Un neoyorkino en Vallecas

El Rayo Vallecano está de moda. En el campo, el equipo gana, se gusta y golea en lo alto de la tabla de una reñida LaLiga Santander. Fuera, en las calles, la hinchada preserva la esencia del único club de barrio en la élite ante el asombro de viajeros cautivados por un clima futbolero de antaño. Así se vive una noche en la casa del mejor local de la competición

Los futbolistas del Rayo Vallecano celebran el tercer gol frente al RCD Mallorca este lunes en su estadio.
Los futbolistas del Rayo Vallecano celebran el tercer gol frente al RCD Mallorca este lunes en su estadio.Getty Images

A Arik, neoyorkino, medio israelí, un loco del fútbol, le han bastado mes y medio y tres visitas al campo del Rayo Vallecano para cambiar de nombre. Los aficionados lo han bautizado como Arik from Vallecas. Si se presenta, él mismo asume esa identidad recién adquirida: Arik el vallecano. “La hospitalidad de esta gente es increíble”, dice, apiñado a la puerta de un bar lleno de bufandas de la franja, como uno más. Después, en el estadio, entonará un cántico que a él, rayista de nuevo cuño, desde luego no le suena a sorna: “El año que viene, Rayo-Liverpool”. Él confía en que sucederá. Porque si hay una temporada en la que es posible, es esta, una de las más emocionantes de los últimos tiempos de LaLiga Santander y donde el único equipo de barrio de la competición está dando la campanada: de recién ascendido a luchar por un puesto en Europa.

Es lunes, lunes en un distrito orgullosamente obrero pero del tamaño de una capital como Bilbao. Y, como buen comienzo de la semana laboral, con sus rigores: madrugar, sacar adelante el tajo… Después, aguarda el Rayo. Una cita imperdible, aunque el termómetro no se despegue mucho de los cero grados, aunque la borrasca se ensañe con la avenida de la Albufera, esquina con Payaso Fofó. Al equipo no le pueden faltar gargantas animando. Los más tempraneros empiezan a asomar sobre las seis, tres horas antes del encuentro, adueñándose de las barras de zinc y las mesas de madera de algunos de los templos taberneros de la zona, donde comienza la procesión de bufandas y camisetas franjirrojas.

Tras una de esas barras se afana Enrique Díaz, Ricky. Su hermano Óscar y él heredaron el Disan de manos de su padre y su tío, toda una institución con más de 60 años de solera, lugar de encuentro hasta no hace tanto de aficionados rayistas y jugadores del club, “que venían por aquí siempre a tomar algo”, cuenta Ricky. Fue, incluso, sede de la peña que fundara el exdelantero uruguayo Fernando Morena, ídolo en Peñarol que quedó prendado del Rayo durante su estancia en el club de Vallecas. Morena estuvo la temporada 1979/80, en la que dejó 21 goles.

El equipo vallecano es el único recién ascendido de las grandes ligas que ahora mismo se clasificaría para jugar en Europa

El tabernero Díaz presume de haber nacido casi a la par que el nuevo estadio vallecano, que se inauguró en junio de 1976. La parroquianos entran, lo saludan por el nombre, se aflojan el nudo de la bufanda; unos corren a apuntarse al sorteo de la cesta navideña, otros sencillamente charlan, mientras ven por televisión el resumen del resto de la jornada: “¿Qué tal nos irá hoy? “No es malo este Vinicius, eh?”. Todo eso en un lunes lluvioso e intempestivo en el que, eso sí, se respira un aire de optimismo e ilusión por el buen rumbo liguero de los muchachos comandados por Andoni Iraola. “Imaginaos si hubierais venido en fin de semana, un día soleado de partido, entonces veríais más claramente lo que es el verdadero ambiente del barrio”, dice, mientras no se despega del grifo de cerveza.

Ricardo Díaz tras la barra del Disan, este lunes en Vallecas.
Ricardo Díaz tras la barra del Disan, este lunes en Vallecas.PVR

Es, cuenta Díaz, parte de un rito irrenunciable que pasa de generación en generación: desde la puerta del Disan se ven las gradas; el estadio y el barrio son casi la misma cosa —en la avenida de la Albufera varios negocios se llaman como su equipo: peluquería Rayo, autoescuela Rayo, döner kebab Rayo…—. Isi, utilero del club durante cuatro décadas, hoy ya retirado, definía esa camaradería impensable en otras partes con una anécdota ilustrativa: “Del vestuario, los jugadores iban directos a tomarse unas cañas con los aficionados; hasta Hugo Sánchez o Maradona”.

