El Atalanta, un ejército que se defiende atacando

Todos los números del próximo rival del Madrid en la Champions avalan su ocupación de los espacios y su talante de atacar con cuantos más jugadores mejor

Romero y Pasalic, en una jugada de ataque en el partido contra el Nápoles.
Romero y Pasalic, en una jugada de ataque en el partido contra el Nápoles.PAOLO MAGNI (EFE)

El Real Madrid se enfrenta a un equipo peculiar, el Atalanta. Un equipo de autor moldeado a su imagen y semejanza por un veterano técnico italiano, Gian Piero Gasperini (63 años), del que José Mourinho dijo que era el entrenador más duro con quien se había enfrentado. “En un Genoa-Inter le cambié cinco veces de sistema sobre la marcha y las cinco veces me contrarrestó con sus movimientos tácticos. Fue un 0-0 espectacular para los que aman el fútbol”, subrayó el técnico portugués de aquel partido de la temporada 2008-09.

Los de Zidane se van a encontrar a un ejército que siempre da un paso al frente. Se defiende atacando. Le da lo mismo jugar en casa (30 goles este curso en Liga) que fuera (23). Contra el campeón de Europa que contra el último de la Serie A. El técnico, como hiciera antes en el Genoa y en el Palermo –en el Inter no le dejaron mucho más de un mes–, convierte a sus jugadores en verdaderos soldados que cumplen a rajatabla sus reglas y premisas tácticas. Y si alguien tiene alguna duda al respecto que le pregunten al flamante fichaje del Sevilla, Papu Gómez, que tuvo que salir de Bérgamo porque no quería seguir manteniendo la disciplina táctica de Gasperini.

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Este Atalanta, cuarto de la Liga italiana, es un prodigio del juego de ataque. No tanto del defensivo (31 goles en contra, solo seis porterías a cero y evidentes fallos de colocación y concentración). Vive en el campo contrario y por eso deja tantos espacios a sus espaldas. Máximo goleador de la Serie A la temporada pasada con 98 tantos, en la presente ya lleva 53 (y nueve postes), solo superado por los 57 del líder, el Inter. Es también el segundo en la clasificación de remates, 277 (130 a puerta y 147 fuera). Todos los números avalan su ocupación de los espacios, su talante de atacar con cuantos más jugadores mejor, y momentos en los que los 10 jugadores de campo están al otro lado de la divisoria.

Con un 54% de promedio en la posesión de balón (12.286 pases, 10230 acertados), nadie marca en Italia más tantos en acciones posicionales, el 79% (42 de 53). El resto, cuatro en jugadas a balón parado, cuatro al contraataque y tres de penalti. Muriel es su máximo goleador con 14 goles en tan solo 752 minutos jugados; le siguen Zapata con nueve y Gosens con siete.

Ver jugar al Atalanta es una suma de pálpitos y de situaciones tácticas singulares. Desde su 3-4-2-1 que en su versión más ofensiva varía al 3-4-1-2 –intercambia un mediapunta por las dos referencias arriba–, se observa saltar a cualquiera de los tres centrales con largas conducciones que acaban en el área contraria, mientras los dos mediocentros de forma automática les hacen la cobertura; o cómo en la misma jugada uno de los laterales centra y el otro remata. También se pueden contar hasta cinco y seis jugadores siempre cerca del balón en cualquier zona del campo. O persecuciones al hombre en determinados momentos del partido que poco tienen que envidiar a las de Bielsa.

Tres lanzas arriba

Para esta primera cita contra los blancos tiene una baja importante, la del lateral derecho Hateboer. Desde que se lesionó, el bloque se vuelca en ataque descaradamente hacia la izquierda, donde el otro lateral, Gosens, alemán, es un portento físico. El gran problema de Gasperini es tener que dejar fuera a uno de sus tres delanteros de cabecera: Ilicic, Zapata y Muriel. Los dos últimos, colombianos, demostraron el domingo ante el Nápoles (4-2) estar pletóricos, pero la zurda del serbio es de seda y desde su acusado individualismo gana partidos por sí solo. De Gasperini se puede esperar hasta que jugaran los tres juntos. Temerario pero muy en su línea.

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