Sara Sorribes, o un elogio a la actitud

La valenciana sortea a Kasatkina (6-4, 1-6 y 6-3) y figura por primera vez entre las ocho mejores de la Caja Mágica, convirtiéndose en la cuarta española que lo logra

Sara Sorribes celebra la victoria contra Kasatkina en la Caja Mágica de Madrid.
Sara Sorribes celebra la victoria contra Kasatkina en la Caja Mágica de Madrid.JUANJO MARTIN (EFE)

Brinca en la central Sara Sorribes, puro júbilo. No es para menos. La valenciana de 25 años, todo fuerza y todo vigor, completa un plan que ha ejecutado a la perfección y que termina rindiendo a Daria Kasatkina, una rusa que pega, pega y pega, pero que choca contra el muro una y otra vez, y se tira de los pelos porque insiste, insiste e insiste, pero no encuentra la manera: 6-4, 1-6 y 6-3, en 2h 31m. La recompensa es para la que resiste, clasificada la española por primera vez para los cuartos de final del WTA 1000 de Madrid. Es un triunfo de casta, de paciencia y, sobre todo, de mucha actitud. Otro tributo al trabajo de Sorribes.

Son las señas de identidad de una tenista que sin hacer ruido viene creciendo y consolidándose en la segunda planta del circuito. El próximo lunes figurará entre las 40 mejores –de momento será la 36ª, con opciones de ascender más si vence este miércoles (20.00, Teledeporte y Movistar) a Jessica Pegula (7-5 y 6-4 a Bianca Andreescu– y se reafirma como una competidora espinosa, de esas a las que conviene evitar en el cuadro; más en tierra batida, donde su físico y su templanza durante el peloteo lucen más. Esta semana suma ya tres triunfos de mucho mérito: Anastasia Pavlyuchenkova (15ª), Naomi Osaka (36ª) y Kasatkina (23ª).

“Mi juego es difícil para las demás”, dice. “Ha sido uno de los partidos más duros que he jugado nunca desde el punto de vista estratégico, porque ella [Kasatkina] y yo jugamos de forma similar. He sufrido, pero en muchos momentos me he divertido”, añade antes de contar una anécdota: “El otro día me escribió Jennifer Brady [a la que impresionó el año pasado en tierras mexicanas] y le respondí con la misma frase que me dedicó ella: fucking animal! (¡j….. animal!). Significa mucho que el resto de las jugadoras te reconozcan”.

La temporada anterior ya había dejado pistas. Alcanzó los cuartos en Miami y Montreal, y elevó su primer trofeo individual en la élite, en Guadalajara (México). De todos modos, si hay un día que no olvidará nunca es el pasado 25 de julio, cuando batió en los Juegos de Tokio a la entonces número uno, Ashleigh Barty. Es su muesca más importante. Ahora progresa en Madrid, convertida en la cuarta representante española que consigue colarse entre las ocho mejores tras Anabel Medina (2013), Carla Suárez (2018) y Paula Badosa (2021).

De Riquelme al abuelo Pepe

“Estoy feliz con lo que tengo, yo necesito poco. No me preocupa si se me da más o menos valor. Simplemente me encanta disfrutar del día a día y concibo la vida así. Yo soy así”, dice tras un pulso absolutamente desgobernado, resumido en los 18 breaks que refleja la estadística.

Dirigida por Silvia Soler y Paco Fogués, empezó el torneo en una discreta segunda línea y queda como la única superviviente española. “¡Nunca había visto tantos periodistas!”, dice antes de abandonar la sala de conferencias y abordar el turno de dobles, sabiendo que difícilmente podrá ver el partido europeo del Villarreal –“lloré muchísimo con el penalti que falló Riquelme en 2006″– y que su abuelo Pepe, que la acompaña estos días, seguirá animándole desde la grada: “Ayer le pregunté: ¿llevas ropa de sobra en la maleta? Y me dijo: ‘¡No, pero aquí se puede comprar!”.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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