Osasuna golpea al Levante y respira

Los navarros logran su segunda victoria a domicilio en Liga ante un equipo granota que reservó de inicio a sus mejores jugadores

Aridane celebra con Budimir el 0-1 de Osasuna.
Aridane celebra con Budimir el 0-1 de Osasuna.J.M. FERNANDEZ (GTRES)

Osasuna golpeó en el Ciutat de València y abrió una brecha de cuatro puntos con el descenso. Las rotaciones por el esfuerzo en la Copa del Rey bloquearon a los granota. El Levante de la primera mitad fue un equipo atípico y contenido, sin el ímpetu ofensivo que lo caracteriza, y el de la segunda llegó tarde a la fiesta y se estrelló con el meta rojillo Sergio Herrero. Segunda victoria a domicilio en toda la Liga de los navarros, que no ganaban fuera desde la primera jornada.

LEVLevante
Levante
0
Aitor, Óscar Duarte, Róber (Enis Bardhi, min. 62), Vezo, Rochina (Jorge De Frutos, min. 62), Miramón (Son, min. 85), Radoja, Toño García (Clerc, min. 74), Malsa, Sergio León (Morales, min. 62) y Dani Gómez
OSA Osasuna
1
Osasuna
Herrera, Alvaro Armada Juan Cruz, Aridane, David García, Nacho Vidal, Rubén García (Oier, min. 81), Roberto Torres (Barja, min. 70), Íñigo Pérez (Manu Sánchez, min. 70), Jon Moncayola (Unai García, min. 86), Lucas Torró y Jonathan Calleri (Ante Budimir, min. 70)
Goles 0-1 min. 73: Ante Budimir.
Árbitro Santiago Jaime Latre
Tarjetas amarillas Jonathan Calleri (min. 8), Jon Moncayola (min. 24) y Toño García (min. 40)

Con las piernas de sus jugadores cargadas por los minutos de Copa, Paco López, que el jueves en San Mamés presentó un once titular, reservó, condicionado por el cansancio, a sus mejores efectivos para el segundo acto ante Osasuna. El técnico de Silla, nada rígido en sus planteamientos, dispuso un sistema con tres centrales aprovechando el vuelo de sus laterales.

Con Radoja y los tres centrales guardándole la espalda, Michael Malsa se atrevió a pisar el área contraria. Habitualmente actuando como guardia de seguridad del comando ofensivo de Paco López, el francés saltó a rematar como un nueve un centro de Rochina desde el costado derecho. Malsa cabeceó a puerta ante el asombro de un delantero puro como Dani Gómez, que se relamía con la ocasión que le levantó su compañero. El mediocentro parisino, con sus gestos, explicó tras el lance que no había girado bien el cuello en su remate. Sergio Herrera despejó a córner. En la siguiente jugada, el meta rechazó con su pie derecho un disparo en boca de cañón del central granota Duarte. Los granota eran mejores, la pelota era suya, pero no mordían lo suficiente como para romper el sistema defensivo de Arrasate.

Osasuna no inquietó más allá de un remate acrobático de Moncayola. Los rojillos no asomaron la nariz en ataque y el Levante sacó adelante la primera mitad sin padecer siquiera un ligero rasguño frente a Aitor. Morales, Roger, De Frutos aguardaban su entrada en el partido. Entre los tres suman 21 goles este curso. Bardhi, otro jugador desequilibrante, también estaba en el banco.

Con su equipo atascado en ataque frente al dique navarro pero el partido lo suficientemente maduro como para atacarlo, Paco López metió de golpe a Bardhi, Morales y De Frutos, y pasó a defensa de cuatro. Osasuna había empezado a estirarse, aunque Iñigo Pérez había rematado por encima de portería y Calleri se había mostrado lento en las contras. Un cambio de orientación de Jorge De Frutos con el exterior y un control con el muslo de Morales anticipaban el aluvión de llegadas locales que, finalmente, no se precipitó.

Más reconocible, el Levante quiso transitar con peligro, pero el mazazo lo dieron los rojillos. Arrasate también hizo tres cambios de una tacada y dos de ellos participaron en la jugada del 0-1. Torró descargó a banda derecha, desde donde Kike Barja centró, magnífico, para que Budimir inflara la red en su primer remate a gol.

Si existe alguna certeza viendo jugar al Levante es que los golpes no le afectan. Su comportamiento es el mismo diga lo que diga el marcador. Con el 0-1, De Frutos entró en el área y Juan Cruz lo derribó. El penalti, que lanzó Morales, lo salvó Sergio Herrera estirándose a su izquierda. El meta rojillo fue el muro ante el que tropezaron los granota, lanzados a la desesperada en el tramo final, sin conseguir hacerle un agujero.

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