Champions League - Grupo a - jornada 2Así fue
PSG
PSG
Idrissa Gueye 7'Messi 73'
2 0
Finalizado
M. City
M. City

Verratti ilumina a Messi en la victoria del PSG

La reaparición del volante desatasca el juego del equipo francés y conecta a sus estrellas frente a un City que dominó sin rematar. “Hemos logrado algo importante”, dice el argentino

Messi celebra con Neymar el segundo gol del PSG contra el Manchester City.
Messi celebra con Neymar el segundo gol del PSG contra el Manchester City.GONZALO FUENTES (Reuters)

Lionel Messi hizo estallar este martes al Parque de los Príncipes en un grito unánime. Tembló el hormigón bajo la vibración de la multitud que llenaba el viejo estadio de París, rendida por fin al diez, que marcó su primer gol para el Paris Saint-Germain, el gol definitivo del partido que todos esperaban como la prueba irrefutable de que el proyecto más desaforado de la década funcionaba. La victoria sobre el Manchester City por 2-0 no fue el triunfo de la posesión, ni de la armonía perfecta, ni siquiera fue un éxito rotundo de Messi ante un adversario valeroso. La figura del mejor partido del PSG en lo que va de campaña fue Verratti, gestor de los dos goles de su equipo y personaje central de la celebración de Messi, que tras anotar corrió a abrazarlo como señalándole a los hinchas y a los jeques que ahí estaba su gran cómplice.

PSGPSG
PSG
2
Gianluigi Donnarumma, Nuno Mendes, Achraf Hakimi, Kimpembe, Marquinhos, Ander Herrera, Idrissa Gueye (Danilo Pereira, min. 89), Verratti (Wijnaldum, min. 77), Messi, Neymar y Kylian Mbappe
MNC M. City
0
M. City
Ederson Moraes, Rúben Dias, Walker, Laporte, Cancelo, De Bruyne, Bernardo Silva, Rodrigo, Grealish (Foden, min. 67), Sterling (Gabriel Jesus, min. 77) y Mahrez
Goles 1-0 min. 7: Idrissa Gueye. 2-0 min. 73: Messi.
Árbitro Carlos del Cerro Grande
Tarjetas amarillas Cancelo (min. 23), De Bruyne (min. 38) y Verratti (min. 76)
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“Estoy enamorado de Verratti”, proclamó Guardiola, en la sala de conferencias, al acabar la jornada. “Bajo presión él siempre tiene un toque más si necesita encontrar a su compañero libre. Me gusta su carácter. No es un jugador de pases largos pero a la hora de construir el juego siempre puedes contar con él. En la segunda mitad Kevin [de Bruyne] lo ha controlado, pero en la primera ha estado un poco blando”.

Como los reactivos que revelan la presencia de sustancias químicas de otro modo invisibles, Marco Verratti levantó el velo y la hinchada del PSG descubrió el esplendor de Neymar, Mbappé y Messi, repentinamente iluminados por el pase limpio del pequeño mediocentro italiano. Lesionado desde el 5 de septiembre, Verratti reapareció en la noche más señalada y el equipo se transformó a su dictado. Este martes contra el City en el Parque de los Príncipes como en marzo contra el Barcelona en el Camp Nou, el proceso resultó parecido.

No es ningún secreto insondable. La fórmula remite a las leyes más viejas del juego. Ningún equipo ha sido grande sin un centrocampista grande. Este PSG señalado por los particularismos y diseñado por lejanos príncipes que sueñan con lambrettas tampoco puede eludir el peso de la norma. Por más que lo habite una colección de los mejores atacantes imaginables, la máquina nunca funcionó bien sin la intervención sencilla de este pequeño futbolista que no hace goles, ni dribla, ni integra el catálogo adorado de los iconos cuya imagen anhelan los fabricantes multinacionales de bienes de consumo.

