Eddie Howe, el mito del joven prodigioso

A falta de Emery, el Newcastle ficha al entrenador inglés más prometedor de la Premier

Eddie Howe, durante un partido de Premier la temporada pasada con el Brighton.
Eddie Howe, durante un partido de Premier la temporada pasada con el Brighton.Peter Powell (Reuters)

Eddie Howe, el legendario joven prodigio de los banquillos, candidato en el imaginario de los aficionados a suceder a Bobby Robson, Brian Clough, Don Revie, Bob Paisley y Alf Ramsey en el escasísimo panteón de los grandes entrenadores que ha producido Inglaterra, se ha convertido en el mánager con más respaldo financiero del mundo. Su fichaje este lunes por el Newcastle United, el club propiedad del Fondo Público de Inversiones de Arabia Saudí, le sitúa en el eje de un proyecto avalado por un billón de euros.

Cuentan que Amanda Staveley, Mehrdad Ghodoussi, Jamie Reuben y Yasir al-Rumayyan, el nuevo consejo directivo del Newcastle, celebraron un último casting el domingo 31 de octubre. Después de cribar una larga lista de entrenadores para ocupar el banquillo que ocupó Steve Bruce hasta que lo echaron, el abanico de candidatos para encabezar se quedó en dos nombres: Unai Emery y Eddie Howe.

Según filtraron a los medios británicos los participantes de la selección, acabaron inclinándose por Emery en virtud de su caché, no de su exposición telemática. Mientras que el técnico del Villarreal habló de manera, al parecer, genérica, Howe acudió a la cita con un plan muy detallado que incluía posibles fichajes en el próximo mercado de invierno, a donde el club acudirá con 200 millones de libras, y una idea clara del modo en que organizaría al equipo para salir de una crisis histórica. Nunca desde su fundación en 1892, el Newcastle había consumido los primeros 11 partidos de la temporada sin ganar ni uno. Clasificado en 19ª posición en la Premier, el equipo se hunde a cinco puntos de los puestos de la permanencia.

Yasir al-Rumayyan, el gobernador del fondo de inversión saudí, que ahora oficia de presidente del club, se sintió más cómodo apostando por Emery. Prefirió a un entrenador con títulos europeos que ahora dirige en Champions antes que a Howe, cuya última estación profesional le había pillado bajando de categoría al Bornemouth después de cinco años en la Premier.

Solo la negativa final de Emery devolvió a Howe al primer plano. Su presencia el pasado domingo en el estadio del Brighton & Hove Albion despejó las dudas. Hasta allá se desplazó Howe para ver a su futuro equipo arrastrarse detrás de la pelota en jugadas que trenzaron hasta 46 pases sin que ningún futbolista del Newcaslte pudiera cortar la transmisión. “¡Olé, olé, olé…”, cantaba la hinchada en el Falmer Stadium.

“Tenemos mucho trabajo por delante”, advirtió Howe, cuando le presentaron este lunes en St James Park. A sus 43 años, acababa de dar el paso más esplendoroso en su carrera. Pero no el más glorioso.

Howe fue defensa del Bournemouth hasta que una lesión le obligó a abandonar el fútbol, en 2007. En 2009, el club le volvió a contratar, pero esta vez como entrenador. Tenía solo 31 años. Era el más joven de los técnicos de las ligas profesionales inglesas y las condiciones que encontró no pudieron ser peores. El Bournemouth estaba en concurso de acreedores. Intervenido en las oficinas y hundido en el fondo de la Cuarta División, la última de las categorías profesionales. Penalizado por impagos, le habían restado 17 puntos y sucumbía en puestos de descenso en una frontera cuyo traspaso le condenaría a la desaparición. Con Howe al mando, el Bournemouth no solo escapó a su destino negro. Comenzó a ascender. En 2015 se consagró campeón de la Championship, la Segunda División, y ascendió a la Premier. Allí permaneció durante cinco campañas en las que consiguió sucesivamente los puestos 16º, 9º, 12º, 14º y 18º.

El código

Si Bournemouth era un pedregal, Howe dio la vuelta hasta la última china. Su entusiasmo y espíritu creativo consagraron una época. Los medios de comunicación ingleses alumbraron al ídolo vernáculo que tanto habían esperado entre tanto técnico de ultramar. Lo calificaron de estajanovista, se admiraron de sus horarios de trabajo, cronometraron su entrada a las instalaciones a las 6.30 cada día de entrenamiento, y destacaron su carácter obsesivo. Él mismo contó que consumía las horas grabando vídeos de entrenamientos y partidos que luego editaba en versiones cortas con mensajes individualizados para cada jugador, además de confesar que su gran sueño era elaborar una especie de código. Para ello, empleaba un complejo archivo clasificado con páginas de colores en el que diariamente detallaba sus charlas y sus sesiones de entrenamiento según una variada casuística.

“Lo que más le entusiasmaba era el trabajo de campo”, recordó Simon Francis, uno de sus jugadores, en The Athletic. “Ensayábamos sus simulaciones de jugadas y luego se reproducían en los partidos. Nunca por casualidad”.

Impulsado por el afán de aprender y de divertir, siguió un método según el cual puntuaba cada ejercicio de cada futbolista en una clasificación que la plantilla elaboraba cada día a lo largo de la temporada, de modo que cada jugador, en cada rondo, en cada ejercicio, sentía que competía por algo. Durante unos años, el Bournemouth practicó un fútbol entretenido para los hinchas y para los jugadores implicados. Bajo el mando de Howe florecieron Callum Wilson, Natan Aké y Aaron Ramsdale, entre otros.

Exaltado por su melena pelirroja lo mismo que por su ingenioso empleo del big data, Howe se convirtió en el niño mimado de la industria del fútbol inglés. Pronto figuró en las listas de posibles fichajes del Liverpool, el Everton, el Arsenal o el Tottenham. El descenso del Bournemouth, en la pasada primavera, puso fin al idilio. Durante unos días, incluso Emery se le colocó por delante. Finalmente, este lunes, el Newcastle con el proyecto más desaforado de su historia, se decidió a darle una oportunidad a la altura del mito.

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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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