Rivalidad y violencia en el PSG femenino: los 10 meses de “calvario” de la futbolista Hamraoui

La exbarcelonista dice sentir “miedo” tras la salida en libertad vigilada de su excompañera Aminata Diallo, imputada por su agresión en noviembre de 2021

Kheira Hamraoui durante un amistoso con la selección francesa en febrero.
Kheira Hamraoui durante un amistoso con la selección francesa en febrero.FRANCK FIFE (AFP)

“Esta noche tengo miedo”, declaró el miércoles la futbolista del Paris Saint-Germain Kheira Hamraoui (Croix, 32 años). Acababa de saber que su excompañera Aminata Diallo (Grenoble, 27 años) había salido en libertad vigilada tras pasar unos días encarcelada. Diallo fue imputada la semana pasada por “violencia agravada” y ”asociación de malhechores” en relación con el ataque que sufrió la exbarcelonista Hamraoui hace casi un año.

La agresión, perpetrada de noche por dos encapuchados en las afueras de París, destapó un submundo de rivalidades y delincuencia común en el entorno del equipo femenino del PSG. Puede haber truncado la carrera de la víctima, que hoy se siente marginada por su club y dice haber pasado “10 meses de calvario”. Sumado a otros casos como el de extorsión en la familia de la estrella francesa Paul Pogba, deja en mala posición al fútbol francés.

Resume Julia Minkowski, abogada de Hamraoui: “Hay relaciones peligrosas entre el fútbol francés y los ambientes de la delincuencia. Alrededor de los jugadores se mueven agentes que no lo son realmente y que no son siempre recomendables. Y hay entornos celosos por los flujos financieros importantes”.

En los últimos días, se multiplican las revelaciones sobre el caso Diallo. Según el diario Le Parisien, la agresión a Hamraoui se enmarcaba en una campaña de derribo, no solo contra Hamraoui sino también contra el antiguo cuerpo técnico del club. Se trataba de descabalgar a Hamraoui para que Diallo renovase su contrato y fuese titular, y el operativo, en el que supuestamente participaba el agente oficioso de varias futbolistas, incluía amenazas e intimidación.

“Temo por la seguridad [de Hamraoui], no me siento serena”, dice por teléfono su agente, Sonia Souid. “Siempre puede haber represalias”.

La rue des Cormiers, en un barrio residencial del municipio de Chatou, es una calle estrecha con poca circulación y sin comercios, aparte de un restaurante asiático. Aquí empieza todo. Es jueves 4 de noviembre de 2021, pasadas las 10 de la noche.

Un Toyota Corolla circula lento por la calle desierta. Lo conduce la futbolista del PSG Aminata Diallo. Junto a ella, Kheira Hamraoui. Acaban de dejar en su casa a otra compañera, Sakina Karchaoui. Las tres regresan de una cena de convivencia del club en el cercano Bois de Boulogne. Dos encapuchados con barras de hierro surgen en medio de la rue des Cormiers y obligan al vehículo a pararse. Retienen a Diallo, que saldrá indemne, y hacen salir a Hamraoui. La golpean en las piernas y en la mano.

Al principio se dice que, durante la agresión, los encapuchados pronunciaron las palabras “hombre casado”. Esto abre una primera pista. Hamraoui llevaba un teléfono con una tarjeta a nombre de Éric Abidal, exfutbolista del Barça y de la selección francesa y exdirector deportivo del club barcelonés. La hipótesis, después desmentida, es que Hayet, la esposa de Abidal, quería vengarse por la relación de su marido con Hamraoui. En las semanas previas a la agresión, futbolistas del PSG recibieron llamadas anónimas de un hombre para dañar la reputación de Hamraoui.

La otra pista es que Diallo, rival de Hamraoui por el mismo puesto en el centro del campo en el PSG y en la selección, está detrás del ataque. El 10 de noviembre la policía la interroga y la deja en libertad y sin cargos.

En enero, Hamraoui se reintegra en el PSG. Empieza otro infierno, con campañas en las redes sociales y pancartas e insultos en el estadio. En abril, durante un entrenamiento, se pelea con algunas de las futbolistas amigas de Diallo. Parte del vestuario le hace el vacío.

El golpe, para Hamraoui, fue doble. “La jugadora había sido agredida, pero también había afectado a la mujer”, dice su agente.

La imputación de Diallo el 16 de septiembre y las filtraciones sobre la investigación cuestionan el relato según el cual Diallo también sería una víctima. Varios sospechosos de participar la agresión dicen que fue Diallo quien la encargó. El hombre que denigró en llamadas anónimas a Hamraoui era un preso de la cárcel de Lyon al que Diallo conocía.

El informe policial, según Le Parisien, señala: “Se ha demostrado así de manera irrefutable que Aminata Diallo alimentaba un odio verdadero hacia su compañera de club, a quien consideraba un obstáculo para su propia carrera”.

El PSG se abstiene de hacer cualquier comentario en público con el procedimiento judicial en curso.

Diallo se declara inocente. “No hay ningún elemento material que permita ligar a la señora Diallo con los agresores, ni directa ni directamente”, argumentó en una rueda de prensa su abogado, Mourad Battikh.

Diallo ha dejado el club tras vencer su contrato. El de Hamraoui expira en junio, pero este verano ya no contaba en los planes del cuerpo técnico y, hasta ahora, se ha entrenado a solas.

“Tienen una jugadora agredida, acosada: no pueden apartarla”, lamenta, en su despacho en el centro de París, Minkowski, la abogada de Hamraoui. “Dicen que ya no forma parte del proyecto deportivo, pero más bien da la impresión de que, como ciertas jugadoras no la querían, se la ha apartado”.

El miércoles, Hamraoui no solo sintió una punzada al saber que Diallo saldría en libertad. Al acudir a estadio Jean-Bouin para presenciar un partido Champions del PSG contra las suecas del BK Häcken, vio que su número, el 14, lo llevaba otra jugadora.

“Esta mañana se sentía en el fondo de un hoyo”, dijo al día siguiente su agente, Sonia Souid, quien lamenta que la carrera de su clienta se haya paralizado desde los hechos de noviembre. “Finalmente”, concluye, “a los agresores les salió bien el golpe”.

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Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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