El ‘método Mondelo’ y el viaje del podio al trauma

Tras el testimonio de Marta Xargay, la Federación reconoce un “desgaste” entre jugadoras y entrenador que no señaló en su adiós. “No sabíamos la gravedad del caso”, afirma Jorge Garbajosa

Lucas Mondelo, durante un partido de los Juegos Olímpicos, a finales de julio.
Lucas Mondelo, durante un partido de los Juegos Olímpicos, a finales de julio.Kai Fösterling (EFE)

El 7 de julio de 2019, en el Štark Arena de Belgrado, la mejor generación de jugadoras del baloncesto español coronó un recorrido memorable de siete podios consecutivos: tres oros y un bronce continental; una plata y un bronce mundial; y una plata olímpica. La mitad de todas las medallas de los 51 años de historia de la selección femenina conseguidas de una tacada a golpe de talento y entrega. Pero, cuando la pandemia frenó la inercia competitiva y ganadora, aparecieron todos los monstruos. De la sístole del podio a una diástole traumática.

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En ese último campeonato glorioso en 2019 (en ausencia de Alba Torrens por lesión), Laura Nicholls, Marta Xargay y Anna Cruz fueron las tres jugadoras que más minutos disputaron, los pilares en la consecución del título junto a Astou Ndour. Las tres, Xargay, Cruz y Nicholls, salieron sucesivamente de la selección en el año y medio de parón por la pandemia. Las tres pidiendo “aire”, “respeto”, “tiempo”. Síntoma del deterioro del grupo. Consecuencia de la gestión y los métodos del ya exseleccionador, Lucas Mondelo.

A la espita que abrió Cruz —”A la familia no se la trata así”, dejó dicho en su marcha con un escrito contundente que apenas tuvo una respuesta oficialista desde la Federación—; le ha seguido el testimonio de Xargay a EL PAÍS en el que confesaba haber sufrido bulimia a consecuencia del trato del seleccionador —”me llevó a un límite muy heavy”—.

Mondelo, destituido el pasado viernes por la “no consecución de los objetivos deportivos” —tras caer en cuartos del Eurobasket frente a Serbia y en la misma ronda de los Juegos ante Francia— es un genio de la pizarra que, en su debut en la élite de los banquillos del baloncesto femenino en 2011, con 44 años, tras más de dos décadas en categorías de formación, ganó la Liga, la Euroliga y la Supercopa con el Avenida de Salamanca. Así llegó lanzado al cargo de seleccionador, y allí alcanzó a un tiempo las medallas y la fama.

La cámara lo enfocó en un tiempo muerto de un partido ante Suecia en su primer campeonato al frente del equipo y no dudó en protagonizar un cortometraje a plano completo. “Nos ganaron el año pasado y nos pidieron un tiempo muerto en nuestra casa a falta de tres segundos y estando ocho arriba. ¡La sangre se lava con sangre!, es nuestra seña de identidad y que no nos vuelvan a faltar al respeto”, clamó. Después llegó su elogiado uso del femenino plural para integrarse al frente del “nosotras” del equipo. Y, paso a paso, fue consolidando su carisma, por encima en muchas ocasiones de las jugadoras.

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En ese 2013, la retirada de las capitanas, Elisa Aguilar y Amaya Valdemoro, le permitió expandir aún más su liderazgo y protagonismo hasta la consolidación de Laia Palau con el brazalete. Antes de aquel oro en el Eurobasket, donde se instaló en la gloria, España era la cuarta potencia continental y la sexta mundial en categoría absoluta en el ránking FIBA de selecciones femeninas. Pero ya entonces, era la segunda potencia mundial en categorías de formación, solo por detrás de EE UU. Con Mondelo al frente, la absoluta subió como la espuma.

Pero la aspereza y desigualdades en el trato, la manera de capitalizar ese éxito, las formas de tensar la cuerda y el exceso de protagonismo de Mondelo fueron desgastando al grupo. “La Federación conocía el desgaste de la relación entre el seleccionador y las jugadoras, pero nunca fue informada de ningún comportamiento así [como el que sufrió Xargay]”, rezaba la nota que emitió ayer la FEB para respaldar a la jugadora.

Con el paso del tiempo, la presión acumulada en el Mundial de 2018 en Tenerife; el desgaste físico y mental con el que el equipo llegó al Europeo de 2019 y el exceso de atribuciones del seleccionador, fiscalizando la vida personal de las jugadoras y estableciendo focos de conflicto constantes, instauraron una claustrofobia que solo pudo ventilar la pandemia. A la vuelta, en noviembre del año pasado, la primera concentración preparatoria para este verano se convirtió en un trauma para varias jugadoras, con Mondelo acelerando su idea de relevo generacional para consolidar su jerarquía y, allá por 2024, cuando acababa su contrato, ser el único superviviente de la que consideraba su obra. Los daños del pasado truncaron ese futuro.

Jorge Garbajosa: “No sabíamos la gravedad del caso”

“Teníamos conocimiento de la existencia de una entrevista de Marta Xargay contra el seleccionador, pero no del contenido detallado de la misma. No sabíamos de la gravedad de su testimonio hasta que lo vimos publicado”, explicó el presidente de la Federación, Jorge Garbajosa a EL PAÍS para completar el contenido del comunicado que publicó la FEB en torno al testimonio de la jugadora. “Cuando hablo con Marta la pido que valore el momento de publicar la entrevista y ella decide aplazar su publicación para que no afecte a sus compañeras en el desarrollo de la competición. Pero no entramos en la profundidad del contenido”, prosigue Garbajosa en relación a la petición que realizó a Xargay para retrasar la publicación de la entrevista. “Tengo una niña de 18 meses que quiero que haga deporte. ¿Cómo voy a permitir que haya comportamientos así, si le puede pasar a mi hija pasado mañana? Actitudes así son intolerables”, añade antes de valorar la dimensión del “desgaste en la relación del seleccionador con las jugadoras” que la FEB explicaba en su comunicado haber detectado. “De los encontronazos normales entre jugadores y entrenadores, que han pasado y pasarán en todos los equipos del mundo, hasta los temas de los que habla Marta [Xargay] hay un abismo. Jamás pudimos pensar que se estaba dando un caso de este estilo dentro de la selección. Ni su propia familia fue capaz de advertirlo”, cierra Garbajosa.

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Sobre la firma

Faustino Sáez

Es redactor de deportes del diario EL PAÍS, especializado en baloncesto. Además del seguimiento de ACB y Euroliga, ha cubierto in situ Copas, Final Four, Europeos y Mundiales con las selecciones masculina y femenina. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS.

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