Una sequía de 120 etapas para el ciclismo español

Perico Delgado, Óscar Pereiro, Juanma Gárate y Josean Matxín explican el porqué de la falta de triunfos en las tres grandes vueltas desde 2020

Ion Izagirre se impone en la sexta etapa de la Vuelta Ciclista a España 2020.
Ion Izagirre se impone en la sexta etapa de la Vuelta Ciclista a España 2020.ANDER GILLENEA (AFP via Getty Images)

Ocurrió en la estación de esquí de Formigal (Huesca), en un día de rayos y truenos, con una lluvia que reclamaba chubasqueros y unas rampas que exigían piernas. Pero Ion Izagirre demarró a todos en las últimas cuestas y se llevó la sexta etapa de La Vuelta de 2020. Un triunfo para recordar, sobre todo porque el ciclismo español no ha repetido victoria de etapa desde entonces, ni en el Tour, ni el Giro ni tampoco en La Vuelta, 120 etapas de sequía. Pedro Delgado, conquistador de dos Vueltas (1985 y 1989) además de un Tour (1988), Óscar Pereiro, vencedor de otro Tour (2006), y los exciclistas Juanma Gárate, ahora director deportivo de EF Education y ganador de una etapa en cada grande, y Joxean Fernández Matxin, director deportivo de UAE, tratan de ofrecer una respuesta a semejante laguna.

La globalización. Un joven de Colombia, en un día cualquiera, apaga su GPS Garmin y, minutos más tarde, llega un mail con todos los datos registrados a muchos de los directores deportivos y equipos que le hacen seguimiento. “Antes, tenías que mandar un fax a alguien y que ese alguien tuviera ganas de leerlo y aún más ganas de enviarte su palmarés y recortes de periódico con sus éxitos. Ahora, el que está aquí es porque se ha visto rápido que tiene algo diferente”, explica Gárate como ejemplo de la globalización del ciclismo. “Es que ahora hay corredores de todo el mundo. En mi época y las siguientes, había muchos italianos, franceses, holandeses, belgas y españoles… Pero ya no estamos solos. Antes había 40 ó 50 corredores españoles en las grandes vueltas y se multiplicaban sus opciones”, argumenta Delgado. “Solo hay que mirar el último Tour, donde fuimos nueve [la cifra más baja desde 1972]. Y en el Giro pasado, 11″, interviene Pereiro, consciente también de que Mikel Landa acabó tercero en la general y Pello Bilbao y Juanpe López lo hicieron en el top-10. “Y si hay más en la Vuelta”, prosigue Pereiro; “es porque hay equipos españoles invitados. Todos hemos pasado por esos equipos para formarnos y para crecer, pero no tienen la calidad de un equipo World Tour”. Matxin apostilla: “Además, ahora no hay carrera que no tenga grandes corredores porque todos los puntos importan. Yates, por ejemplo, fue a Castilla León”.

Movistar, solo ante el peligro. En la élite solo está el equipo español de Eusebio Unzué, el Movistar. “Y las está pasando canutas para mantenerse en la categoría de World Tour”, recuera Pereiro. “Es un único equipo y eso se nota porque con más en la cima habría más oportunidades para los españoles”, señala Matxin. “Cuantos menos equipos tengamos, menos corredores a ese nivel podremos disfrutar”, agrega Gárate. Por lo que el talento español también se busca las habichuelas lejos de casa, sabedor de que competirá contra los mejores y, de paso, tendrá un mejor salario, por más que eso les haga perder su papel de protagonistas principales. “Tienen una función doméstica, para ayudar. El mejor ejemplo es Pello Bilbao (Bahrain), que es un ganador, pero está supeditado a Landa o algún otro crack”, remarca Delgado. “Lo mismo pasa con Omar Fraile o Castroviejo, que tienen esa proyección para ganar etapas, pero están donde están (Ineos) y es una jaula donde tienen que trabajar”, remata Pereiro.

Época de transición. Desde Perico Delgado hasta Valverde, el ciclismo español ha disfrutado de muchos brotes verdes con el laurel y el triunfo bajo el brazo. “Estamos en una transición porque veníamos de una época de ciclistas increíbles como Purito, Samuel Sánchez, Sastre, Freire, Valverde, Contador… Estábamos en la cúspide”, resalta Pereiro. “Es que estos ciclistas destacaban en todos los terrenos. Ha sido la época de oro del ciclismo español. Pero al desaparecer ellos, también lo han hecho los triunfos”, concede Delgado. “Son corredores que nos acostumbraron a ganar. Y ahora nos falta ese puncher, ese killer. Esto es cíclico”, amplía Matxin. Y añade otro dato: “Sucede que las fugas ya casi nunca llegan a buen puerto porque está todo informatizado”. Así lo ve Gárate: “Aquí ganar de casualidad es difícil y rematar una fuga más. Ya no hay etapas en las que el pelotón se desentiende porque los equipos con sprinters no fallan”.

Base empobrecida. En Francia se corren casi 4.000 competiciones al año y en España no se llegan a las 1.000, del mismo modo que los juveniles prefieren ir a Italia a competir que en España por el nivel. “¿Cuántas carreras tenemos?”, se lamenta Gárate; “además, cada vez se reducen los días… No es fácil para un organizador sacar carreras adelante porque la economía afecta”. Eso opina Pereiro: “Desde la crisis de 2008, las empresas, cuando vas a pedir dinero, te responden con un ‘la cosa está muy mal’. Es necesario que las empresas puedan ayudar al vivero”. Todos coinciden, sin embargo, en que Ayuso (UAE) y Carlos Rodríguez (Ineos) son el futuro. “Lo que llega es fuerte y halagüeño”, confirma Delgado; “no sé si para ganar etapas, pero sí para luchar por las grandes Vueltas. A esos dos añadiría Alex Aranburu (Movistar)”. Pero Matxin ofrece una teoría alternativa: “En España hay talento, pero emerge más tarde. Un danés o un noruego, como no tienen las competiciones que tenemos nosotros, corre a nivel continental desde nivel amateur, desde los 18 años. Esa formación, esa necesidad de ser competitivo, no la necesitan los españoles hasta llegar a profesionales. Y para mí, nuestra fórmula, con la precocidad que hay ahora mismo es peor”.

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