Champions League - Grupo e - jornada 5Así fue
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El juego sin gol retrata al Barça

La falta de delanteros que finalicen el trabajo de los centrocampistas condena a los azulgrana, que empatan ante el Benfica y viajarán a Múnich con la clasificación en el aire

El guardameta del Benfica, Vlachodimos, intenta despejar un balón colgado al área en presencia de Busquets y los defensores del conjunto portugués.
El guardameta del Benfica, Vlachodimos, intenta despejar un balón colgado al área en presencia de Busquets y los defensores del conjunto portugués.NACHO DOCE (Reuters)

Al Barça le sobran las porterías del Camp Nou. No tiene jugadores que rematen ni que marquen la diferencia sino que es un equipo lleno de futbolistas prometedores que desfilan como aplicados escolares formados en la Masia. No admiten comparación académicamente, reconocibles en la cancha y en el comedor, aplaudidos hasta en Pekín. La actitud es igualmente irreprochable y se ofrecen valientes en un momento crítico en el Camp Nou. Nadie duda de que defienden el estilo del Barça. No hay, sin embargo, quien meta un gol ni por casualidad en el equipo de Xavi. Los azulgrana, con siete puntos, necesitan ahora vencer en Múnich al Bayern en la última jornada si el Benfica, con cinco, gana en Lisboa al Dinamo. Un empate o derrota de los portugueses clasificaría a los barcelonistas al margen de su resultado.

BCNBarcelona
Barcelona
0
Ter Stegen, Ronald Araújo (Eric Garcia, min. 85), Piqué, Clement Lenglet (Sergiño Dest, min. 85), Frenkie De Jong, Alba, Yusuf Demir (Ousmane Dembélé, min. 65), Busquets, Depay, Pablo Páez Gavira y Nico González
BEN Benfica
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Benfica
Vlachodimos, André Almeida, Vertonghen, Otamendi, Julian Weigl, João Mário (Taarabt, min. 58), Grimaldo (Seferovic, min. 80), Gilberto Junior, Everton (Pizzi, min. 69), Rafa Silva (Lazaro, min. 69) y Yaremchuk (Darwin Núñez, min. 58)
Goles
Árbitro Sergey Karasev
Tarjetas amarillas Grimaldo (min. 35), João Mário (min. 48), Piqué (min. 48), Vlachodimos (min. 91) y Taarabt (min. 94)

La jovialidad e ingenuidad azulgrana contrastó con la madurez y oficio del Benfica. Los portugueses aguardan tranquilos al Dinamo de Kiev mientras los barcelonistas se la jugarán en el campo del Bayern. Apostar por el Barça en Múnich es difícil después de que no resolviera su clasificación para octavos con un triunfo ante el Benfica. El empate fue un chasco después del laborioso partido de los jóvenes del Barcelona, un equipo tan bravo como afeitado, más impulsivo que clarividente, todavía estéril en un período de reconstrucción después de recuperar la identidad con Xavi.

El técnico ha cambiado el humor del Barça. Las imágenes dan fe de que hay alegría en los entrenamientos, las encuestas avalan la ilusión de los aficionados, ya no se murmura del entrenador en el palco, la prensa vende optimismo y hasta lesionados como Dembélé se apuntan a los partidos más exigentes por si es menester un último esfuerzo en el Camp Nou. Xavi sonríe, toca, habla de autoestima y agita a un equipo que se aburría y aborrecía a la gente en partidos diseñados para atraer a los turistas que no tenían miedo de viajar a Barcelona.

Xavi no juega con tres centrales sino con un 3-4-3. La firma es decisiva para evaluar a un entrenador y al excapitán se le vincula con Cruyff y con Guardiola y con aquel dibujo revolucionario que aparecía en las noches que demandaban una actuación solemne en los tiempos del Dream Team y no con el dibujo desesperado de entrenadores desengañados del Barça. El plan evoluciona con Xavi. La declaración de intenciones, sin embargo, no soluciona los defectos estructurales expresados en los dos goles marcados en cinco partidos de Champions.

Los azulgrana intentaron jugar como una unidad, dinámicos en el ataque y en el repliegue, rápidos e intensos en su arranque ante el Benfica. El Barça quería generar juego por fuera con Demir y Jordi Alba y por dentro con De Jong, Nico y Gavi mientras Araujo, Lenglet y Piqué cerraban por detrás de Busquets. La presión funcionaba mejor que la elaboración a la espera de que se enganchara Memphis. Al equipo le cuesta acabar la jugada, profundizar y meter el último pase, generar ocasiones ante cualquier contrario, muy inofensivo, también frente al Benfica. Apretados por los azulgrana, a los portugueses les costaba salir del medio campo, alejados de las porterías, también de la de Odysseas.

Jorge Jesús debió reparar en el partido del Espanyol. La táctica consiste en aguantar hasta que el Barça se consuma, derrengado por el esfuerzo, incapaz de generar peligro y desequilibrio, falto de Ansu. El juego atrevido, potente y hasta fino de Gavi y Nico no siempre encuentra continuidad en los extremos y Memphis. Alcanzada la media hora, solo Alba exigió al portero después de que tampoco atinara Demir. Las concesiones defensivas, en cambio, siguen siendo clamorosas: al Benfica le bastaron dos saques de esquina para atemorizar al Barça.

Ter Stegen le sacó un remate de gol a Yaremchuck y acto seguido el linier anuló un gol de Otamendi. La hinchada intentaba resguardarse del miedo y del aguacero cuando compareció Demir. El extremo austríaco, titular por delante de Coutinho en ausencia de Ilias y Abde, reclamó sin parar el calor de los 49.500 aficionados después de rematar a la cruceta derecha.

El encuentro recuperó pronto el guion del derbi hasta el punto que la salida de Darwin Núñez recordó los momentos de Raúl de Tomás. La pelota iba de portería a portería sin parar hasta que compareció Dembélé. El francés absorbió el juego por momentos y obligó a parar al Benfica después de un centro para De Jong que neutralizó espectacularmente Odysseas. Jorge Jesús no tardó en doblar el flanco izquierdo para frenar a Dembélé y el encuentro recuperó un cuerpo a cuerpo que superó al desfondado Memphis. La dimisión del neerlandés fue tan reprobable como el triunfo de la clase de Nico y Gavi y el empeño de Araujo, derrengado por un gol anulado en pleno ataque del Barça y contrataaque del Benfica, que perdonó por dos veces ante Ter Stegen. Las porterías encogieron con la lluvia del Camp Nou.

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Sobre la firma

Ramon Besa

Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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