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Inglaterra-Escocia: rivalidad dentro y fuera de la cancha

Sus encuentros son mucho más que fútbol. Se entrecruzan el amor, el odio y la necesidad mutua

Scott McTominay celebra la victoria de Escocia contra Serbia en noviembre de 2020 y la clasificación para la Eurocopa.
Scott McTominay celebra la victoria de Escocia contra Serbia en noviembre de 2020 y la clasificación para la Eurocopa.MARKO DJURICA (Reuters)

Inglaterra debutó este domingo en la Eurocopa frente a Croacia en Wembley. Escocia lo hará hoy en Hampden Park frente a la República Checa. Pero el partido estrella del Grupo D es el que enfrentará el viernes a estas dos viejas naciones. Los encuentros entre Inglaterra y Escocia son mucho más que fútbol: son la traslación al terreno de juego de una relación ambigua y tensa, en la que se entrecruzan el amor, el odio, el desprecio, la necesidad mutua, la guerra y la paz. Una rivalidad que se remonta al año 122 después de Cristo, cuando el emperador Adriano construyó el muro que aún lleva su nombre para separar a las irreductibles tribus caledonias del norte de las tropas romanas acantonadas al sur de esa nueva frontera.

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Varios siglos después, Inglaterra intentó alguna vez invadir Escocia, sin éxito. Guillermo de Normandía en 1072, Eduardo I de Inglaterra en 1296… En 1512 fue Jacobo IV de Escocia quien aprovechó los ataques de Enrique VIII contra Francia para atacar Inglaterra, pero murió en el intento. Los absurdos dinásticos quisieron que ambos reinos se unificaran en la persona de Jacobo VI de Escocia en 1603 porque Isabel I de Inglaterra (que unos años antes había ordenado ejecutar a María, reina de los escoceses) murió sin descendencia.

En 1707, ambos Parlamentos se unificaron, una unión que aún perdura, aunque a duras penas: el Reino Unido de la Gran Bretaña. Esa unión legal no acabó con los resabios y las rivalidades, pero, a partir de 1872, se trasladaron a los campos de fútbol: el 30 de noviembre, coincidiendo con el día de San Andrés, patrón de Escocia, ingleses y escoceses jugaron su primer partido oficial en lo que constituye el primer partido internacional de fútbol asociación. Se jugó ante 4.000 espectadores en Hamilton Crescent, Partick (Glasgow) y acabó 0-0. Antes, entre el 5 de marzo de 1870 y el 24 de febrero de 1872, se habían jugado otros cinco partidos en el Oval londinense pero nunca han sido reconocidos oficialmente.

En total, Inglaterra ha logrado 48 triunfos y Escocia 41, con 25 empates. Un palmarés bastante más apretado de lo que sugiere el actual potencial de ambas selecciones. Quizás porque la Copa de las Naciones Británicas, que desde 1884 enfrentaba cada año a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda (Irlanda del Norte, después) dejó de jugarse en 1984. Ahora apenas hay enfrentamientos entre ambas naciones. Se encontraron en la liguilla de la fase final de la Euro 96, con victoria inglesa en Wembley (2-0). En 1999, Inglaterra eliminó a Escocia por los pelos (2-1 total a doble partido) en la repesca para ir a la Eurocopa 2000. El último enfrentamiento oficial fue en el Grupo F de las eliminatorias previas del Mundial 2018, con victoria inglesa en Wembley (3-0) y empate en Hampden Park con un gol de Harry Kane en el descuento (2-2).

Escocia solo ha estado en la fase final de la Eurocopa en 1992 y 1996. La última vez que jugó el Mundial fue en 1998, pero antes era habitual (1954, 1958, 1974, 1978, 1982, 1986 y 1990). A esta Eurocopa llega tras eliminar a Serbia por penaltis en la repesca. Curiosamente, el declive escocés coincide con un número cada vez mayor de escoceses que juegan en la Premier. En 1992 eran cinco de un total de 20 internacionales. En 1996, 11 jugaban en Escocia y 10 en Inglaterra. Este año, 14 juegan en la Premier inglesa y 11 en Escocia.

Graeme Souness, uno de los históricos del fútbol escocés, cree que solo un par de jugadores escoceses entrarían en un once que combinara ambas selecciones. “Pero eso no quiere decir que no podamos ganarles”, afirma. Y opina que el centro del campo es el punto fuerte de Escocia, con jugadores como Scott McTominay (Manchester United), al que el seleccionador Steve Clarke sitúa a veces como tercer central; John McGinn, “un héroe anónimo a la sombra de Jack Grealish en el Aston Villa”; y Stuart Armstrong (Southampton).

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