Lluís Cortés: “Tenemos equipo para ganar muchas Champions”

El entrenador del Barcelona explica cómo sus jugadoras se superaron para convertirse en el súper equipo que arrolla también en Europa

Lluís Cortés posa con el trofeo de campeonas de Europa, en una imagen del FC Barcelona.
Lluís Cortés posa con el trofeo de campeonas de Europa, en una imagen del FC Barcelona.

Nada más terminar la final de la Champions femenina, en la que el Barça goleó al Chelsea (0-4), el entrenador del Barcelona, Lluís Cortés (Lleida, 34 años), se acercó a la zona de trabajo de los periodistas. “Las jugadoras les han puesto la crónica fácil, ¿no?”, bromeó. La misma calma ostentaba antes del partido. Cortés saltó de asistente a primer entrenador en 2019. Seis meses después, el Barça llegó a la final de la Copa de Europa ante el Lyon. La perdieron por 1-4. Dos años más tarde, las azulgrana repitieron final. Y esta vez no la dejaron escapar. Cortés había convencido al grupo de que el hándicap era físico, no técnico. Había que trabajar y ellas lo siguieron. Así llegó la primera Champions femenina para el fútbol español y el Barcelona se convirtió en el primer club campeón de Europa en hombres y en mujeres.

Pregunta. ¿Tiene las mismas finales de Champions que Johan Cruyff?

Respuesta. Es un honor. Pero creo que esto no acabará aquí. Y lo digo convencido. Este domingo, cuando terminó el partido, dijimos a nivel interno en el vestuario que esto era solo el principio. Tenemos equipo para ganar muchas Champions.

P. ¿El fútbol del femenino representa la filosofía de Cruyff?

R. La clave del éxito de este equipo no es solo que gana sino cómo gana. Estamos enganchando a muchísima gente al fútbol femenino. Se lo pasan bien. Y eso para nosotras es increíble. Ganamos, pero ganamos disfrutando y haciendo disfrutar.

P. Hasta este domingo, el campeón de la Champions femenino siempre había jugado con un mismo estilo de juego muy diferente al del Barça.

R. Pues sí. Hasta ahora los equipos que ganaban la Champions eran selecciones mundiales, equipos con grandes presupuestos que fichaban a las mejores y que ganaban por individualidades. Pero no había ningún equipo que jugara como nosotras. Ganar con este estilo, más atípico en el fútbol femenino, nos hace estar doblemente orgullosas.

P. El Barcelona también tiene un buen presupuesto [4,1 millones de euros].

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R. No somos el club con más dinero de Europa. No somos ni el segundo ni el tercero. Igual estamos en el octavo o noveno lugar a nivel de presupuesto. Y eso nos hace estar muy orgullosas. Las futbolistas que quieren jugar por dinero nunca vendrán al Barça. Eso lo tenemos clarísimo. Pero ahora hemos conseguido que casi todas quieran jugar en el Barça. Y no será por dinero, será porque se lo quieren pasar bien. Ven un equipo que tiene el balón, que ataca y que ahora, además, gana.

P. ¿Ante el Chelsea sin Alexia [era duda antes de la final] se le hubiese caído el invento?

R. Sin Alexia hubiese cambiado el escenario. No solo juega ella, hace jugar al resto. Y para nuestra manera defender, de presionar y de asociarnos en los triángulos por dentro, Alexia es muy importante. Interpreta muy bien el juego. Para un entrenador tenerla en el campo es una bendición. Y cuando tuvo las molestias antes de la final nos entraron un poco de dudas.

P. ¿Cómo explica que prácticamente el mismo equipo que perdió la final de la Champions en 40 minutos en Budapest en 2019, el domingo la ganara en media hora?

R. Respecto del equipo de Budapest, las únicas dos jugadoras nuevas son Hermoso y Graham. La diferencia es que el resto son mucho mejor ahora que hace dos años. Esa es la clave. Teníamos que trabajar con ellas para que sean mejores. Y eso es lo que hicimos. No podíamos fichar a las mejores para tener una selección mundial. No teníamos presupuesto para hacerlo. Entonces, nos propusimos hacer mejores a las que teníamos aquí. Y es cuando todas nos pusimos las pilas para trabajar, para mejorar y para crecer como equipo. Y, al final, pues mira, tenemos una Champions.

