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Opinión
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La resurrección de Granit Xhaka

Con el mediocentro del Arsenal no hay medias tintas: o te encanta o no le soportas

Xhaka celebra su gol ante el Tottenham en la última jornada de la Premier League.
Xhaka celebra su gol ante el Tottenham en la última jornada de la Premier League.DAVID KLEIN (REUTERS)

Granit Xhaka es como el Marmite, esa pasta para untar hecha a partir de levadura que divide a los ingleses entre quienes la odian y quienes la adoran. No hay medias tintas. O te encanta o no la soportas. Garth Crooks, delantero del Tottenham Hotspur en la primera mitad de los años 80, está entre quienes no soportan al jugador. “No me gusta Granit Xhaka. Lo encuentro polémico, demasiado agresivo y absolutamente irritante. Aunque tengo que reconocer que en estos momentos es un muy buen jugador, tenía que haberse ido del Arsenal”, opinó Crooks hace solo unas semanas.

José Mourinho, que intentó llevárselo a la Roma, afirmó en una entrevista que en el Arsenal “solo van a reconocer su valía cuando se haya ido”. Patrick Vieira, estrella del gran Arsenal de Los Invencibles, le ha señalado como el jugador que más se parece a él “porque hace todas las cosas importantes que no se ven”.

Hubo una época en la que precisamente el hacer esas cosas le salía muy caro a Xhaka porque el equipo no trabajaba todo lo que debía trabajar y cuando él intentaba llegar donde otros no se tomaban la molestia de ir solía llegar tarde y mal, lo que le ha costado unas cuantas tarjetas amarillas y alguna roja. Entre eso y el carácter, bueno o malo pero siempre fuerte, basta para hacerse una idea de la mala fama de Granit Xhaka.

Muchos ven el origen de su carácter en las tribulaciones de la familia. El padre de Granit, musulmán albanokosovar, pasó más de tres años en la cárcel por manifestarse en 1986 contra el Gobierno de Belgrado en defensa de los derechos de la minoría albanesa. Cuando el padre salió de la cárcel, los Xhaka se exiliaron en Suiza, donde Granit nacería en 1992. La experiencia de su padre, explicó una vez en el Guardian, “sin duda forma parte de mi carácter, me ha hecho ser una persona más fuerte: nunca huyo de nada”.

Suizo de nacimiento pero kosovar de corazón y sangre, Granit Xhaka llegó al Arsenal en Mayo de 2016 con 22 años, dos títulos de la liga suiza con el Basilea y cuatro temporadas en el Borussia Moenchengaldbach, donde acabó de capitán y en el equipo del año de la Bundesliga. En el Arsenal, donde su exigente hinchada estaba harta de los equipos blandengues de Arsène Wenger, incapaces de ganar la liga desde la temporada 2003-04, le recibieron como la gran esperanza blanca, como el hombre de indomable carácter que iba a inyectar sangre y espíritu de lucha en una plantilla siempre de inmensa calidad y siempre decepcionante en los grandes momentos.

Xhaka le echó mucho carácter. Muchas pelotas, como él mismo dice que le falta a veces al equipo. Quizá demasiadas. El idilio duró poco y el divorcio entre hinchada y jugador se hizo oficial el 27 de octubre de 2019, cuando Xhaka se quitó la camiseta y la tiró al suelo y le gritó al público lo que pensaba de ellos como reacción a la pitada que recibió al ser sustituido. El Arsenal ganaba 2-0 antes de los 10 minutos pero el Crystal Palace remontó y se llevó un empate. Unai Emery, que había reemplazado a Wenger en el banquillo del Emirates, le quitó la capitanía y le suspendió por un mes.

Repudiado por la afición, castigado por el entrenador, Granit Xhaka escuchó la oferta que le había hecho llegar el Hertha Berlin para que volviera a Alemania en el mercado de invierno y estaba decidido a marcharse cuando le llamó Mikel Arteta, que hacía tan solo unos días que había sustituido a Emery. Tuvieron una larga conversación mano a mano. Una sesión terapéutica de varias horas que se saldó con la decisión de darse una nueva oportunidad. Un primer paso para una resurrección que se ha plasmado en las últimas semanas, con el Arsenal de líder y la afición coreando el nombre del jugador al que hace tres años silbaba.

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