Guardiola pone de rodillas al United de Cristiano

El City borra del campo a su rival, desarmado en el derby de Old Trafford por más que Solskjaer acumulara defensas frente al exigido De Gea

Bernardo Silva remata el 0-2 ante De Gea.
Bernardo Silva remata el 0-2 ante De Gea.DPA vía Europa Press (Europa Press)

El primer encuentro de Guardiola y Cristiano en la Premier se resolvió con un aplastamiento. Pocas veces el paso del Manchester City por Old Trafford encontró menos resistencia.

MNUM. United
M. United
0
De Gea, Eric Bailly (Jadon Sancho, min. 45), Nilsson-Lindelöf, Harry Maguire, McTominay, Fred (van de Beek, min. 79), Shaw (Alex Telles, min. 72), Bruno Fernandes, Wan-Bissaka, Cristiano y Mason Greenwood (Rashford, min. 66)
MNC M. City
2
M. City
Ederson Moraes, Cancelo, Walker, John Stones, Rúben Dias, Gündogan, De Bruyne, Rodrigo, Foden, Gabriel Jesus y Bernardo Silva
Goles 0-1 min. 6: Eric Bailly (p.p.). 0-2 min. 44: Bernardo Silva.
Árbitro Michael Oliver
Tarjetas amarillas Cancelo (min. 47), Bernardo Silva (min. 57) y Cristiano (min. 89)

Decía este viernes Andy Mitten, editor del fanzine United We Stand, referencia de la hinchada del United, que los seguidores del equipo rojo de Manchester nunca fallan cuando se trata de animar a sus muchachos. Por más censurable que sea el comportamiento de los jugadores o el entrenador, la lealtad -¿la resignación?- de la grada está garantizada. Así fue este sábado en el derbi de Manchester, convertido en otra jornada negra para el club más rico de Inglaterra. Los hinchas de Old Trafford solo expresaron su decepción con silencio primero y luego con una de las ovaciones más extravagantes que se recuerdan. Cuando Ole Gunnar Solskjaer sustituyó a Fred, su pivote, para introducir al mediapunta Donny van de Beek, el aplauso fue general. Con el partido zanjado, con 0-2 en contra a falta de diez minutos después de una hora larga de abrumador dominio del vecino, y ante la evidencia de que las probabilidades de ganar la Premier se desvanecían. La gente declaró su hartazgo del modo más sutil posible: aplaudiendo con rabia la entrada de un jugador de ataque, por fin, una modesta enmienda a cargo de un técnico completamente perdido en el remolino de la crisis.

Solskjaer contemplaba el pasaje con ojos enrojecidos. Esta semana se había sumado a la larga fila de entrenadores que creen que acumular defensas frente a su portero es la forma más sencilla de reparar averías en la coraza de sus equipos. Como los datos denunciaban que desde hacía medio siglo el United no recibía tantos goles, el noruego agregó un central a su línea de cobertura y donde habían cuatro se formaron cinco, y sobre los cinco, como si esto fuera una tarta, añadió la capa de pivotes seleccionados entre los más abnegados hostigadores de su colección, Fred y McTominay.

Aquella empanada táctica que pareció funcionar contra el decadente Tottenham hace una semana, fue lo mismo que zozobró en Bérgamo en Champions, el martes. Pero los síntomas de desmadejamiento no alteraron el plan. Solskjaer dobló su apuesta por los siete zapadores para recibir al Manchester City. Y el City, que venía de hilar dos partidos consecutivos sin marcar por primera vez desde que lo dirige Guardiola, no solo rompió su mala racha sino que además se adueñó del partido.

Bernardo Silva, Gundogan y De Bruyne fueron interiores y delanteros sucesivamente, en un intercambio de puestos que fluyó como el agua entre las rocas. Bajo la mirada atenta de Rodri, autor de una sublime serie de intercepciones y pases de orientación, los volantes llegadores actuaron sin pausa ni sobresaltos. Incontestables porque el United se organizó de tal modo que acabó encerrado en su área, donde encerrarse equivale a quedar expuesto a la lluvia. El equipo local comenzó por esperar en su campo con los siete zapadores, asignó a Bruno Fernandes el rol del enganche, y descolgó a Cristiano y a Greenwood para contragolpear. Pero desde el primer minuto descubrió que si sus defensas no robaban la pelota en el lugar adecuado, Bruno Fernandes no podría recibirla bien, y no habría forma de articular nada, ni siquiera un pelotazo para que corra Cristiano.

De derecha a izquierda, Wan-Bissaka, Bailly, Lindelof, Maguire y Shaw, se mostraron tan poco perspicaces en la anticipación y tan despistados para posicionarse, que el barullo que les armó Bernardo Silva entrando y saliendo de su zona bastó para desencajarlos definitivamente. En el minuto dos el portugués descubrió un hueco a la espalda de Fred y probó el primero de los ocho disparos que recibiría De Gea en los siguientes 45 minutos. Dos fueron a gol. El 0-1 por mediación de Bailly que desvió un centro; y el 0-2 porque lo remató el propio Silva con una acrobacia que no supo tapar Shaw ni contrarrestar De Gea. El portero español, que venía de hacer cuatro paradas espectaculares, se mostró aturdido en la defensa de su palo y metió el balón en su propia red. El segundo gol en contra del United se produjo en el último minuto del primer tiempo. Ominosa señal para los seguidores del United, progresivamente mudos.

Empate del Chelsea

Solskjaer sustituyó a Bailly por Jadon Sancho al cabo del descanso. El regreso al viejo 4-4-2 estabilizó al United pero no lo revitalizó. Simplemente suspendió su descomposición. Encerrados en una lata de conservas, los Fred, los McTominay, los Maguire y demás compañía debieron sentir que les faltaba el oxígeno. Sus gestos denunciaban la frustración de los jugadores que presienten que todos los esfuerzos que hagan serán en balde. Bruno Fernandes, que se había pasado la primera hora gritando a sus zagueros para que adelantaran la línea, permaneció impasible, dolorido y notoriamente cojo. Venía de sufrir la clase de marcajes que se reserva a los futbolistas cuando todo el juego de su equipo pasa por ellos.

El United estaba desahuciado cuando Solskjaer cambió a Fred por Van de Beek y el público estalló en la explosión de algarabía más patética de la temporada en el viejo Teatro de los Sueños.

Del otro lado, reinaba el guateque. “¡Olé-Olé-Olé-Olé; Olé-Oleeeee, Olé-Olé-Olé-Olé; Olé-Oleeeee...!”, cantaban los 4.000 seguidores del City desplazados al campo ajeno. Fue el irónico homenaje de los rivales a Solskjaer, el entrenador rival, Ole para los amigos, cada vez más desorientado y cuestionado en un club cuya directiva asiste paralizada al derrumbe.

“Hemos dado un gran paso atrás”, lamentó Solskjaer, tras el partido. La derrota sitúa al United en quinta posición, última frontera de los puestos europeos. En cuanto al City, el partido sitúa al equipo de Guardiola en el segundo puesto de la Premier con 23 puntos. Premio duplicado como consecuencia del empate del líder, el Chelsea, que se estanca en 26. El equipo de Tuchel no superó el 1-1 ante el Burnley en Stamford Bridge.

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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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