Area di Rigore
Opinión
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La felicidad del Inter, la desgracia de la Juve

El equipo milanés ganará este año el ‘scudetto’ con mucha autoridad. Pero como siempre en los últimos 15 años, sucederá cuando la Vecchia Signora atraviesa una fuerte crisis

Nicolò Barella, del Inter de Milán, en el partido contra el Sassuolo.
Nicolò Barella, del Inter de Milán, en el partido contra el Sassuolo.ISABELLA BONOTTO (AFP)

La felicidad de unos acostumbra a ser la desgracia irremediable de otros. Así funciona el mundo. Especialmente en su vertiente capitalista (y futbolística). La historia de éxito y laureles del Inter de Milán, por ejemplo, es un vaso comunicante perfecto con el fracaso de la Juventus. Al menos en los 15 últimos años (con un paréntesis del AC Milan la temporada 2010-11). En ese tiempo, la Vecchia Signora se ha llevado nueve títulos seguidos y el equipo milanés, cinco. Los del Inter también fueron consecutivos, pero siempre en el peor momento del club turinés. Los dos primeros los ganó por descalificación de la Juve a causa del escándalo Calciopoli; en el tercero, la Vecchia Signora ya estaba en Serie B. Y los dos últimos —obra y gracia de Mourinho—, se consiguieron cuando los bianconeri se reconstruían. Once años después, en la peor temporada que se le recuerda al club de los Agnelli en la última década, está a punto de volver a suceder (ayer ganó al Cagliari y le lleva 11 puntos al Milan a falta de ocho partidos). Pero ningún interista quiere decirlo en voz alta. Tienen sus motivos.

El 5 de mayo de 2002 el Inter certificó su histórica mala suerte ante toda Italia. El equipo llegó líder con un punto más que la Juve al Olímpico de Roma para jugar contra la Lazio el último partido de la temporada. Los milaneses no levantaban un scudetto desde hacía 13 años. Las dos curvas, hermanadas por sus inclinaciones políticas, no veían problema en que todo terminase diluido en una victoria del Inter. Especialmente porque la Lazio temía que, en caso contrario, la Roma pudiese llevarse el campeonato (volvió a suceder algo similar en 2009 en un espectáculo lamentable en la grada del Olímpico). Pero todo salió al revés. La Lazio ganó con un gol de Simeone (interista declarado) y Ronaldo —”el verdadero”, decía Mourinho— terminó llorando en el banquillo. Los lagrimones se le escurrían entre los dedos de la mano con la que se tapaba la cara en un campo convertido en el Tenerife interista.

La idea fundamental de este nuevo Inter —propiedad de Steven Zhang, un chino más joven que usted— viene también de la Juventus. Y de ahí, probablemente, emana todavía más placer en Milán. Antonio Conte, su entrenador, fue una figura en el campo y en el banquillo de la Vecchia Signora. Formado, construido y lanzado desde ahí. De hecho, su opción preferencial cuando regresó de entrenar al Chelsea era volver a Turín. Pero le convenció Giuseppe Marotta, consejero delegado del Inter y también ex de la Juve. El técnico fue recibido al principio con muchas reservas. No hay nada peor que un juventino en la curva norte de San Siro. Visto cómo ha transformado el equipo, cualquiera de esos tifosi piensa ahora que ganar el scudetto y restregárselo en la cara a la Juventus con dos de sus símbolos añade todavía más satisfacción.

El Inter de Conte ha exhibido en los periódicos a Lukaku, Lautaro o Alexis. Pero la verdadera revolución surgió en el medio del campo con jugadores italianos como Bastoni y, principalmente, Barella. Mérito del entrenador. El joven centrocampista se ha convertido en el alma del equipo: el nuevo Pogba de su entrenador. El sardo destruye, juega y marca goles, como el que le endosó por la escuadra a la Juventus en el partido que marcó el punto de inflexión entre los dos equipos en enero. Ahí, aunque ningún interista quiera todavía decirlo, se decidió todo.

El equipo volverá a hacer historia este año. Pero su scudetto más famoso —antes del de Mourinho con el triplete— fue el de la temporada 88-89 (no se ganaba desde hacía 10 años y no volvieron a hacerlo en 15 más). Fue el scudetto de los récords con el trío alemán: Matthäus, Klinsmann y Brehme. El entrenador era Giovanni Trapattoni, que también fue un ídolo de la Juventus. Como sucedió con Conte, muchos pusieron en duda su integridad cuando aterrizó en Milán. Pero ganó y entró para siempre en el corazón neroazzurro. Hoy la historia se repite. Viva la felicidad, especialmente a costa de la Juve.


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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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