Verratti no ha sido ajeno a distracciones mundanas. Es responsable de haber conducido una carrera irregular. Las lesiones han hecho el resto. Pero le sobra talento. Lo supieron los jugadores del City, que saltaron a la hierba de París alentados por las órdenes atrevidas que suele impartirles Guardiola en la Premier. Avanzaron todos como una falange a hostigar a sus contrincantes hasta meterlos en su área en base a esfuerzo, tesón, y disciplina. El acordeón se movió uniforme de banda a banda y de raya a raya, pulsado por un Rodri espléndido. Puestos a salir jugando con la intención de no desperdiciar la pelota, Marquinhos, Kimpembe, Herrera y Gueye se vieron ahogados por el asalto mano a mano de sus oponentes Sterling, Silva, Mahrez o Grealish, según quién ocupara la zona. Los duelos se sucedieron con gran frecuencia en el arranque del encuentro, cuando todos tenían más energía. Contra su costumbre, entusiasmados por la trascendencia del cartel, hasta Neymar, Messi y Mbappé se implicaron generosos en tareas de mantenimiento. El mediocampo se superpobló.

Pochettino les había exigido coraje a sus jugadores. Valor para evitar la salida fácil del balón largo y para buscar al compañero con pases cuidados, porque así, si lograban romper el primer anillo de presión, encontrarían huecos en el segundo para avanzar con más holgura. La teoría habría sido impracticable de no aparecer Verratti. Su duelo con De Bruyne tuvo un perdedor inapelable. Cada vez que el belga llegó medio segundo tarde a presionarlo, Verratti le escondió la pelota, a él y a quien hiciera falta. Nadie dio más problemas al City, obligado con cada uno de sus pases rompedores a replegarse más de lo que deseaba.

Cuando se hizo con la pelota, Verratti la protegió con un repertorio de giros que le hizo indetectable. Su entrega a Mbappé antes de los diez minutos descubrió para el punta un abanico de posibilidades en el sector derecho, en donde sus combinaciones con Hakimi fueron demasiado rápido para Rodri y Cancelo. El centro fue a Neymar, que engañó a Dias con un taconazo en el punto de penalti. Por detrás llegó Gueye, definidor inesperado en una noche que premió a los volantes.

El Manchester City se rebeló contra el 1-0 que reflejaba el marcador repitiendo su programa. Lanzado al asedio durante 80 minutos sin tregua, el equipo de Guardiola llevó el partido a la garganta del área rival. Hasta ahí dispuso de campo y tiempo para manejar todos los trámites que conducen al gol, menos el último. Porque salvo en dos tiros al palo consecutivos de Sterling y Silva, a este ejército de mediapuntas les faltó un rematador que acertara en la red alguno de los 17 disparos que produjo aprovechando que a Verratti se le acababa el combustible, igual que a Messi, que daba la impresión de llegar tarde a todas las jugadas, sin forma ni ritmo, hasta que en el punto más incierto de la noche, cuando el PSG se ponía en manos del reparto que ordenaba Donnaruma, el mediocampista y su nuevo socio provocaron un contragolpe.

Verratti, Messi, Mbappé de tacón y Messi, trazaron la secuencia en la trayectoria de la pelota. El último toque, un zurdazo retorcido, envió el proyectil lejos del portero. El gol hizo temblar a la multitud, atronadora en su “¡Meeeeesiiii, Meeeesiiii, Meeeesiiiiii…!”.

Pochettino: “Este gol lo he celebrado”

Messi levantó el puño en dirección al sector más bullicioso de la hinchada, apostado en la Curva Auteuil, en señal de correspondencia. La fiesta fue total. Cuando el árbitro pitó el final hizo una de sus declaraciones lacónicas. “Hemos ganado un partido importante ante un gran rival”, señaló. “Ahora debemos seguir creciendo”.

En la banda Pochettino gritó el 2-0 como cuando era jugador. “No soy de celebrar goles”, dijo el argentino, “pero hoy lo celebré. He pasado muchos años viendo cómo Messi marcaba los goles en la acera de enfrente. El primero de nuestro lado tenía que celebrarlo”.

Pochettino reconoció que el partido le gustó por la solidaridad que mostraron sus jugadores menos que por el desarrollo del juego. “Nos gusta dominar al contrario y tener el control del balón”, dijo, “pero contra el City es difícil porque tiene unos automatismos trabajados desde años bajo las órdenes de Pep. Esto me ha dejado insatisfecho. Pero, mientras nosotros conseguimos crear nuestros propios automatismos, es importante saber ganar de otra forma”.

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