Historia de un bochorno planetario

La Sanidad brasileña dijo a Argentina que sus cuatro futbolistas de la Premier no podían jugar, pero no hubo acuerdo ni permiso y el lío desembocó en la esperpéntica suspensión del clásico

Messi escucha a Tite, seleccionador brasileño, este domingo en el estadio Arena de Sao Paulo. En vídeo, momento de la interrupción del partido.Vídeo: SEBASTIAO MOREIRA / EPV

Cuando unos inspectores sanitarios brasileños irrumpieron en el campo a los cinco minutos de empezar este domingo el Brasil-Argentina, los que lo seguían por televisión desde todos los rincones del planeta debieron de quedarse atónitos. Es probable que también fuera una sorpresa para muchos de los 1.500 invitados que asistían en São Paulo desde la grada a este superclásico, valedero para la clasificación del Mundial de Qatar 2022 con aroma de revancha, tras la victoria albiceleste en la final de la pasada Copa América. Hacía casi tres horas que era de dominio público que había un problema con cuatro jugadores de la selección argentina procedentes de la Premier League —Emiliano Martínez y Emiliano Buendía, del Aston Villa; y Cuti Romero y Giovanni Lo Celso, del Tottenham— por, supuestamente, no respetar los protocolos sanitarios tras su entrada en el país. Los periodistas brasileños comentaron con toda naturalidad que tres de los futbolistas albicelestes que iban a saltar al campo (Buendía fue suplente) no estaban autorizados a jugar por las autoridades sanitarias.

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Y explicaron los detalles de la nota divulgada esa misma mañana por Anvisa, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria. Ordenaba, sin nombrarlos, que los cuatro futbolistas hicieran cuarentena hasta dirigirse al aeropuerto porque habían estado menos de dos semanas antes en Reino Unido —uno de los países en la lista negra brasileña frente al coronavirus— y, además, mintieron al rellenar el formulario sanitario de acceso a Brasil.

A las cuatro de la tarde, hora brasileña, las nueve de la noche en España, Martínez, Romero y Lo Censo saltaron al estadio del Corinthians. Buendía estaba en el banquillo. Poco tardó un funcionario brasileño con mascarilla, gorra, unos papeles en la mano y un chaleco que le identificaba como empleado de la agencia sanitaria en acercarse en la banda a uno de los árbitros, causando un tumulto y el pánico de las autoridades del fútbol. Dos hombres se encararon al sanitario. Uno gritó: “¡No puedes hacer esto! ¡Tenemos que jugar!”. Y el otro repetía: “¡La televisión, la televisión!”, según mostró la retransmisión de Globo.

Los albicelestes no señalaron que procedían del Reino Unido

Resultado, el gran clásico acabó a los cinco minutos en medio de una discusión agria, una descomunal confusión y un bochorno mundial. El árbitro paró el juego en medio de un caos total. Los argentinos se retiraron al vestuario mientras los brasileños se quedaban haciendo calentamientos hasta que se confirmó la suspensión poco después.

El mundo asistía incrédulo. Otra escena inédita cortesía de una pandemia que altera periódicamente las normas de viaje y ha convertido los calendarios del fútbol en un diabólico encaje de bolillos. Los clubes británicos y la Premier League intentaron evitar que sus jugadores sudamericanos viajaran con sus selecciones para estas eliminatorias porque al regreso debían guardar cuarentena, y de hecho los jugadores brasileños de la liga inglesa no se desplazaron, pero sí los argentinos. Hasta la FIFA intervino para pedir al gobierno de Boris Johnson una medida especial de exención para los futbolistas.

Investigación abierta

Tras la suspensión, la Albiceleste aterrizó de vuelta en Buenos Aires poco después de la medianoche del domingo. La Conmebol esquivó responsabilidades con unos tuits en los que atribuía la suspensión al árbitro y recalcaba que la organización compete a la FIFA. La máxima autoridad del fútbol mundial ha abierto una investigación y pedido informes a los implicados. En sus manos queda la decisión de si suspende definitivamente el partido, con qué resultado y si incluye sanción para alguna de las selecciones, o si decide aplazarlo para otra fecha.

El caos dibuja un panorama de gestiones a muchas bandas en el que el celo de una agencia sanitaria brasileña por hacer cumplir la normativa aparentemente se topó con la confianza de la Conmebol y de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) de que en el último minuto se llegaría a un apaño, como tan a menudo ocurre en la región, y el asunto no pasaría a mayores. Las autorizaciones excepcionales para disputar competiciones deportivas están a la orden del día. Pero esta vez las negociaciones y la espera fueron en vano. A la hora del partido no había ningún permiso que eximiera a los cuatro argentinos de cumplir la norma.

Paradójicamente, Bolsonaro es un líder que desprecia el coronavirus

Cuando la Albiceleste llegó a São Paulo desde Caracas el viernes a primera hora, los cuatro futbolistas de la Premier no hicieron constar algo que sabían que debían declarar: que habían estado en Reino Unido en las últimas dos semanas, lo que implica una cuarentena de otras dos semanas para frenar la covid, que ha matado a 580.000 brasileños. Anvisa transmitió la información al Ministerio de Salud por los canales ordinarios.

