El Barcelona no se abanica para ganar su novena Copa del Rey de balonmano seguida

Los azulgrana, que perdían por cuatro al descanso ante un fantástico Granollers, sufren de lo lindo para mantener su reinado absoluto en España (30-26)

Dika Mem lanza a puerta en la final de la Copa contra el Granollers, este domingo en Antequera.
Dika Mem lanza a puerta en la final de la Copa contra el Granollers, este domingo en Antequera.Álvaro Cabrera (EFE)

El Barcelona ganó como siempre en España en la última década, pero sufrió como pocas veces. Como nunca, probablemente, en el último lustro para alzar un título. No pierde una corona nacional desde 2013; sin embargo, su novena Copa del Rey seguida le exigió de lo lindo. Se marchó al descanso con el susto metido en el cuerpo (11-15) ante un fantástico Granollers y debió apretar las tuercas hasta el último segundo. Un parcial de 19-11 en la segunda mitad, decidida en un gran arranque azulgrana, dejó las cosas donde estaban (30-26), donde todo el mundo esperaba, prolongando el dominio absoluto de los culés en el terreno ibérico, aunque con mucha miga en la trama.

Ya sufrió para despachar al Anaitasuna en cuartos y la final confirmó que el Barça ya no siempre puede abanicarse en España. Al menos, hasta ahora esta temporada. Después de un curso perfecto (61 triunfos sin fallo, con Champions incluida), el cambio de ciclo operado en el Palau con las salidas de Xavi Pascual, David Barrufet, Raúl Entrerríos, Palmarsson, Kevin Moller o Casper Mortensen, y la llegada al banquillo de Antonio Carlos Ortega de la mano de Joan Laporta y Enric Masip, ha dado lugar a un dominio no tan apabullante en España y con algunos traspiés en el extranjero (perdió la final del Mundialito, cayó en tres encuentros de la fase de grupos de la Champions y empató otros dos). Un dato: este fue su octavo encuentro que vence por menos de cinco dianas en territorio nacional cuando el año pasado todos los duelos se los llevó por más diferencia. Su hegemonía en la Liga nadie la discute y, salvo giro imprevisto, aún le queda correa; tampoco su favoritismo en el resto de torneos; pero las distancias con algunos equipos ya no son siempre tan grandes y se ha abierto la vía a pensar que una sorpresa puntual es posible en este tramo del trayecto. No es mucho, pero hace unos meses era algo inimaginable.

En la otra orilla, el Granollers prácticamente se garantizó el billete europeo (solo debe esperar a que el Barça ate el título liguero) y exhibió su gran balonmano de la mano de gente como Pol Varela, Antonio García, Chema Márquez, Esteban Salinas o Rangel Luan. Ya apuró hace menos de un mes a los azulgranas en el Palau en la Asobal y en la final de la Copa le agobió todavía más. La fatiga y la inevitable falta de armario, el gran déficit de ese segundo pelotón que aspira a romper la racha, le alejaron en la segunda parte de dar el gran golpe. Ellos fueron los últimos, en 2018, que derrotaron al Barcelona en España en la pista (hace unos meses los culés perdieron en los despachos contra el Torrelavega por alineación indebida) y este domingo, en Antequera, durante un rato muy largo creyeron que la gesta era posible.

Ritmo lento

El Barcelona no tardó nada en saber que la tarde no iba a ser un paseo, y menos frente a un Granollers que venía amenazando. Excepto algunas paradas iniciales de Pérez de Vargas, el único afinado en el bando azulgrana era N’Guessan, protagonista de seis de los ocho primeros goles de su equipo. El resto de los culés sufría hipotensión y un enorme atasco en ataque. Al otro lado, un objetivo claro era bajar el ritmo del partido, que nada se desmadrara para impedir que el rival pudiera correr.

Y, a partir de ahí, la crecida y autoconvencimiento del Granollers fue continua. Pol Varela dirigía y anotaba (cinco de sus siete dianas fueron antes del intermedio), el corpachón de Esteban Salinas se movía con la habilidad de una anguila en el pivote, y bajo palos Rangel Luan se lo creía cada vez más. Tomó la primera ventaja (8-10 en el minuto 20), se adaptó bien al 5-1 defensivo del Barcelona y se estiró aún más hasta el descanso (11-15) con un parcial final de 0-4 que pudo ser más.

Esa máxima distancia llegó nada más regresar del vestuario (11-16), pero ahí se acabó la fiesta de los vallesanos. Pérez de Vargas y la defensa apretaron las tuercas, Cindric aceleró y N’Guessan recibió ayuda en la faena. Fueron 15 minutos de superioridad del Barça, pero suficientes. Del 11-16 se pasó en el minuto 48 al 23-18. Ya no mandaba Pol Varela, muy apagado desde el intermedio, a Salinas le costaba, Rangel Luan no se hacía ver tanto bajo palos y aparecieron las pérdidas.

La mejoría atrás permitió a los azulgranas correr, y ahí nadie les puede echar el lazo. Un parcial de 7-0 anticipó el desenlace, aunque el Granollers todavía quiso dar la última réplica. Chema Márquez, un tipo de va siempre por derecho y no se rinde ni a tiros pese a su evidente agotamiento, colocó a los suyos a dos a falta de cinco minutos (25-23) y obligó al Barça a estar alerta hasta el último segundo. No aflojaron los culés, que tampoco pudieron abanicarse como acostumbraban hasta hace poco. Un título con letra pequeña.

Barcelona, 30 - Granollers, 26

Barça: Pérez de Vargas; Aleix Gómez (7, 5p), Mem (2), Fabregas (2), Petrus (2), N’Guessan (8) y Ángel Fernández (2) —equipo inicial—; Maciel (ps), Janc, Martí Soler, Cindric (4), Makuc, Langaro (1), Ben Ali (2), Richardson y Ali Zein.

Granollers: Rangel Luan; Sergi Franco (-), Chema Márquez (8), Pol Valera (7, 1p), Antonio García (4), Adrià Martínez (1) y Esteban Salinas (6) —equipo inicial—; Varela (ps), Edgar Pérez, Gurri, Álex Márquez, Armengol, De Sande, Rey y Amigó.

Marcador cada cinco minutos: 1-2, 3-4, 7-7, 9-10, 10-12 y 11-15; 15-17, 17-18, 21-18, 23-19, 26-23 y 30-26.

Árbitros: Marín y García Serradilla. Excluyeron dos minutos a Langaro, Ali Zein, Janc, Antonio García, Amigó y Salinas.

Pabellón Fernando Argüelles de Antequera: unos 2.500 espectadores.


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