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Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La rebeldía del Barça

Cuando queremos acotar y abarcar el fútbol, este nos sale respondón. Esa es su magia

Los jugadores del Barça celebran el tercer gol ante el Sevilla este miércoles en el Camp Nou.
Los jugadores del Barça celebran el tercer gol ante el Sevilla este miércoles en el Camp Nou.JOSEP LAGO (AFP)

Siempre hemos solido asociar las remontadas a los ambientes electrizantes, al ruido máximo (ganamos) pasando por momentos de silencio absoluto (nos vamos para casa). A la adrenalina desbocada de las gradas y esa declaración final: “Sin nuestro público esto no hubiera sido posible”.

Pero ahora todo eso es imposible y la energía positiva de la remontada y el veneno, como tan claro lo definía Lopetegui, de la derrota quedan en los hogares de cada uno, de cada seguidor, de cada fan, de cada loco por el futbol.

Y miren por donde, si en octubre nos hubieran hecho apostar sobre qué club iba a alcanzar la final con gol de uno de sus centrales y en el minuto 94, las apuestas escaparían de los colores azulgrana. Porque parece que hay cosas que están en el ADN y no se pueden adquirir, cuando, seguramente, si hablásemos con Juan Luis Arsuaga nos diría que lo del ADN es un asunto que se mezcla, transfiere y traslada con mucha más facilidad de la que imaginamos. Y que el de la supervivencia nos conecta con lo más primitivo del ser humano.

De esa forma, en un Barça sometido a todas las inclemencias institucionales, en una semana en la que los que salían en la foto junto al escudo de la entrada no eran los últimos fichajes sino los Mossos con brazalete para ser distinguidos, en medio de todo eso que siempre decimos, digo, que afecta al rendimiento surgió un espíritu rebelde de un equipo que busca la forma de ser académico.

Bueno, si hubiéramos repasado la trayectoria de los culés en esta Copa podríamos habérnosla jugado a dos datos: goles a partir del 88 y prórroga asegurada. Tres prórrogas en las tres últimas eliminatorias nos debería hablar de un conjunto de largo aliento, agonístico, épico y que se resiste a ser derrotado, eso que solemos llamar carácter y orgullo competitivo. Elementos que en nuestro afán de clasificar todo casi nunca solemos asociarlo al Barça y que parecen reñidos con la posesión del balón, el control del juego, la velocidad del pase y el juego posicional del equipo.

Si quieren otros datos contradictorios yo me quedo con los autores del primer y el último gol blaugrana. El de la épica y del empate está muy bien representado por Piqué, un defensa con alma de delantero y que cogía el relevo de Carles Puyol para esas situaciones y que si eso lo ponemos, además, en el escenario de la semana previa a unas elecciones, pues me imagino a Gerard guardando esta grabación y pensando si puede serle útil cuando deje el césped y busque nuevos objetivos.

Bueno, estábamos en el primer gol y su autor es uno de eso jugadores denostados, fuera de foco, contraculturales y casi imposible de clasificar salvo por la definición de talentoso: Dembélé y su surtido de amagos y gestos que tantas críticas le han conllevado. Esta vez el balón acabó en la escuadra derecha de Vaclik.

Pero si alguien nos hubieran dicho que tenía un buen soplo y si queríamos ganar mucho dinero en las apuestas deberíamos jugárnosla a Braithwaite para el gol de la victoria, ahí sí que la fe perdería decibelios e intensidad. Menos problemas hubiéramos tenido para jugar nuestro dinero si nos dicen que Ocampos, que tenía un porcentaje del 100% de aciertos, tiraba un penalti en el minuto 71 pero esa noche y en ese minuto va y se lo para Ter Stegen. Esa es la magia del fútbol. Cuando lo queremos acotar y abarcar nos sale respondón.

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