El golpe más duro para Carolina Marín: vuelve a pasar por el quirófano y se pierde los Juegos Olímpicos

La vigente campeona olímpica tiene rotos el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y los meniscos interno y externo. En 2019 sufrió una lesión similar en la pierna derecha

Carolina Marín, en el abierto de Dinamarca del pasado mes de octubre.
Carolina Marín, en el abierto de Dinamarca del pasado mes de octubre.RITZAU SCANPIX (Reuters)

El pasado viernes, cuando Fernando Rivas, entrenador de Carolina Marín, se encontró con varias llamadas perdidas del segundo técnico, Anders Thomsen, supo que algo había pasado. “¡Urgente, llámame!”, le escribió el danés por WhatsApp tras ver que no conseguía localizarlo. Rivas, que estaba aislado por covid en su casa, solía conectarse a los entrenamientos por Zoom. Ese día se lo perdió porque tenía una reunión. Cuando llamó a su ayudante, se encontró con la imagen de Carolina Marín llorando en el suelo y agarrándose la rodilla izquierda. Se acababa de romper el ligamento cruzado; año y medio después de operarse el de la rodilla derecha. Si en Indonesia, en enero de 2019, el ligamento se partió tras un mal apoyo esta vez fue por una rotación, un movimiento completamente diferente. Se despide de los Juegos de Tokio de este verano y volverá a pasar por el quirófano. Todavía no hay fecha, están valorando opciones. Ya la han advertido de que esta vez harán falta al menos tres semanas antes de que pueda volver a pisar y apoyar el pie.

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“Si hace falta contratar a un chamán, recurriremos a un chamán”, les decía el técnico al resto del equipo mientras Marín se sometía a una resonancia magnética en la Clínica CEMTRO. El diagnóstico no pudo ser peor: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda además de una rotura parcial del menisco externo e interno. “Un desastre”, resumen en el equipo.

Ese día le explicaron los médicos a Marín que había alguna opción de que no tuviera que someterse a cirugía. Le recomendaron que intentara hacer una terapia conservadora durante un tiempo, ya que el ligamento roto parecía haberse quedado en su sitio, dentro de la vaina, esta sí intacta. Le explicaron que había alguna opción (remota, el 1% de los casos) de que el ligamento pudiera ir creciendo dentro de la vaina. Eso era una forma de intentar aguantar al menos hasta los Juegos y optar por el quirófano a la vuelta de Tokio. La jugadora y el equipo consideraron que, de poder acudir a la cita olímpica, lo haría para participar, en ningún caso en condiciones de competir y pelear por repetir el oro de Río 2016. Además, al ser zurda, la izquierda es su pierna dominante, imprescindible para las frenadas y las salidas en el juego.

Se dieron 48 horas de margen, con el fisio trabajando a destajo y la psicóloga, María Martínez, reforzando las sesiones de relajación y meditación. Y con el apoyo de su madre, que había viajado de Huelva a Madrid para pasar el fin de semana con la deportista. Tras una segunda revisión el domingo por la tarde, la onubense de 27 años ha decidido volver a pasar por el quirófano. Para, al menos, intentar recuperarse a tiempo para disputar el Mundial de Huelva, su casa, previsto entre el 29 de noviembre y el 5 de diciembre. La rotura es diferente a la que tuvo en la rodilla derecha; esa vez, necesitó siete meses para volver a las pistas.

El golpe anímico ha sido enorme para Marín, que en Tokio buscaba revalidar el título de Río y entrar en la historia como la mejor jugadora de bádminton. Iba por el camino correcto. “Le enseñamos un indicador de rendimiento con muy buenos resultados y estaba enchufadísima. Estábamos muy, muy contentos con el trabajo porque la preparación en esta recta final estaba siendo muy fina. El arranque de 2021 que ha tenido Carolina ha sido el mejor de su carrera”, confiesa Rivas. Ganó dos abiertos en Tailandia el pasado mes de enero; llegó a la final de la Copa de Maestros, ganó también el abierto de Suiza y a principios de mayo se hizo con su quinto Europeo seguido.

Después de la grave lesión de 2019, la peor lesión de su carrera, Marín fue capaz de volver sin que su juego —muy físico— se resintiera. A la semana de operarse ya estaba en la pista, rodeada de los suyos y entrenándose a la pata coja. No había un minuto que perder: cojín en la silla para apoyar la pierna operada; y a trabajar con la otra. Ya estaba el fisio para descargarle las lumbares, sobrecargadas por esa forma atípica de trabajar.

“Esto ha sido muy, muy duro. Demasiado incluso para una tía tan fuerte como Carol. Esto es muy duro de digerir. Estamos muy jodidos, sobre todo por lo que ha sido capaz de hacer en estos dos últimos años… Si hay alguien que no se lo merecía, es ella, parece que cada vez que consigue sacar la cabeza, llega otra hostia”, resume Fernando Rivas, que lleva trabajando con Carolina desde que llegó al CAR de Madrid con 14 años.

De hecho, en esta recta final hacia Tokio, en el equipo hacían mucho hincapié en el trabajo mental, en hacerle ver lo que había conseguido, lo que había superado: primero con la grave lesión de 2019 y un año y medio después con el fallecimiento de su padre que la dejó muy tocada emocionalmente. Consiguió transformar ambas cosas como una motivación extra para conseguir el oro en Japón. Ahora están intentando animarla haciéndole ver que París 2024 tampoco queda tan lejos. Llegaría con 30 años.

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Sobre la firma

Eleonora Giovio

Es redactora de deportes, especializada en polideportivo, temas sociales y de abusos. Ha cubierto, entre otras cosas, dos Juegos Olímpicos. Ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS; ha sido colaboradora de Onda Cero y TVE. Es licenciada en Ciencias Internacionales y Diplomáticas por la Universidad de Bolonia y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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