Carapaz llega, Evenepoel sigue

El ecuatoriano, escondido en la Vuelta a España como en esta jornada hasta los dos últimos kilómetros, se impone en una etapa en la que el líder exhibe de nuevo su superioridad

Richard Carapaz durante la duodécima etapa de la Vuelta a España disputada ese jueves entre Salobreña y Peñas Blancas.
Richard Carapaz durante la duodécima etapa de la Vuelta a España disputada ese jueves entre Salobreña y Peñas Blancas.Javier Lizon (EFE)

Como si de una selección natural se tratara, en esta Vuelta siempre se disputan la tostada los mismos. En esta ocasión, el demarraje bueno lo hizo Carlos Rodríguez cuando quedaban dos kilómetros a meta, gallardo él porque tras su rueda solo aguantaron los mejores, lucha entre los cinco primeros de la ronda española, los verdaderos aspirantes al podio, además de Supermán López. Cosquillas, en cualquier caso, para el maillot rojo Evenepoel, que aguantó los tirones para después tomar la delantera y controlar el cotarro hasta los últimos metros, cuando lanzó un esprint final que solo pudieron mantener Mas, Roglic y Ayuso.

En el mismo punto en el que Carlos Rodríguez advirtió de su inconformismo, Richard Carapaz explicó que sí que está en la Vuelta, hasta ahora escondido y sin piernas pero de nuevo en boca de todos. Su arrancada entre el grupo de fugados, ora mandíbula apretada, ora boca abierta en busca de aire, mirada asesina y pedaladas de fuego, le bastó para desgranar uno a uno a sus rivales y vencer la etapa. Así, Carapaz, que es de esos ciclistas que te priva de la siesta en el sofá por su ambición y espectacularidad, que de chico le pidió a su madre espinacas para ser tan fuerte como Popeye el Marino Soy, golpeó con rabia y emoción a su bicicleta para alzar los brazos y, raza pura, festejar su primer triunfo en una Vuelta. Aunque el laurel final será para otro, de momento Evenepoel como claro favorito, con Roglic y Mas como aspirantes, con Carlos Rodríguez y Ayuso a rebufo.

Ocurre que a Roglic no se le ve casi, incapaz de atacar, triste en carretera para lo que es él. Y eso que se despertó de buena gana, alegre y dicharachero con sus compañeros mientras desayunaba en el Hotel Avenida de Almería, todavía despeinado y con chanclas, al fin sin mascarilla porque tocaba comer. Lógico si se tiene en cuenta que ya son 22 los corredores que se han tenido que ir a casa antes de tiempo, entre ellos figuras reseñables como Simon Yates (iba quinto en la general), Pavel Sivakov (9º) y Sam Bennett, que venció dos etapas en Holanda cuando se abría el telón de la Vuelta. Tras el desayuno, Roglic, sabedor de que le esperaba la batalla, la subida a Peñas Blancas, 19 kilómetros con una pendiente media del 6%, se marchó a su habitación, individual porque los equipos han extremado las precauciones. Así lo explicó Evenepoel: “En una gran Vuelta lo ideal es tener a la familia cerca, especialmente en los días de descanso. Pero este año no lo estamos haciendo, han convertido al equipo en una gran burbuja”. La covid, en cualquier caso, es el aliado idóneo para las fugas, ahora jugosas a más no poder.

Resulta que los equipos punteros, como Quick-Step, Jumbo e Ineos, han perdido ciclistas por la criba de la covid. “No habrá mucho control desde el pelotón y habrá muchas oportunidades para que llegue la fuga. Van a empezar a haber dos carreras, la de la fuga y la de la general”, preveía Sergio Higuita (Bora) antes de arrancar la etapa. No falló. Y, aunque se dieron varias intentonas de escaparse, fueron 32 corredores los que de repente apretaron el turbo para dejar a los demás en el retrovisor. Mordisco a mordisco, la ventaja se fue ampliando, pues cuando se cumplían 55 kilómetros, el grupo en cabeza ya tenía un minuto y medio de ventaja; con 100 ya estaban en seis; y antes de Peñas Blancas la diferencia alcanzaba los 11 minutos. Sonrisas y esperanzas para los fugados, sobre todo de Kelderman (Bora), Soler (UAE) y Vine (Alpecin), que volvió a la carga. Pero Carapaz tenía otros planes, los mejores por un día.

También Movistar tenía una táctica clara, inteligente porque mandó parar a sus dos escapados —Oliveira y Rojas— descolgarse de la fuga para ayudar a Mas, que al fin probó a Evenepoel. El equipo español sabía que varios kilómetros antes, después de trazar mal una curva hacia la derecha, el belga se dio de bruces con el suelo y se magulló la pantorrilla, rodilla y mano derecha, culot roto. Nada grave porque se enganchó con el pelotón y, cuando sonaron los tambores de guerra, Evenepoel aclaró, una vez más, que no hay nadie más fuerte que él.

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