El golf está bañado en oro: de Tiger Woods a la liga saudí

La guerra entre LIV Golf y el circuito americano dispara aún más los premios en un deporte que este año sigue batiendo récords económicos

Fitzpatrick, con el trofeo del US Open logrado el pasado domingo.
Fitzpatrick, con el trofeo del US Open logrado el pasado domingo.ROSS KINNAIRD (AFP)

El golf cuenta dólar a dólar. La montaña de oro que la liga saudí ha puesto sobre la mesa ha sacudido los cimientos del deporte. La discusión ha mutado de si el juego se ha convertido en un concurso de pegadores, la irrupción de Scottie Scheffler como número uno del mundo o el juego corto de Jon Rahm a cuánto ganan los golfistas y cuánto más van a ganar. A la oferta saudí de 255 millones de dólares en premios por ocho torneos entre junio y octubre respondió el miércoles por la noche el circuito americano, PGA Tour, con la única contraoferta posible: sacando la chequera. Para evitar una mayor fuga de estrellas a la competencia (Dustin Johnson, Phil Mickelson, Sergio García, Brooks Koepka, Bryson DeChambeau y Patrick Reed ya han cambiado de bando), el comisionado del PGA, Jay Monahan, engordó la bolsa que ocho torneos repartirán en 2023. El Arnold Palmer, por ejemplo, pasará de 12 a 20 millones; el Players, de 20 a 25. Además, se reformulará el calendario para premiar a los mejores con fases finales más jugosas y nacerán tres citas nuevas para que la élite se haga más rica.

La onda expansiva de la liga saudí, LIV Golf, provocará que el golf se convierta en un deporte mucho más lucrativo de lo que ya es. Es la ley del mercado. Y los jugadores han aprovechado la aparición de un gigante que les promete llenarles aún más los bolsillos para pedir un aumento en la paga bajo la amenaza de un plantón. La jugada les saldrá rentable a unos deportistas que desde el advenimiento de Tiger Woods hace 25 años disfrutan de una disciplina muy bien retribuida. Los datos abundan en esta dirección. El estadounidense Scheffler ha ganado ya esta temporada, antes de que acabe junio, 12,8 millones de dólares solo en premios y sin contar ingresos publicitarios, salario por cuatro victorias (incluido el Masters de Augusta) y un puñado de puestos de honor. La cifra supera a lo que cualquier golfista se haya embolsado en una temporada completa en toda la historia. Jordan Spieth ingresó 12 millones en el curso 2015, segundo escalón en un listado en el que Tiger aparece en cuatro de los siete primeros puestos. “Nunca soñé con jugar al golf por tanto dinero. No sé cuánto he ganado este año, pero definitivamente es demasiado por golpear una pequeña bola blanca”, confiesa el mismo número uno mundial, de 26 años.

Otro dato sorprendente: Will Zalatoris, estadounidense de 25 años, se ha convertido en el golfista que gana más dinero en una temporada (y con el calendario todavía en junio) sin haber conseguido una sola victoria: 6,4 millones de dólares por tres segundos puestos, dos quintos, dos sextos... La comparación con el tenis, un deporte de estructura y organización similares, redunda en esta percepción de que el golf está bañado en oro. Frente a esos 6,4 millones de Zalatoris sin haber mordido un trofeo, Rafa Nadal, el tenista más exitoso del curso, ha ingresado esta campaña 5,7 millones en premios (sin contar cantidades fijas), por cuatro victorias con dos grandes incluidos. También en el Grand Slam comienzan a marcarse algunas diferencias. El balear ingresó 2,8 millones de dólares por su triunfo en Australia y 2,3 por su nueva conquista en Roland Garros. El inglés Matt Fitzpatrick se llevó a Sheffield un cheque de 3,15 millones por su éxito en el US Open, el mayor gordo en la historia de los majors de golf.

