El fútbol femenino, muchos avances con demasiados conflictos

El motín en la Roja se une a un escenario continuo de guerra en los despachos que ha enturbiado un mundo en crecimiento

El público del estadio del Atlético, mientras esperaba hace dos semanas el inicio del partido contra la Real, finalmente suspendido por la huelga de colegiadas.
El público del estadio del Atlético, mientras esperaba hace dos semanas el inicio del partido contra la Real, finalmente suspendido por la huelga de colegiadas.VICTOR LERENA (EFE)

La selección femenina regresó del Mundial de Francia 2019, donde accedió por primera vez en su historia a los octavos de final y apretó de lo lindo a la inabordable Estados Unidos, convencida de que, ahora sí que sí, era el momento en España del fútbol practicado por mujeres. Había captado la atención del público, recibió el favor de los medios y las autoridades públicas no querían desaprovechar la oportunidad para empujar lo que fuera necesario a este nuevo mundo y convertirlo en una bandera social. El fútbol, identificado desde el origen con “lo masculino”, era ya también de ellas. Tres años después y camino de otra Copa del Mundo, la lista de avances presentada a granel es amplia; sin embargo, el conflicto permanente que acompaña cada paso que da, o intenta dar, este universo ha terminado dejando una sensación general de “sí, pero...”, de progresos que no se rentabilizan al máximo. Y ahora este motín en la selección quizás suponga un retroceso neto.

Se firmó en 2020 un histórico convenio colectivo para las jugadoras del torneo doméstico; el campeonato ha entrado en el restringido club de “liga profesional” empujado por el empeño del Gobierno; su gran buque deportivo a nivel de clubes —el Barcelona— tocó cumbre con la Champions de 2021 (disputó también las finales de 2019 y 2022); aportó el récord mundial de asistencia a un estadio (91.648 en el Camp Nou ante el Wolfsburgo la pasada primavera); Alexia Putellas levantó el Balón de Oro; y el Madrid se decidió a entrar en este universo para caminar hacia ese inevitable antagonismo. Pero... Pese a tanto paso al frente, el ruido ha sido constante en los despachos y, ahora también, en el vestuario de la Roja tras el órdago expreso de nada menos que de 15 jugadoras para descabalgar al seleccionador, Jorge Vilda (con el apoyo de fondo de las capitanas, Irene Paredes y Putellas).

En el fútbol femenino, todo termina siendo un conflicto. Ya sea por las cuestiones de comer (el convenio colectivo o el salario de las árbitras) o por lo más accesorio (la marca del balón). No hay paso sin pleito. Un campo embarrado en los despachos que, a menudo, no es más que un apéndice de la gran guerra que mantienen la Federación Española de Luis Rubiales y LaLiga de Javier Tebas, una batalla que tiene su campamento base en el masculino y una réplica en el femenino. Pocas veces se representó mejor este enfrentamiento como en la negociación del convenio, que llevó 500 días acordar su contenido y, al final, solo se pudo firmar con la aportación económica de un operador televisivo próximo a Tebas (Mediapro) para que todos los clubes fueran capaces de asumir un sueldo mínimo de apenas 16.000 euros a jornada completa, tras quedar confirmada la escasa capacidad de generar recursos propios. Un déficit que aún se mantiene y que se espera aliviar con el aumento de ingresos con la catalogación de “liga profesional”.

Un verano con problemas varios

Este verano ha sido un buen ejemplo de problemas variados. Por cuándo y dónde se iba a celebrar el sorteo de la Liga (el CSD decidió que fuera en Las Rozas); por el balón (la Federación mandó el suyo de Adidas y la nueva patronal, otro de Puma, con el que se juega); y por el salario de las colegiadas, que, tras una huelga que aplazó la primera jornada, pasan a cobrar de 300 a 1.666 euros por partido (las asistentes, de 166 a 1.066; y cuarta árbitra: de 84 a 250).

La división en dos bandos de los clubes ha sido otra de las piedras. Real Madrid, Barcelona y Athletic han solido caminar juntos y al margen de la patronal, más cercana a LaLiga masculina. Una separación que creó dos bandos en los derechos televisivos y, en consecuencia, afectó durante mucho tiempo a la visibilidad de la competición. Un problema que debería resolverse ahora con la compra de todo el paquete por parte de Dazn, que abona 35 millones por cinco temporadas. También la redacción de los estatutos de la nueva Liga profesional sufrió retrasos por el mismo motivo. Avances y ruido, una rutina. Como si la vía de la negociación sin micrófonos no existiera.

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