que derrotó a España en Cádiz. Recuerda: “Tenían un equipo magnífico, con Isco, Morata, Muniain, y les eliminamos”. Ese partido tendría consecuencias para Dmitrovic, aunque no inmediatas.

El Ujpest tampoco parecía su destino final: “Allí jugaba de portero el capitán del equipo, que llevaba diez años en el equipo. Era complicado entrar”, así que su siguiente parada fue Inglaterra, en el Charlton Athletic. “Íbamos mal, aunque yo era titular. Cambió el entrenador y modificó todo el equipo, me quedé fuera”. Así que cuando le llegó una oferta de España ni se lo pensó. Juan Ramón López Muñiz, entrenador del Alcorcón, había visto en Cádiz el partido de la selección serbia Sub 21, y se quedó con la cara de Dmitrovic.

Jugar en España era un sueño, aceptó la oferta de inmediato. “Y allí empezó mi evolución hacia arriba. Me sentí muy a gusto”.

En un mes ya se comunicaba en español con sus compañeros. Fue titular sus dos temporadas en el equipo madrileño. En la última, el Alcorcón, que parecía desahuciado, se salvó gracias a la derrota del UCAM Murcia. En marzo de ese año, 2017, Fran Garagarza, el secretario técnico del Eibar, ya se había interesado por su fichaje, pero Dmitrovic veía un muro delante: Yoel y Riesgo, prefirió esperar.

Durante sus vacaciones en Turquía, recibió una llamada de su representante. Insistía el Eibar. “Eran las tres de la tarde, dije que sí. A las once ya estaba arreglado. Acerté con mi decisión”.

Voló a Bilbao, firmó por el equipo armero, regresó a Turquía para apurar sus días libres y desde entonces es uno más de la familia. “Me sentí muy cómodo desde el primer día”. Con Josu Anunzita, el entrenador de porteros, ayudándole en los entrenamientos de Atxabalpe y en los partidos, Marko se ha convertido en uno de los pilares del Eibar.

Y ahora tira los penaltis: “La idea fue de Mendilibar. Llevaba bastante tiempo diciéndome que tenía que tirar los penaltis. Expósito falló el último contra el Granada y antes del partido contra el Levante me dijeron que si había un penalti lo iba a lanzar yo”. Le tocó frente al Atlético: “Es una pena porque no ha servido para nada”. En su lanzamiento no dudó y engañó a Oblak con un fuerte disparo: “Oblak y, en general, todos los porteros esperamos que el que lo tira, lo crucé, y yo lo tiré al otro lado”.

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