El Masters más especial de papá Rahm

El golfista vasco llega a Augusta tras el nacimiento de su primer hijo, sin entrenarse pero con menos presión

Jon Rahm con su hijo recién nacido en brazos.
Jon Rahm con su hijo recién nacido en brazos.EL PAÍS

En Augusta, José María Olazabal es un niño de 55 años. El doble campeón del Masters (94 y 99) se emociona cuando respira el aire de esas praderas en que tocó el cielo. “Este sitio me lo ha dado todo. Define mi carrera. Y aunque el campo es para mí ya un pequeño monstruo, venir a la cena de los campeones y revivir una infinidad de recuerdos desde mi primera vez, en el 85, de amateur, me hace sentir en paz conmigo mismo”, cuenta el vasco, y casi llora, antes del inicio este jueves del primer grande de la temporada.

Habla Olazabal mientras espera que llegue Jon Rahm, el alumno de 26 años para quien tiene un doble mensaje. Primero felicitarle por su paternidad tras el nacimiento este sábado de su primer hijo, Kepa Cahill (“¡3,2 kg y 52 cm, un chicharrón del norte!”, expresó el feliz papá). Y luego picarle con la victoria de su Real Sociedad ante el Athletic del que es hincha Jon justo ese día, en la final de Copa. “Estoy deseando verle para regodearme un poco”, bromea el de Hondarribia (Gipuzkoa) sobre su colega de Barrika (Bizkaia).

El encuentro se hará esperar porque Rahm no se entrenará en el Augusta National hasta este miércoles, con solo una jornada para refrescar los secretos del campo y sentir cómo late de nuevo en abril, tras la extraña edición del año anterior en noviembre. El nacimiento de Kepa (se llama como un tío del golfista) ha retrasado la llegada de Rahm, quien sin embargo compensará esa falta de horas de práctica con una mente limpia y despejada, una tonelada menos de presión y una paz interior que, como bien sabe Olazabal, en Augusta se paga a precio de oro.

Rahm tenía previsto aterrizar este martes por la tarde en Augusta (Georgia) desde Scottsdale (Arizona), pasar un test PCR y esperar al resultado para poder entrenarse después de varios días sin tocar un palo. Una preparación inusual ante un grande que es el que mejores sensaciones despierta en el vasco y el que tiene señalado con mayúsculas. Siente Rahm que es el siguiente eslabón de una leyenda inauguró Seve Ballesteros (1980 y 83), de quien el próximo 7 de mayo se cumplen 10 años de su muerte; que heredó con honores Olazabal; y que continuó, haciéndose esperar, Sergio García en 2017. El castellonense, que ahora dice pisar Augusta con las mejores vibraciones en mucho tiempo, triunfó justo en el año en que se examinaba el debutante Rahm, un ciclón en sus primeros pasos como profesional.

31 golpes bajo par

El vasco pagó entonces el exceso de tensión firmando pese a todo un notable puesto 27. Desde entonces, no se ha bajado de los 10 primeros: cuarto, noveno y séptimo en las tres últimas ediciones. Son tres diplomas cuando en los otros tres grandes juntos acumula dos: un cuarto escalón en el PGA de 2018 y un tercero en el US Open de 2019. Para Rahm, como manda la tradición del golf español (nadie ha ganado el Abierto estadounidense ni el PGA), Augusta es cuestión de piel. En estos tres últimos cursos acumula un total de 31 golpes bajo par al final del Masters (-11, -10 y -11) y suma 11 vueltas consecutivas con el par como peor resultado (cuando en la tercera vuelta del año pasado chocó contra un pino en el hoyo ocho), 10 de ellas venciendo al campo. Una exhibición de regularidad sin comparación entre los mejores del mundo, una constante en Rahm, que cada domingo suele llamar a las puertas del triunfo en el circuito americano: este año ha jugado siete torneos y en cinco ha acabado en el top ten, mientras acaba de acostumbrarse al nuevo material, de la firma Callaway.

Kepa C. Rahm nació el día que el Athletic perdió una histórica final de Copa. Pocos días después ya juega el Masters.

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Sobre la firma

Juan Morenilla

Es jefe de sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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