Sergio García renuncia al circuito europeo y no podrá disputar la Ryder Cup

“No voy a jugar donde no me quieren”, afirma el golfista castellonense tras su marcha a la millonaria liga saudí

Sergio García, este domingo en la salida del hoyo 18 de Saint Andrews.
Sergio García, este domingo en la salida del hoyo 18 de Saint Andrews.Peter Morrison (AP)

Sergio García ha abierto la caja de los truenos en Saint Andrews. El castellonense entregó una tarjeta de +1 en la cuarta jornada del Open Británico (-2 en la general) y mientras la gloria se jugaba en esta histórica 150ª edición soltó la bomba: renuncia a ser miembro del circuito europeo y por lo tanto no podrá disputar sus torneos y la Ryder Cup, debido al conflicto del tour con la liga saudí por la que él ha fichado. “Tengo claro lo que voy a hacer. Sinceramente, yo quiero jugar donde me quieren, quiero sentirme querido y en estos momentos en el tour europeo no me siento así. Cuando Thomas Björn [jugador danés y capitán del equipo europeo de la Ryder en París 2018] viene en el BMW [torneo de Múnich que disputó recientemente] y nos dice ‘aquí no os queremos a ninguno, los jugadores no quieren que estéis aquí', no es bonito, y ya tengo una edad y unos sufrimientos como para estar aguantando tonterías así”, ha comentado García, de 42 años.

El Niño fue uno de los fichajes más sonados de la liga saudí, LIV Golf, junto a Dustin Johnson y Phil Mickelson, a principios de junio. Desde entonces, los rebeldes no han escapado del ojo del huracán. García renunció a continuar en el circuito americano poco antes de que el PGA Tour hiciera oficial que expulsaba de sus filas a todos los insurrectos, decisión que comunicó nada más comenzar en Londres el primero de los ocho torneos este curso de la liga de los petrodólares. El circuito europeo esperó a ver cómo se desarrollaba la partida de ajedrez y su castigo fue doble aunque más suave: una multa de 116.000 euros a los jugadores que se alistaron para la cita de Londres y la prohibición de disputar este curso los tres torneos que comparte con el circuito americano, Open de Escocia, Barbasol Championship y Barbacuda Championship. La sanción ha escocido a García, que entiende que después de 23 años de carrera profesional en el circuito europeo tenía el derecho y la libertad de aprovechar el ofertón de la liga saudí sin dejar de competir con sus viejos compañeros. Harto, ha decidido dar el portazo pese al dolor que le supone divorciarse de la Ryder.

“No te hacen sentirte bien. He dado más de media vida al tour europeo y sentir que porque tomes una decisión personal y profesional, porque por una vez en tu vida mires por ti sin dejar nada atrás, porque yo quería seguir con ellos, que te traten así... No merece la pena. Hay cosas que se pueden hacer de diferentes maneras y lo que están haciendo no es la mejor porque el tour europeo se va a transformar en el quinto del mundo”, explotó el castellonense. En los últimos días en Saint Andrews había repetido que se encontraba en un momento “mentalmente complicado” y que le costaba dormir. A las vueltas a su juego se unía el conflicto interior que este domingo ha exteriorizado. “Ahora voy a disfrutar lo que tengo, jugaré menos, estaré más en casa. Si no juego grandes, no juego grandes, tampoco me importa mucho. Me da pena por la Ryder, pero como estoy jugando, tampoco estoy para ir. Disfrutaremos de lo que tenemos, jugaremos donde nos quieren y los demás que hagan lo que deseen”, añadió.

La espantada deja a García con seis torneos más de la liga saudí por jugar este curso (el siguiente es en Nueva Jersey del 29 al 31 julio), a la espera de que la competición se amplíe a 10 citas el próximo año y a 14 el siguiente, y con la opción de alistarse en el circuito asiático. Adiós a la Ryder, cuya siguiente edición tendrá lugar en Roma en 2023, la competición en la que el español es un mito: seis títulos, máximo anotador histórico del torneo (28,5 puntos) y golfista con más partidos ganados (25). Así cierra también García un ciclo en el circuito europeo en el que ha sumado 16 victorias y ha amasado 31 millones de euros en premios. Y en el aire queda su participación en los grandes. El Niño solo tiene asegurado su concurso de por vida en el Masters, exención ganada por su victoria en 2017, pero Augusta aún no se ha manifestado sobre si mantendrá o no ese privilegio a los fugados a la liga saudí. De cara a los otros tres grandes dependerá de su lugar en la clasificación mundial, un listado en el que ha bajado hasta el puesto 68 porque los torneos de LIV Golf no puntúan (la petición de que cuenten como otras competiciones está en estudio).

La guerra sigue en los despachos mientras las víctimas se acumulan. García no es una más. El español con más grandes disputados (95, una victoria y 23 clasificaciones entre los 10 mejores), un bastión de la Ryder, ha caído. El ruido va en aumento: “Semanas como esta en Saint Andrews demuestran lo bonito que es el golf y es una pena que haya estas peleas. Entiendo las razones por las que la gente juega el LIV y es una pena que tengan que renunciar a su estatus de PGA Tour y European Tour cuando Sergio es alguien que ha dedicado su vida al circuito europeo”, ha comentado Jon Rahm. “Que le den la espalda de esa manera no me parece bien. Que tenga que tomar esta decisión me duele. El mejor evento que da publicidad al golf en el mundo es la Ryder y que por esta tontería haya jugadores como Sergio que no puedan jugar me enfada un poco más. Es el mejor jugador que Europa ha tenido. Es difícil de entender”, siguió el número tres del mundo, esperanzado en una negociación que conduzca a un acuerdo: “Espero que se sienten a hablar. Yo no pienso que de verdad los jugadores le están dando la espalda a los circuitos, es que aprovechan otra oportunidad porque hay más dinero. Me encantaría que se sentasen y encontrasen un modelo de golf en el que puedan coexistir, porque LIV Golf no se va a ningún lado. Ojalá dentro de poco tengamos cierta paz”.

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Sobre la firma

Juan Morenilla

Es redactor en la sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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