Kyrie Irving y el desconcierto de las leyes de la covid

El base de los Nets, contrario a la vacunación, vuelve en la NBA tras el veto de su equipo, pero solo podrá jugar fuera de casa

Kyrie Irving, durante el partido de su reaparición entre Indiana y Brooklyn.
Kyrie Irving, durante el partido de su reaparición entre Indiana y Brooklyn.ANDY LYONS (AFP)

Mientras la NBA dedica un febril y descomunal esfuerzo a paliar los efectos de la escalada de contagios de la covid-19, Kyrie Irving, el jugador que se posicionó contra las vacunas y que continúa sin inocularse, ha regresado a la competición. Lo hizo el miércoles en el partido que Brooklyn Nets, su equipo, ganó en la cancha de Indiana por 121-129.

El caso de Irving ilustra muchas de las contradicciones que afectan a los ciudadanos y en particular a los deportistas en relación con la pandemia. Si Irving no había podido jugar esta temporada no fue porque se lo impidiera la NBA que, eso sí, exige estrictos protocolos especialmente a los jugadores no vacunados —un 97% lo están—, sino porque las autoridades sanitarias de Nueva York, a diferencia de las de otros estados, requieren la pauta a quienes acceden a un pabellón cerrado con afluencia de público.

Los Nets sabían de antemano que no iban a poder contar con Irving en algo más de la mitad de los partidos programados, puesto que tampoco podría jugar en la cancha de los Knicks ni en Toronto, porque Canadá exige la vacunación al entrar en el país. Brooklyn decidió en primera instancia apartar a Irving de la disciplina del equipo. “Su elección restringe su disponibilidad. No permitiremos que ningún componente de la plantilla esté solo disponible a tiempo parcial”, justificó el 12 de octubre el director deportivo de los Nets, Sean Marks, para dejar de lado a Irving. Pero las bajas, muchas de ellas por contagios de la covid, se acumularon en el plantel de los Nets durante diciembre. El día 18, rectificaron. “Hemos llegado a esta decisión con el apoyo total de nuestros jugadores y después de una cuidadosa consideración de nuestras circunstancias actuales, incluidos los jugadores que se pierden partidos debido a lesiones y protocolos de salud y seguridad. La incorporación de Kyrie no solo nos convertirá en un mejor equipo, sino que también nos permitirá equilibrar de manera óptima la demanda física de toda la plantilla”, justificaron. En diciembre entraron en el protocolo de seguridad contra la covid 247 jugadores y 12 entrenadores y la NBA ha tenido que aplazar 11 partidos.

Irving tuvo que retrasar su incorporación al equipo porque el primer día dio positivo en la prueba de la covid. Por fin, después de haberse perdido los 35 partidos que habían disputado los Nets esta temporada, reapareció el miércoles en el Gainbridge Fieldhouse, la cancha de los Pacers. No podrá disputar los 21 partidos que le quedan por disputar a los Nets en casa durante la fase regular y tampoco aquellos que acoja el Barclays Center en los playoffs, mientras las leyes sanitarias de Nueva York no cambien. Los Nets ocupan la segunda plaza en la Conferencia Este con 24 victorias y 12 derrotas, por detrás de Chicago Bulls, que suman 25 triunfos.

Tras el partido, en el que anotó 22 puntos, Irving respondió con ambigüedad a la pregunta sobre si reconsideraría su negativa a vacunarse. “Es algo que contemplo día a día. No es una situación ideal, y siempre rezo para que las cosas se resuelvan y podamos llegar a un acuerdo colectivo”, dijo. En octubre fue más contundente: “Elegí no estar vacunado, y esa fue mi elección. Y les pediría a todos que respeten esa elección”. El jugador estadounidense, nacido hace 29 años en Melbourne, se convirtió en un símbolo para los que se oponen a ser vacunados. Un grupo de personas se manifestó en octubre contra la obligatoriedad de las vacunas a las puertas del Barclays Center y gritaron consignas en favor de Irving.

Magic Johnson, leyenda de los Lakers, le criticó entonces: “Dijo que iba a estar ahí para sus compañeros, pero es algo que no puede hacer si no está vacunado. Les está fallando y eso afecta a sus posibilidades de ganar un campeonato. Yo nunca haría eso a mis compañeros”.

Charles Barkley, exjugador y ahora comentarista de televisión, tildó a Irving de egoísta: “No es algo personal. No te vacunas solo para ti. Primero te vacunas para tu familia, luego te vacunas para tus compañeros de equipo”. Irving tiene dos años más de contrato a razón de 30,2 millones de euros esta temporada y 31,5 millones la próxima.

Una personalidad muy especial

La terca actitud de Irving no sorprende tanto si se atiende a su personalidad y a alguna de sus extravagantes creencias. Pero no conviene meterlo todo en el mismo saco. Muchos le pusieron cruz y raya cuando en 2017 defendió que la Tierra es plana. Sus explicaciones lo desacreditaron todavía más. Extrajo su teoría de una “investigación” en Instagram, confesó. En octubre de 2018 pidió perdón. Dijo que expresó su teoría como diciendo: “Soy un gran teórico de la conspiración”. Es también una persona comprometida con muchas causas. Trata de desafiar, aseguran, la forma en que se controla a la sociedad. “Kyyrie quiere ser una voz para los que no tienen voz”, apuntó en octubre uno de sus amigos. La pasada temporada, cuando era el vicepresidente del sindicato de jugadores, se opuso frontalmente a la reanudación de la Liga tras la pandemia teniendo en cuenta la convulsa situación del país después de que la policía asesinara a Breonna Taylor y a George Floyd en marzo y mayo de 2020. Y una vez que se reanudó la Liga en la burbuja de Orlando, emergió como una figura central por lograr que dedicara al máximo sus esfuerzos en favor del movimiento Black Lives Matter.

Adquirió una casa para la familia de George Floyd. Durante la burbuja de la Liga femenina, la WNBA, donó 1,5 millones de dólares a las jugadoras que no pudieron competir en Bradenton (Florida). Pagó la deuda de los estudiantes de la Universidad de Lincoln. Financió 250.000 comidas durante la pandemia en Nueva York. Donó miles de dólares a los Sioux, se implicó en su lucha contra un oleoducto en Dakota y se tatuó su logo en el cuello. En 2018, la tribu bautizó a Irving con el nombre de Pequeña Montaña. Su madre, Elizabeth, descendiente de los Sioux, murió cuando Irving tenía cuatro años.

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Sobre la firma

Robert Álvarez

Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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