P. ¿El entrenador bueno es el que mejora a sus futbolistas?

R. Eso dicen.

P. ¿Se puede decir que es un buen entrenador?

R. Yo quiero serlo. Pero no es solo Lluís Cortés. Hay mucha gente que trabaja muchas horas para que estas jugadoras sean mejores. Desde la nutricionista, la analista, el asistente, los preparadores… A mí me toca dar la cara.

P. El cambio, en cuanto a organización, ha sido muy grande, ¿no? Usted vivió toda esa transición del femenino.

R. Brutal. La gente se piensa que yo he aterrizado aquí como primer entrenador del Barça y no fue así. Hace años yo entrenaba, como jugador, como los juveniles a las siete de la tarde y a las nueve me ponía, en Lleida con cero grados, a ayudar en el femenino sin cobrar un euro. Chutaba a la portera, ponía conos… Estoy súper orgulloso de todo eso. Esto tiene que servir como ejemplo para muchos entrenadores que a lo mejor creen que nunca se podrá llegar a la élite si no han sido jugadores profesionales o si no tienen contactos.

P. ¿Cómo, con 34 años, enseñaba esa calma antes de la final?

R. Como entrenador, muchas veces tienes que intentar contrarrestar. Y te toca hacer teatro. Entonces, si ves que las jugadoras pueden estar nerviosas o pasadas de revoluciones, tienes que hacer lo contrario para rebajar la ansiedad o los nervios. Y, quizá, por dentro estoy ardiendo. Pero hay que ser capaz de ponerse la careta.

P. ¿Cómo se aprende eso?

R. No te lo enseñan en los cursos. Muchas veces es una prueba de ensayo-error. Y también ir preguntando. Hablar con las jugadoras es lo mejor. Tú tienes que ayudarlas a ellas, pero ellas también te tienen que ayudar a ti a crecer.

P. ¿No es mostrar inseguridad ante el grupo?

R. Creo que no. Hay entrenadores que son inamovibles con su idea. Pero para mí eso muestra justamente inseguridad. Cuando tienes confianza en ti mismo y en el grupo estás abierto a aprender y a cambiar. Lo primero que hago en la media parte es preguntar a las jugadoras: “¿Cómo lo veis?”.

P. ¿Qué les dijo antes del partido? ¿Salid y disfrutad?

R. Entre otras cosas, sí. Pero también les dije que llevábamos mucho tiempo trabajando en esto. Los deberes estaban hechos. Era un día para pasarlo bien. Y que si pasábamos bien ganaríamos el partido. Pero había que hacerlo desde el minuto uno. Presionar e ir arriba. Les dije que no se trataba de ganar un partido, se trataba de hacer historia.

P. ¿Y en el entretiempo, con el marcador 0-4?

R. Pues que estaba de puta padre. Pero en ese momento también hay que rebajar la euforia. Les dije que, si nosotras le habíamos metido cuatro, ellas también podían hacerlo. Y ajusté cosas, claro.

P. ¿Y ahora qué?

R. A ganar la Copa de la Reina, para hacer el triplete y terminar una temporada histórica.

La conjura de Budapest y más gimnasio

Todo comenzó en el aeropuerto de Budapest, después de perder la final de 2019 contra el Lyon por 4-1, un duelo que el conjunto francés dominó con gran superioridad física. Mientras esperaban para subir al avión, Lluís Cortés preguntó a las capitanas: “¿Cómo os habéis sentido?”. “Nos han pasado por encima”, resumieron Vicky Losada, Alexia Putellas, Sandra Paños, Marta Torrejón y Patri Guijarro; “nos han ganado todas las disputas y todos los choques”.

“Vamos a entrenar más, mucho más”, les dijo entonces Cortés. Y sellaron un pacto implícito. “Las jugadoras se comprometieron a ser las mejores”, recuerda el entrenador. Menos vacaciones, doble sesión de trabajo y más gimnasio. Hasta la gloria en Gotemburgo.

 


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