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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Último día, última hora... último minuto

El lío de operaciones cruzadas le puede tocar a cualquier equipo y cualquier instante de ese último día del mercado de fichaje parece la historia interminable

Pierre-Emerick Aubameyang con el Barcelona la temporada pasada.
Pierre-Emerick Aubameyang con el Barcelona la temporada pasada.Joan Monfort (AP)

Tras muchos días, que digo días, tras muchas semanas, hoy para mí, ayer para ustedes, se cerró eso que se llama el mercado del futbol (no en todos los sitios, no en todos los mercados), eso que hace años duraba un par de meses y que ahora permanece abierto todo el año porque, una cosa es que el tiempo de inscripciones (también hemos aprendido que una cosa es fichar y otra inscribir) finalice a la media noche del 1 de septiembre y otra es que “el mercado” se cierre. Si quieren pruebas sigan la actualidad, sobre todo la digital, de los clubes en cualquier medio de comunicación y verán que lo que se cerró a la media noche del 1, se abrió a primera hora de la mañana del 2.

Hemos vivido un mercado en el que hemos aprendido de economía del deporte, hemos sabido más que nunca que eso del fair play financiero también le afectaba a nuestro equipo, fuera cual fuera el tipo de proyecto. Antes parecía que esas cosas solo les pasaban a los equipos grandes y a algún otro que apuraba sus opciones buscando pescar en las necesidades de dar salidas de los grandes y que podían producir opciones a buen precio y en buenas condiciones económicas para reforzar a tu equipo con jugadores que, tal vez, el 1 de julio eran imposibles por presupuesto y por demandas del jugador, bueno, del agente del jugador.

Hoy ya nada de eso es así y el lío de operaciones cruzadas le puede tocar a cualquier equipo y cualquier minuto de ese último día que parece la historia interminable.

Puedes entrar en tu despacho, si conseguiste salir ayer de él, claro, ese 1 de septiembre con todos los elementos de tu plantilla cerrados, con todos los dosieres resueltos, con la sensación de los deberes hechos y que una llamada, a veces solo un mensaje de texto, empiece a desarmarte lo que te ha costado muchos meses construir. Una oferta de esas irrechazables, una de esas en las que antes podrían generar un debate interno en cuanto a si hay que atenderla, valorando lo que podríamos perder en lo deportivo al debilitar nuestro proyecto. Pero ahora, en las angustiosas situaciones económicas que pasan la mayoría de los clubes, se cierra rápido el debate, si alguna vez lo hubo. Se le ponen ruedas a la maleta del jugador y eso te obliga a abrir tus archivos de jugadores que pueden reemplazar a tu jugador vendido. Ahora eres tú el que haces esa llamada, envías ese mensaje a un colega tuyo que iba descontando los minutos de este eterno día y, por un lado, le alegras el mercado y por otro, le pones en el brete de elegir a su vez sustituto.

Y, como decíamos en la escuela, así sucesivamente hasta llegar a infinito, las operaciones se van encadenando, las tensiones se van sumando, las soluciones que a las 10 de la mañana te parecían regulares te empiezan a parecer hasta posibles o puede aparecer entre todo ese aluvión alguna pepita de oro que hay que cerrar rápido, antes que en media hora se la lleve otro.

Si a esto que ya es complicado de gestionar en su globalidad le suman ustedes todos los agentes y los intermediarios, no confundir unos con otros, aunque un agente también puede ser un intermediario dependiendo de la gorra que en ese momento. Todos esos que en el último momento tienen la operación mágica, la que va a salvar tu economía y la que te llevará a tus mejores logros deportivos para luego, en medio segundo, muchas veces sin ni tan siquiera despedirse se desvanecen y ya no vuelves a saber de ellos hasta la próxima ventana de fichajes.

Y cuando todo acaba…llega el fin de semana y la noria vuelve a girar.

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