El cortejo saudí ha llevado a que el circuito americano y los grandes se rasquen el bolsillo. El US Open subió hasta esos 3,15 millones un talonario que el curso anterior firmó para el ganador, Jon Rahm, en 2,2 (y eso ya era el doble de lo que recibió Rory McIlroy en 2011). También el PGA ha rebuscado en la hucha para evitar la tentación a sus grandes referentes. Figuras como Rahm, McIlroy y Justin Thomas han jurado amor eterno al tour estadounidense, aunque es obvio que esa lealtad no le saldrá gratis a la casa madre. El comisionado Monahan ha echado mano de los ahorros y de apretar a los patrocinadores para mantener el pulso, aunque sabe que en esta subasta que parece ser ahora el golf tiene las de perder ante un rival de gasto ilimitado y que invierte a fondo perdido. “Si esta es una guerra y la única arma son los dólares, el PGA Tour, una institución americana, no puede competir con una monarquía que gasta miles de millones en el intento de comprar el golf”, explicó el miércoles, cuando dio a conocer los caramelos para mantener a la tropa contenta.

Jon Rahm y Tiger Woods, en el pasado Masters.
Jon Rahm y Tiger Woods, en el pasado Masters.Gregory Shamus (AFP)

Monahan conserva por el momento al top ten de la clasificación mundial. Pero la liga saudí va acercándose a esas posiciones. El aumento en los premios y los nuevos torneos le conceden un respiro al PGA, reforzado por discursos como el de Rahm en el US Open. “Yo podría retirarme ahora mismo con lo que he ganado y vivir una vida muy feliz y no volver a jugar al golf, pero juego por el legado y la historia, no por el dinero”, expresó el vasco, que en seis años de profesional ha ingresado 34 millones de dólares. McIlroy añadió: “No entiendo la decisión de jugadores que tienen una edad parecida a la mía [33 años], porque creo que mis mejores días todavía están por venir, y creo que también para los demás es así. Me da la sensación de que están tomando el camino más fácil”. El norirlandés, vencedor de cuatro grandes, colecciona 64 millones en la cuenta corriente. Entre los rebeldes, Phil Mickelson ganó 95; Dustin Johnson, 74; Sergio García, 54.

El origen del boom se remonta a 1997. Tiger Woods revolucionó el golf de tal manera en ese Masters de Augusta que no solo cambió el juego y la preparación de los atletas, sino que lo llevó a una dimensión muy por encima de la que tenía en cuanto al dinero: las audiencias crecieron tanto como el valor de los derechos televisivos, los patrocinadores entraron en una espiral de quién pagaba más para ser imagen del Tigre y los torneos multiplicaron su dotación. En 1991, antes de la era Woods, la media de ganancias en el circuito americano era de 146.000 dólares por curso y jugador, contando desde el puesto 1 hasta el 250; en 2021, el promedio fue de 1,48 millones. Se había multiplicado por 10. “Tiger es la razón por la que mis hijos, y los hijos de mis hijos, tienen la vida solucionada en el aspecto económico”, asume Rahm. Hoy, con los mejores años de Woods ya en la hemeroteca, la nueva revolución ha llegado de Arabia.

Pelotazo también en el circuito femenino

Los dólares no solo crecen en el circuito americano masculino. Este jueves ha comenzado el Campeonato de la PGA en el circuito estadounidense femenino, LPGA, y la bolsa de premios se ha duplicado hasta los nueve millones de dólares. La vencedora ingresará el domingo 1,35 millones, el doble de lo que Nelly Korda recibió cuando ganó el torneo en 2021.

El incremento es uniforme en los grandes. En enero, la USGA anunció que el US Women's Open pasaba de repartir 5,5 millones a 10. El Chevron Championship, el primer major del año, también subió su bolsa de premios, de 3 a 5 millones, y el Evian Championship, que se jugará en julio, de 4,5  a 6,5. En total, las golfistas del LPGA jugarán este 2022 por 97,1 millones de dólares, récord histórico. La española mejor situada en la clasificación mundial es Carlota Ciganda, en el puesto 51.

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Sobre la firma

Juan Morenilla

Es redactor en la sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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