Thibaut Courtois, el empleado de Abramovich que frustró al Chelsea

El belga, que privó en 2014 a los ‘blues’ de una final de Champions cuando lo tenían cedido al Atlético, es ahora decisivo en la portería del Madrid

Courtois detiene un tiro de Salah en la vuelta de los cuartos de Champions en Anfield el 14 de abril.
Courtois detiene un tiro de Salah en la vuelta de los cuartos de Champions en Anfield el 14 de abril.Peter Powell (EFE)

La otra vez que Thibaut Courtois se disponía a jugar contra el Chelsea una semifinal de la Champions también sobrevolaba una amenaza de que no podría hacerlo. Entonces la desactivó la UEFA, el mismo organismo cuyo presidente, Aleksander Ceferin, la ha deslizado sin base legal esta vez, después de la fugaz rebelión de la Superliga: “Hay una posibilidad relativamente pequeña de que este partido no se celebre”, dijo el mandatario la semana pasada. En 2014, la amenaza partió del Chelsea, club al que pertenecía y que lo tenía cedido en el Atlético, al que reclamaba unos tres millones de euros por cada partido que jugara contra ellos.

En realidad, los rojiblancos lo habían visto primero. Hace diez años, cuando Courtois estaba a punto de cumplir 19 y de ganar la liga belga como portero titular del Genk, se fijaron en él para sustituir a David de Gea, recién vendido al Manchester United. Sin embargo, resultaba demasiado caro: casi nueve millones. Después se interesó Christophe Lollichon, preparador de porteros del Chelsea, que vio en él al sucesor de Petr Cech. Pero a Cech aún le quedaba cuerda y Courtois, ya internacional absoluto, y que había debutado en el primer equipo del Genk a los 16 años, no quería aguardar en el banquillo a que se consumiera una leyenda.

En mitad del bloqueo, el agente del belga, Christophe Henrotay, encontró una salida: el Chelsea ponía el dinero y el Atlético, los minutos en el campo. El plan lo resumió Courtois: “Así puedo trabajar en mi desarrollo con calma”, dijo en julio de 2011.

Cuando llegó cedido al Calderón, Simeone le confió enseguida la portería, aunque hacerlo supuso dos complicaciones. Una la contó el belga años después: “Los suplentes no siempre me hablaban. No eran celos; más bien frustración”. Otra la relató a EL PAÍS Pablo Vercellone, el preparador de porteros rojiblanco: “Thibaut ya traía muchas condiciones, pero solo tenía 19 años. Se trataba de disimular su edad, de hacerle jugar como un portero de 30 años y para eso había que trabajarle mucho en los conceptos básicos, un abecé de la posición: despejes, blocajes, salidas aéreas y saques”.

Funcionó. El Atlético ganó la Europa League esa temporada, y se prolongó otro año la cesión de Courtois. Poco después, el 31 de agosto de 2012, los rojiblancos arrebataron al Chelsea, ganador de la Champions, la Supercopa de Europa (1-4), con un triplete de Falcao a Cech. Hubo dos temporadas más de préstamo en el Atlético, en las que el belga fue el Zamora de la Liga. Antes de la última, el Chelsea, que no lograba atraerle a Londres, introdujo en el acuerdo la cláusula que pretendía evitar que volviera a enfrentarse a ellos. Cuando en abril de 2014 el azar los cruzó en una semifinal de Champions, trataron de activarla, pero la UEFA la declaró “nula, inválida e inaplicable”.

Empataron en la ida en el Calderón (0-0), y en la vuelta el belga desesperó a los futbolistas del Chelsea: detuvo un remate de cabeza a bocajarro de Terry y sacó con el pie un tiro de Eden Hazard en el que se encontraron solos cara a cara en el área. El equipo de Simeone alcanzó la final (1-3) y los atléticos presentes en Stamford Bridge se despidieron del estadio cantando: “¡Courtois, Courtois!”. Fue su penúltimo partido cedido en el Atlético.

Hijos en Madrid

Mourinho reclamó su repesca, pese a que aún aguantaba Cech. Al belga, el comienzo no le resultó nada sencillo, como cuando aterrizó en el Real Madrid y aún estaba Keylor Navas, el portero de las tres Champions seguidas. “Necesita sentir que la confianza de su club y del entrenador es total”, dice una fuente de su entorno. Cuando eso sucedió y Cech quedó definitivamente orillado, Courtois volvió a fluir: ganaron la Premier y la Copa de la Liga. Y luego otra Premier y una Copa inglesa. Hasta que en marzo de 2018 el belga fue a ver a Marina Granovskaia, directora general del Chelsea de Roman Abramovich. “Le dije que quería irme. Vivir en Londres y el calendario de la Premier me hacían imposible ver regularmente a mis hijos [Adriana y Nicolás], que vivían en Madrid”, dijo en una entrevista en HLN. Siempre conservó casa en la capital.

Después del Mundial de Rusia, el último día de mercado, Granovskaia consintió venderlo al Madrid, tras contratar a Kepa, que había estado cerca del Bernabéu, pero cuya contratación frenó Zidane en invierno. En su primer curso de blanco —post Zidane, post Cristiano, aún con Keylor— registró sus peores números en España, con un 65,4% de paradas.

Al siguiente, ya sin el costarricense, firmó su mejor campaña: 79,2% de paradas según Opta, el trofeo Zamora y la Liga del coronavirus. La actual está dejando su segundo mejor curso: con 76,9% de paradas y un reguero de intervenciones que sostienen al equipo en instantes decisivos. Como al principio de la vuelta de cuartos en Anfield, cuando sacó con los pies un remate cara a cara de Salah, a quien detuvo más tarde otra muy parecida. O en la Liga, donde ha detenido 19 de los últimos 20 tiros que ha recibido.

Este martes en el Di Stéfano Abramovich volverá a ver enfrente al tipo que tanto los frustró pese a tenerlo en nómina. La fotografía más antigua de Courtois que cuelga en Valdebebas es una en la que se estira, sin llegar, al cabezazo de Ramos en el minuto 93 en Lisboa, la final que Courtois negó al Chelsea.

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Sobre la firma

David Álvarez

Redactor que cubre la información del Real Madrid en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de la sección de Deportes. Ha cubierto los Juegos Olímpicos y la Eurocopa. Antes trabajó en ABC, El Español, ADN, Telemadrid, y La Gaceta de los Negocios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra.

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