¿Y cómo corren las niñas?

El libro es un alegato en favor de todas las posibilidades que ofrece el deporte como vehículo para que la igualdad y la defensa de la diversidad avancen con paso firme

Portada del libro Corres como una niña, de David Guerrero.
Portada del libro Corres como una niña, de David Guerrero.

Guiadas por su cerrazón mental, las personas que se posicionan en contra de una causa justa hacen, muchas veces, de impulsoras de la misma. En la maratón de Boston de 1967 Katherine Switzer lucía el dorsal 261. Se había inscrito con sus iniciales. Por aquel entonces, en Estados Unidos, los organizadores de carreras creían que el físico de las mujeres no les permitía correr más de 2,4 kilómetros (milla y media). En un momento de la carrera, uno de los comisarios de la prueba se bajó del autobús y se fue hacia ella. Estaba iracundo. En su cara, se podían ver la rabia y el odio. “¡Quítate ese dorsal y sal de mi carrera!”, le espetó a Switzer mientras intentaba atraparla.

La corredora completó la maratón en cuatro horas y veinte minutos. Una hora antes, sin dorsal, lo había hecho Roberta Gibb. Que las cámaras captaran el incidente marcó la diferencia, convirtiendo aquel instante en un icono de la lucha por la igualdad en el deporte. Más de medio siglo después, en los Juegos Olímpicos de Tokio celebrados este verano el 49,5% de participantes eran mujeres.

En Corres como una niña (Dos Bigotes) el periodista David Guerrero plantea un interesante recorrido por la historia y la situación actual de la relación entre el deporte y las mujeres, así como con las personas no normativas. Desde la llamativa ausencia de futbolistas gais en el fútbol profesional masculino —en el recuerdo, los gritos de “Míchel/Guti, maricón”—, al lavado de cara a través del deporte de países que no respetan los derechos de las personas LGTBI. Del reto de progreso que deberá afrontar el deporte con la transexualidad y la intersexualidad, al debate sobre las categorías mixtas. Del papel clave que juegan los medios de comunicación huyendo del recurso fácil de infantilizar o de aportar una perspectiva tradicionalista —así como de la denuncia de la violencia y la discriminación— a la importancia de la palabra “inclusión” —ni “tolerancia” ni “integración”—. Un alegato en favor de todas las posibilidades que ofrece el deporte como vehículo para que la igualdad y la defensa de la diversidad avancen con paso firme en la sociedad.

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Sobre la firma

Pedro Zuazua

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo, máster en Periodismo por la UAM-EL PAÍS y en Recursos Humanos por el IE. En EL PAÍS, pasó por Deportes, Madrid y EL PAÍS SEMANAL. En la actualidad, es director de comunicación del periódico. Fue consejero del Real Oviedo. Es autor del libro En mi casa no entra un gato.

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