La ‘Checomanía’ en México

Sergio ‘Checo’ Pérez, piloto de Red Bull, se ha convertido en un héroe nacional y en un imán para la expansión de la Fórmula 1 en su país tras una carrera forjada en la adversidad

Checo Pérez saluda a los aficionados en un evento realizado sobre Paseo de la Reforma, la principal avenida de Ciudad de México.
Checo Pérez saluda a los aficionados en un evento realizado sobre Paseo de la Reforma, la principal avenida de Ciudad de México.Hector Vivas (Getty Images)

En México, un país de más de 126 millones de habitantes, los deportistas que se han comido el mundo han sido contados. Julio César Chávez y Canelo Álvarez en boxeo, Ana Guevara en atletismo y Lorena Ochoa en golf; los futbolistas Hugo Sánchez y Rafael Márquez… En esa pequeña mesa se ha ganado un lugar privilegiado el piloto de Fórmula 1 Checo Pérez, con una carrera forjada desde la adversidad.

México vive estos días sumido en la Checomanía. El crecimiento del piloto de Red Bull logró que la Fórmula 1 regresara al calendario del país en 2015. Desde entonces, el Gran Premio mexicano, que se celebra este domingo, ha sido toda una fiesta que encumbra a su piloto con ganancias para el país de más de 600.000 dólares anuales (unos 520.000 euros). La cita ha sido premiada cinco años consecutivos como el mejor evento del Mundial de F-1. Esta semana, un evento público sobre la avenida más importante de la capital, el Paseo de la Reforma, congregó a más de 100.000 personas para apoyar al piloto de casa.

A Checo Pérez se le ha tratado como un héroe en su país incluso antes de llegar a Red Bull. Todo tipo de publicidad con la imagen del piloto ha inundado desde entonces las calles de Ciudad de México. De piñatas del coche del piloto a monigotes de cartón e incluso la voz de Checo Pérez en el GPS. Las principales arterias de la capital tienen, al menos, un anuncio sobre Checo Pérez. Para la cita de este domingo se esperan cerca de 200.000 visitantes, un gancho para el turismo, la primera gran fiesta tras una pandemia que ha dejado más de medio millón de muertos en el país.

Sergio Checo Pérez (Guadalajara, Jalisco, 31 años) creció en una familia que intentaba vivir del automovilismo. Su padre, Antonio, había sido campeón de un torneo local en 1987 y le motivó para subirse a los go-karts junto a su hermano Toño. El presupuesto siempre fue limitado, así que todo pasaba por sumar inversores. Ahí entró el magnate Carlos Slim, considerado durante años el hombre más rico del mundo. “Juntos trabajamos en el nacimiento de la escudería Telmex. Cuando le pedí a Slim que ayudara a mis hijos pidió manejar las carreras y que me retirara. Sabía que estaban en las mejores manos”, cuenta el padre del piloto.

Bajo el amparo de la escudería Telmex, que representaba a la empresa de teléfonos de México propiedad de Slim, Checo Pérez empezó a buscar oportunidades en Europa. Escribió correos electrónicos a los equipos de categorías inferiores. Le rechazaron en varias ocasiones hasta que se hizo un lugar en la Fórmula BMW en Alemania. Se fue de casa a los 14 años, sin saber hablar inglés, ni mucho menos alemán. Vivió durante un tiempo en un garaje y luego en un restaurante. Según ha reconocido en un cortometraje de Red Bull, su crecimiento como piloto se vio frenado porque no podía comunicarse bien con su ingeniero. Checo, sin embargo, se aferró a su sueño.

Sobre el piloto mexicano planeó la crítica de que había llegado a la Fórmula 1 a golpe de talonario. Los pay drivers son aquellos pilotos que escalan a la F1 con fuertes inversiones a las escuderías, como Lance Stroll en Aston Martin, que es hijo del empresario de la moda Lawrence Stroll. En el caso de Checo fue Slim el que abrió la puerta para que más inversores mexicanos se sumaran al proyecto. El resto quedó en manos del talento de Checo.

“No es el mejor piloto del mundo, pero es uno de los mejores. Aprende bastante rápido”, considera Carlos Jalife, historiador mexicano de la Fórmula 1. “Tiene un gran aguante y mucha fe en sí mismo. Creyó en que algún día le darían el asiento que él merece”, explica Jalife. Pérez se forjó en las categorías menores hasta ganarse un lugar en Sauber en 2011, como parte de la academia de pilotos de Ferrari. En su segunda temporada ya se había subido al podio en tres ocasiones.

El talento del mexicano llamó la atención de McLaren, que había visto partir a su gran campeón, Lewis Hamilton. El mexicano aceptó cambiar de escudería en 2013, pero le tocó vivir un año esperpéntico con un auto que no le favoreció y con el desdén de los directivos. La llama de Checo Pérez se apagaba hasta que se hizo con un puesto en Force India. Ahí labró su reputación como uno de los mejores pilotos en la parrilla media, es decir, siempre detrás de los Mercedes, Red Bull y Ferrari.

En 2020, al mexicano le cortaron del equipo Racing Point, preferían contar con Stroll y con el excampeón Sebastian Vettel. Pérez meditó su retirada de la Fórmula 1 ante los escasos lugares disponibles. Se dedicó a disfrutar la que iba a ser su última temporada y, sin presión, en una carrera inédita en Shakir (Baréin), Pérez ganó por primera vez en la F-1 pese a ir último. Fue la carrera soñada. Esa actuación, sumada a todo su meritorio kilometraje, llamó la atención de Red Bull.

El equipo de la bebida energética le fichó por encima de todos los pilotos de su academia. Le ofrecieron ser el número dos de Max Verstappen para ayudarlo a ganar el campeonato. En 2021, Pérez ha subido cuatro veces al podio, con una victoria en Azerbaiyán, y su compañero lidera el mundial. “Checo pega más fuerte de lo esperado. Es tener un mexicano ganador donde normalmente tenemos perdedores, como en el fútbol donde no pasamos de octavos en el Mundial”, completa Jalife: “Es una imagen aspiracional para que los mexicanos vean que se pueden lograr cosas. Basta con ver de dónde vienen los Pérez”, concluye el padre del piloto.

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Sobre la firma

Diego Mancera

Es portadista de EL PAÍS América y periodista de la edición mexicana desde 2016. Está especializado en temas de deportes. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Vive en Ciudad de México.

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