Ante ese panorama, el sábado se celebró una reunión clave. Representantes de la agencia sanitaria, la Conmebol y la Confederación Brasileña trataron el tema en un encuentro virtual, según explicó el domingo el presidente de Anvisa, Antonio Barra Torres: “En aquella reunión, Anvisa y las autoridades sanitarias locales decidieron que los jugadores tenían que hacer cuarentena. Pero, tras la reunión y el aviso a las autoridades, participaron en el entrenamiento vespertino”. La agencia Anvisa, en vista de que la Albiceleste hacía caso omiso de su exigencia de confinar al cuarteto, movilizó a la policía el domingo por la mañana. Para cuando los agentes llegaron al hotel, los argentinos ya estaban de camino al estadio, de modo que también se dirigieron hacia allí.

La queja de Messi

La agencia Anvisa ha sido la más prolija en sus declaraciones, pero no ha aclarado exactamente qué gestiones hicieron sus funcionarios en el estadio del Corinthians, antes de que el partido empezara. Lo que sí se sabe es que, cuando el partido fue interrumpido, Messi protestó: “Llevamos aquí tres días. Esperaron para comenzar el juego. ¿Por qué no lo hicieron saber antes? ¿Por qué no fueron al hotel? ¿Para qué nos hicieron jugar? El mundo está viendo todo esto”. El entrenador de Brasil, Tite, exclamó: “Tuvieron 72 horas antes del partido. ¡Lo tuvieron que hacer en el partido!”.

El director de Anvisa, Alex Campos, recordó un precedente que en su opinión pudo contribuir a que los argentinos se confiaran. Dos jugadores del Independiente que dieron positivo jugaron un partido de la Copa sudamericana en mayo. Fueron multados, regresaron a casa, pagaron la sanción y listo.

Quizá las autoridades del fútbol creyeron que el ansiado permiso especial llegaría a tiempo o que la estrategia de hechos consumados funcionaría. Mientras, Brasil se divide. Unos expresan su orgullo de que las autoridades exigieran sin excepciones el cumplimiento de las normas, pero para otros muchos esto llama la atención porque no es lo acostumbrado en la realidad cotidiana en Brasil, que durante meses fue epicentro de la pandemia, y tiene como presidente, Jair Bolsonaro, a uno de los líderes del mundo que más desprecia el coronavirus. Lo mismo se pasea sin mascarilla que causa aglomeraciones o convoca a sus seguidores a manifestarse en la calle como hará este martes, en el 199º aniversario de la independencia de Brasil.

Vuelta a Inglaterra pasando por Croacia para hacer la cuarentena

Emiliano Martínez y Emiliano Buendía (Aston Villa) y Giovanni Lo Celso y Cuti Romero (Tottenham) viajaron a disputar las eliminatorias sudamericanas con la selección argentina a pesar de que la Premier League se negara a prestar a sus futbolistas. En cambio, el seleccionador de Brasil, Tite, no pudo contar con sus nueve jugadores que disputan la liga inglesa. La diferencia estuvo en que la Asociación del fútbol Argentino (AFA) presionó para que el preparador Lionel Scaloni pudiera contar con toda la plantilla. “Los cuatro de Inglaterra decidimos venir por el amor que tenemos por la camiseta, aunque todos los de la Premier no querían venir. Después de ganar la Copa América, queríamos estar con el grupo. Es algo hermoso y asumimos las consecuencias”, explicó Emiliano Martínez, portero de la selección argentina.

Los cuatro jugadores de la Premier League regresaron a Argentina junto al resto de la delegación. Sin embargo, los dos futbolistas del Aston Villa tomaron un vuelo a Croacia ayer por la noche. Harán una cuarentena de 10 días en el país balcánico, en el que podrán entrenar antes de regresar a Birmingham —en Reino Unido la cuarentena hubiera sido de 14 días—. “La desesperación la teníamos los chicos que venimos de Inglaterra. No sabíamos si nos teníamos que quedar 14 días en Brasil. Fue toda una incertidumbre porque existía esa posibilidad. Pero Chiqui [Claudio Tapia, el presidente de la AFA] nos apoyó en todo. Dijo ‘nos vamos todos’ y nos fuimos todos. El Aston Villa no entendía la regulación de Brasil. Cuando entró el funcionario, no entendíamos nada. Todo fue por motivos políticos. El mundo esperaba un gran partido, no este papelón”, completó Emiliano Martínez.

La situación con los dos jugadores del Tottenham fue diferente. En un principio la AFA pretendía que los dos jugadores del club londinense se quedarán en Argentina para disputar el partido frente a Bolivia. Sin embargo, después de conversar con el Tottenham, la Albiceleste optó por liberar a los dos futbolistas para que regresen a Inglaterra. “La idea es que viajen vía Croacia”, aseguran desde el entorno de Lo Celso. “Estas situaciones que estamos viviendo estos días con la liberación de jugadores nos demuestran que tenemos que hacer algo, proteger la salud de los jugadores, proteger a las selecciones, y para hacerlo necesitamos que haya buena voluntad por parte de todos”, concluyó Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

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Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar

Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

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