Una Vuelta en rojo para Enric Mas

El ciclista mallorquín, a 28s de Roglic, suma brillo a su proverbial regularidad y considera que ha alcanzado otro nivel

El ciclista español del Movistar Enric Mas se refresca en la subida final de la novena etapa de la Vuelta a España, entre Puerto Lumbreras y el Alto de Velefique el pasado domingo.
El ciclista español del Movistar Enric Mas se refresca en la subida final de la novena etapa de la Vuelta a España, entre Puerto Lumbreras y el Alto de Velefique el pasado domingo.Manuel Bruque (EFE)

La vida de un ciclista, como la de un artista, son recuerdos de grandes momentos, del gozo y el éxtasis que sintió un día cuando pedaleaba y parecía que iba sin cadena y miraba al mundo desde arriba, y desde entonces regresa siempre a la esperanza de volver a sentirse igual algún día, de volver a ser. O, mejor, ser mejor.

Enric Mas solo tiene 26 años pero se siente rejuvenecer. Es domingo. Pedalea duro. Sube hacia la montaña de Velefique con Primoz Roglic a rueda (de vez en cuando, el esloveno, pasa a darle un relevo, pero sin mucho afán) y ni nota el calor que le atufa a todos, ni el viento tan caliente que le seca el sudor; se siente, dice, como un día de abril de hace tres años, el día que ataca en la Vuelta al País Vasco y Roglic está atrás, y sufre. “Sí, fue un poco parecido a aquel día”, recuerda. “Aunque entonces yo estaba lejos en la general, yo ya no contaba, y me escapé de lejos, pero, sí, era Roglic, y sufrió detrás…”.

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Y lleva a Superman López vestido como él, y el colombiano se queda detrás, a su pesar, pues, aunque el cuerpo le pida irse para adelante, y se siente con fuerzas para ello, le toca hacer de buen compañero y apaciguar al rebaño de cabras alborotadas que no quieren que él se vaya solo con Roglic, los dos primeros de la general en la Vuleta, los dos más fuertes, y entonces también Mas se acuerda de otro día de ese mismo 2018 en el que se reveló ante la afición que quería ver en él al heredero que siempre se desea cuando una figura se retira, al nuevo Contador que se quería proclamar, y trepaba como él, enseñando siempre la dentadura, los dientes tan blancos, de pie sobre la bicicleta. Fue en la Vuelta. En Andorra. En septiembre. Mas va en fuga con Superman. En el col de la Gallina se juegan los dos la última etapa de montaña y el segundo puesto en la general detrás del ganador, Simon Yates (ausente en Velefique, reemplazado por su gemelo, Adam). Mas gana. Superman se inclina.

Son los grandes momentos del pasado de Mas, sus dos victorias más importantes, pero Mas, tan joven aún, no cree que sean comparables siquiera con lo del domingo en Velefique, donde no ganó la etapa, ni tampoco Roglic. “Fue una situación bonita y nueva para mí… Estábamos primero y segundo de la general distanciando a los demás…”, dice Mas el día de descanso, cuando el cuerpo le pide solo unos pocos kilómetros en bici para desentumecerse y la cabeza se le alborota pensando en que aún quedan 12 etapas, y en que está dónde quería, cómo quería, y con ganas de más. A 28s de Roglic, ganador de las dos últimas Vueltas y máximo favorito para la tercera. “Después de muchos años de trabajo he conseguido llegar aquí, en este punto de forma. Veremos ahora si me respeta el cansancio del Tour hasta el final de la Vuelta”.

Entre los seis primeros clasificados —Roglic, Mas, Superman, Haig, Egan y Yates, comprimidos en 2m 7s—, el esloveno, retirado del Tour tras la octava etapa, el australiano, caído el tercer día del Tour, y el inglés, en su primera grande del año tras ganar la Volta en marzo, son los más frescos. Egan ganó el Giro en mayo y, por primera vez en su carrera, corre dos grandes el mismo año; Superman penó por el Tour hasta el penúltimo día y Mas terminó el sexto la grande boucle.

A la espera del fogonazo, que llegará, del deseado Mikel Landa, ausente por ahora de los debates, pero él es así, y así se le ama, el aficionado español encomia la regularidad sin mácula del mallorquín —quinto y sexto en sus dos últimos Tours; segundo y quinto en las dos Vueltas anteriores—, quien espera sumar a la virtud de no fallar el brillo de lo excepcional, el fulgor del atacante que hace camino, que dejó ver hace tan poco y que es necesario para alcanzar la insignia roja. “Tendremos que jugar nuestras cartas. Ya veremos dónde”, dice Mas, que tras una segunda semana de calor y más desgaste, con repechos en Málaga, Jaén y Córdoba, y montaña pesada en Extremadura y Ávila, sueña con una tercera de frío y hasta lluvia, por la que hasta clama, en la ruta del Cantábrico, con Lagos, montañas gallegas y un día marcado por todos, el del gran estreno del Gamoniteiru, jueves 2 de septiembre, la subida que completa con Lagos y Angliru, la tríada asturiana tan ansiada por los aficionados.

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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