Manda el Bayern, gana el PSG

El campeón vigente pierde su primer partido en Champions después de dos años tras asediar con 31 remates a un rival que decide con Neymar y Mbappé

Mbappé en acción contra Sülle.
Mbappé en acción contra Sülle.LUKAS BARTH-TUTTAS (EFE)

Neymar y Mbappé desequilibraron un partido que dominó el Bayern con prepotencia. Fue una paradoja. Una contradicción resuelta por el talento de los dos atacantes en un duelo que protagonizaron los porteros. Keylor Navas recibió 12 tiros a puerta —31 en total— y sacó 10. Neuer vivió la que probablemente sea su noche más desagradable en Múnich.

BAYBayern
Bayern
2
Neuer, Lucas, Benjamin Pavard, Niklas Süle (Boateng, min. 41), Alaba, Kingsley Coman, Sane, Müller, Joshua Kimmich, Leon Goretzka (Alphonso Davies, min. 32) y Choupo-Moting
PSG PSG
3
PSG
Keylor Navas, Marquinhos (Ander Herrera, min. 29), Colin Dagba, Abdou Diallo (Mitchel Bakker, min. 45), Kimpembe, Draxler, Idrissa Gueye, Neymar (Rafinha, min. 89), Danilo Pereira, Di María (Kean, min. 70) y Kylian Mbappe
Goles 0-1 min. 2: Kylian Mbappe. 0-2 min. 27: Marquinhos. 1-2 min. 36: Choupo-Moting. 2-2 min. 59: Müller. 2-3 min. 67: Kylian Mbappe.
Árbitro Antonio Miguel Mateu Lahoz
Tarjetas amarillas Lucas (min. 34), Draxler (min. 61), Joshua Kimmich (min. 69), Boateng (min. 71) y Choupo-Moting (min. 88)

La jugada definió el partido y, probablemente, marcará la eliminatoria. Corría el minuto tres, los equipos se tanteaban, cuando Keylor sacó de portería. El balón botó en el mediocampo, sin dueño, y Neymar se las ingenió para apropiárselo. Lo vigilaba Kimmich, pero el pájaro voló. Lanzó una diagonal directa hacia portería y generó el caos en una defensa desmadejada que no esperaba tanta acción tan rápido. Acostumbrado a llevar toda su gente a campo contrario, el Bayern cerró con Süle para fijar la marca de Mbappé. Pero Süle, en campo abierto y demasiado pesado para girarse, dudó al ver a Neymar conduciendo en su dirección. En lugar de quedarse con Mbappé se fue a por el brasileño. Cuando quiso corregir su error, Neymar ya había soltado la bomba. El envío alcanzó los pies de Mbappé que, solo ante Neuer, optó por el chumbazo. Le pegó duro al primer palo y Neuer fue incapaz de evitar la humillación. La pelota le pasó entre las piernas y se metió en el arco. Mbappé gritó a todo pulmón convocando a sus compañeros en perfecto castellano: “¡Vamos!”.

Fue la primera combinación con resultado de gol entre Neymar y Mbappé en esta edición de la Champions. Resultó demoledora en el contexto que mejor se acomodaba a las características de los dos delanteros. Contra la defensa más atrevida de Europa, frente a una zaga que lleva su línea al círculo central sin estar suficientemente dotada para que la midan en velocidad, Mbappé descubrió su segundo santuario particular después del Camp Nou.

Consciente de que el guion de la eliminatoria había dado un vuelco, Pochettino llamó inmediatamente a Marquinhos para reformular el plan. El PSG se encastilló para proteger una ventaja que se presumía difícil de defender. El Bayern no perdía un partido en la competición desde hacía dos años y amenazaba con desplegarse con toda la caballería. Desatado, Kimmich hacía aspavientos empujando a sus compañeros a unirse a la carga. Choupo-Moting hostigando a los centrales, Coman y Sané por afuera, Müller por dentro, Pavard y Lucas llegando desde atrás y Goretzka saltando de línea a línea parecían incontrolables. Pocos equipos han soslayado mejor la falta de talento con el sentido de la solidaridad, de las ayudas a los compañeros, del colectivismo a ultranza. No hay lugar para veleidades ni especulaciones en el vigente campeón de Europa, que se lanzó a perseguir la remontada con el orgullo herido y su habitual falta de finura en los últimos metros.

Los copos de nieve caían cada vez más gruesos mientras el Bayern comenzó a depositar su sucesión de tiros. Choupo-Moting cabeceó al larguero; Goretzka de cabeza estrenó los guantes de Keylor; Pavard volvió a probar al portero con un disparo al primer palo y, de nuevo, Choupo-Moting tuvo el gol a un palmo. Abrumado por una presión persistente, los jugadores del PSG no conseguían dar un pase. Metido en su área, al equipo francés lo sostuvieron los reflejos de Keylor y la orientación de Marquinhos.

Sin Verratti, lesionado con su selección, el PSG perdió la brújula. Parecía rendido hasta que Neymar se acercaba a la pelota. Antes de la media hora se encontró con un balón cualquiera y, rodeado de rivales, lanzó un pase largo. Parecía un pelotazo pero cayó en el punto crítico. El espacio que debía defender Süle y que debía atacar Mbappé. El francés se escabulló del marcaje, alcanzó la línea de fondo y provocó un córner. El lanzamiento acabó en nada hasta que un rebote devolvió el balón a poder de Neymar. La defensa del Bayern estaba saliendo cuando el diez dio otro de esos pases descomunales que él ejecuta como quien juega en la playa. Con la zurda, directo a Marquinhos, que interpretó a su paisano con astucia. Como Süle se había quedado enganchado, rompió el fuera de juego. Solo ante Neuer, que lo miró con el tupé cubierto de nieve y la nariz roja, Marquinhos fusiló tranquilamente. Fue el último servicio del capitán del PSG a la causa de su equipo. Inmediatamente después pidió el cambio por lesión.

Flick, el técnico del Bayern, gestionó la crisis sin demora. Quitó a Sülle y a Goretzka, metió a Boateng y a Alphonso Davies. Formó un doble pivote con Alaba y Kimmich para cortar los ejes por donde circulaba Neymar, y dispuso a Boateng con Lucas en el centro de la zaga. A Davies lo situó en el lateral para que se uniera a Coman en los ataques. Las modificaciones de Flick estabilizaron al Bayern, que no tardó en proseguir con su trabajo de zapa. Nunca fue un equipo sutil. Le bastó con colgar centros.

Choupo-Moting de cabeza a centro de Pavard, comenzó a recortar distancia antes del descanso. Sin Marquinhos para dirigir la defensa, Danilo y Kimpembe incurrieron en desorientaciones. A la hora de partido, Müller empató cruzando un centro de Kimmich, de falta lateral. El asedio del Bayern se prolongó sin descanso y sin demasiada imaginación. El PSG aguantó metido bajo la mesa, salvo en dos paréntesis fugaces. En el primero, Neymar no pudo batir a Neuer en un mano a mano que parecía gol o gol. En el segundo, salió del hoyo con dos pases. Draxler a Di María y Di María, a un toque, a Mbappé. Solo ante el pesado Boateng, el Pelé de Bondy pisó el área y se vino arriba. Ya no había forma de pararle. Hizo un amague, hizo dos, ganó medio metro, y según el pobre central alzaba su pierna para intentar ponerle puertas al campo, clavó el 2-3 sin que Neuer entendiera muy bien por dónde se había colado esa pelota.

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