Javier Pastore regresa al origen

El interior, primera estrella en fichar por el PSG de los cataríes, firma por el Elche tras seis años de tormento físico que le negaron del placer de jugar

Pastore, durante su presentación como nuevo jugador del Elche.
Pastore, durante su presentación como nuevo jugador del Elche.ELCHE CF (Europa Press)

Javier Pastore se presentó este martes en Elche con un propósito manifiesto. “Sentimentalmente”, dijo, “vuelvo a mis primeros pasos por Europa”.

A sus 32 años, el centrocampista argentino viene de transitar la vertiente decepcionante de un negocio que comenzó a conocer en Huracán, donde conquistó una Liga argentina en 2009 y se consagró como uno de los jugadores más deslumbrantes de Sudamérica. Su paso por la Serie A no decepcionó. Le bastaron dos temporadas en el Palermo para convertirse en objeto de codicia de los grandes clubes en el mercado de fichajes del verano de 2011. Su pase al Paris Saint-Germain señaló un hito.

El fondo soberano de Qatar acababa de hacerse con el control del club de París. Nadie esperaba que sus dirigentes desembolsaran 43 millones de euros para comprar al jugador de moda en Italia. Pastore se convirtió en la primera figura mundial que firmaba un contrato con Nasser Al-Khelaifi, presidente y delegado de la familia real de Qatar. Le siguieron Verratti, Lavezzi, Cavani e Ibrahimovic. Entre todos ganaron cinco campeonatos de Ligue 1 practicando el fútbol más armónico que ha desplegado el PSG en la última década. El sueño se interrumpió en 2015.

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”Terminé la Copa América de 2015 con dolor en los dos gemelos”, recordó Pastore en aquellos años. “Hice unas vacaciones muy cortas, volví a los entrenamientos, y en la pretemporada me hice daño en un gemelo. Y durante toda la temporada pasada se sucedieron las lesiones en los dos gemelos. Primero uno y después otro. Me recuperaba para tratar de estar en dos semanas para un partido importante y jugarlo, terminaba con molestias, volvía a jugar a los tres días y me volvía a lesionar”.

Misterios del cuerpo humano sometido al máximo estrés. Pastore no encontró la causa de una cadena de lesiones musculares que le atormentaron tras una progresión de rendimiento intachable. Cambió de tratamiento, cambió la alimentación, cambió las botas, incluso modificó las plantillas y el modo de pisar. Comenzó a recuperarse hacia 2017. Pero fuera de forma e incómodo en los esquemas de Unai Emery, que le asignaba tareas de marca como al resto, nunca recuperó la continuidad ni el sentimiento de plenitud que había experimentado en sus primeros años como profesional. Su tránsito por la Roma, donde apenas disputó 37 partidos entre 2018 y 2021, prolongó la insatisfacción.

Ángel Cappa, que además del entrenador que le dirigió en Huracán es su mentor, paladea emocionado cada palabra que dedica al enganche que le hizo campeón. “Es un talento”, dice el técnico. “El talento es aquel que entiende el juego y siempre elige la mejor jugada. Además de poseer una técnica exquisita, Pastore es inteligente para ocupar los espacios. Como Iniesta o Xavi, es de esos jugadores que tienen que jugar libres, asumiendo una responsabilidad colectiva pero sin someterse a determinados condicionantes tácticos. Si lo ponen en una esquina y le ordenan correr detrás de un contrario lo anularán. Si le dan libertad, no hará cualquier cosa, hará lo correcto porque es inteligente para ocupar los espacios. En el Palermo le respetaron eso. Si tienes una flor, lo lógico es ponerla en un florero, no en el váter. Si Fran Escribá lo comprende, Pastore puede darle un salto de calidad al Elche”.

“No vengo a retirarme”

Cappa habla desde la Arcadia emocional del barrio de Parque Patricios. La coincidencia del maestro y el discípulo en Huracán gestó un momento de felicidad efímero pero inolvidable. Pastore fichó por el Palermo con 20 años y, poco a poco, se fue desvinculando de la esencia lúdica del juego que le obsesiona. Convertido en uno de los futbolistas más ricos de su generación, no consiguió completar su sueño de jugador vocacional. Reflexivo, autoexigente y un tanto obsesionado con el oficio, vivió los últimos años de su carrera con un invencible sentimiento de frustración. Entre las servidumbres profesionales y las lesiones se asomó al límite de la amargura. Su fichaje por el Elche le devuelve la esperanza de reconciliarse con el fútbol.

”Desde el momento en que rescindí mi contrato con la Roma, el Elche fue el primer club que se puso en comunicación conmigo”, dijo ayer. “Eso nos despertó mucho entusiasmo. Tenía muchas ganas de probar la Liga española. El Elche, además, es un club con muchos argentinos [siete futbolistas]. Ellos me han hablado muy bien de cómo se vive aquí, donde son felices, y del campeonato. Vengo con muchas ganas”.

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Le preguntaron si ponerse la camiseta de un equipo que compite por la permanencia no supone una suerte de degradación. Respondió sin circunloquios: “Para nada. Espero volver a hacer grandes actuaciones como en el Palermo. Vengo de tres años en la Roma en los que no he tenido la continuidad que esperaba. Necesitaba estar de nuevo en juego y mostrarme. Me siento agradecido y solo queda demostrarlo en el campo”.

El Elche le ha contratado por una temporada. Él confía en aprovechar la oportunidad para recobrarse físicamente después de seis años de penuria. Si pensara en la retirada, confesó, habría probado suerte en el club por el que profesó su primer amor futbolístico: Talleres de Córdoba.

”No vengo a retirarme porque si fuese así me iría al club en el que me formé en Argentina”, dijo. “Estoy con muchas ganas de mostrar que estoy muy bien. Tengo 32 años y hay futbolistas de 39 y 40 que siguen a gran nivel. No sé si será mi caso, pero sé que, al menos, me quedan dos o tres años muy buenos”.

Limar el fémur y tres meses entrenándose en solitario

Javier Pastore asegura que ha superado la cadena de infortunios que le trituraron —y alteraron indefectiblemente su carrera— desde 2015.

 

“Hace bastante tiempo que no sufro lesiones”, dijo ayer, en su presentación con el Elche. “La última fue en la cadera, en noviembre de 2019. Necesitaré una semana extra para adaptarme al equipo. Llevo tres meses entrenándome solo”.

 

Una rara dolencia en la cadera complicó su adaptación a la Roma, donde militó tres temporadas sin conseguir integrarse plenamente en el equipo titular. “En noviembre de 2019 empecé a sentir molestias en los glúteos y en el psoas”, explicó.

 

“Creía que era algo normal hasta que vimos que sufría un problema grave en la cadera. Decidimos seguir un tratamiento conservador y estuve ocho meses con esta lesión que me impedía jugar. Cada cosa que hacía me generaba dolor. Por eso, tomé la decisión, consensuada con los doctores, de operarme. Tenía un saliente en el fémur. Hubo que limar las dos partes del hueso donde rozaba y dejé de tener dolor. Desde diciembre de 2020 comencé a trabajar con normalidad. Ahora ya no siento ni molestias”.

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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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