Los franjirrojos son el mejor local de LaLiga Santander. En su feudo, hasta la fecha, han ganado seis partidos y empatado otro

Y los hinchas quieren conservar ese espíritu. En otra parada de la forzosa ruta previa al partido, Arik el Vallecano charla con Yoli, expresidenta de la Agrupación de Peñas del Rayo Vallecano, ADRV, unas siglas que luce tatuadas en su muñeca. Yoli, de 46 años, compartía pelotazos en el parque, de niña, con Míchel, Miguel Ángel Sánchez, la zurda que, luego, dejaría 58 goles para el equipo de la Franja, que entonces no era todavía el gran centrocampista en que se convirtió, sino solo su compañero del cole. “No paraba de darle patadas…”, cuenta entre risas. “Una vez, con nuestra peña, Planeta Rayista, quisimos entregarle un premio conmemorativo a Antonio Amaya [exjugador del club]. Ya no vivía aquí, claro, y sin embargo se vino desde Andalucía en coche solo para recogerlo, y luego salió con nosotros, como uno más”, relata. Eso, dice, es el Rayo Vallecano.

Dimitrievski, actual portero del Rayo, posó con los guantes puestos, detrás de la barra de la cafetería de la ciudad deportiva en 2019.
Dimitrievski, actual portero del Rayo, posó con los guantes puestos, detrás de la barra de la cafetería de la ciudad deportiva en 2019.Víctor Sainz

Porque si hay algo que esos aficionados abnegados exijan a sus ídolos es que los representen, que, como ellos, suden, luchen. Que defiendan con orgullo lo que son, da igual que enfrente haya gigantes, contra viento y marea, sin olvidar su origen humilde, pese a que ahora superan al FC Barcelona en la tabla y son una de las revelaciones del campeonato junto a Real Sociedad, Real Betis o el CA Osasuna. Esa es la lección que le cuenta Yoli al recién llegado, a Arik, en un bar de la calle Dolores Folguera, cuyas paredes lucen pancartas fraternales: “La vida nos hizo amigos, el fútbol nos hizo hermanos”.

Arik, enfervorecido futbolero, cuya pasión lo llevó a Israel y luego a Argentina, antes de recalar en Vallecas, se ha empapado de valores, de historia, y pretende hacer algo trascendente con todo eso que ha aprendido: ahora se dedica a expandir internacionalmente la marca y cultura de clubes ilustres no tan conocidos fuera de nuestras fronteras; como el Rayo, un unicornio en el universo de una de las grandes ligas del mundo, el único recién ascendido de los cinco grandes torneos continentales que, si mañana acabase la contienda, ocuparía plaza de la UEFA Europa League. “Otra ronda para Arik y sus amigos”, grita uno de los habituales del bar De tó la vida a Walter Majares, el dueño, que desde hace cuatro años acoge a los peñistas en su local. “Esta gente, vecinos, obreros como yo, son ahora mis amigos; y mi mujer y yo nos hemos afiliado a Planeta Rayista”.

Arik, el aficionado neoyorkino del Rayo Vallecano, este lunes en el estadio del club.
Arik, el aficionado neoyorkino del Rayo Vallecano, este lunes en el estadio del club.Cedida
Sería la primera participación en competiciones europeas del Rayo Vallecano desde temporada 2000/01, en la que llegaron hasta cuartos de final de Copa de la UEFA

La fría noche transcurre veloz. Quedan veinte minutos para que comience el partido y, Juan Pablo, acodado en otro bar, El Líder, asume que ocupará su asiento cuando el balón esté rodando: “Mis amigos ya han pasado; me acabo esta y entro”, dice este socio del Rayo —desde hace 21 años— que se desplaza cada jornada desde Azuqueca de Henares, a más de media hora de coche. Se demora porque, mientras apura su vaso, cuenta cómo terminó sirviendo de guía a un mancuniano que, de visita en Vallecas, se enamoró del Rayo: “Vino a ver un Manchester United - Valencia y acabó aquí, no sé cómo. Ahora somos muy amigos”.

Tuvo suerte. Entró justo a tiempo de ver a su equipo marcando el primer gol, pasado un cuarto de hora del pitido del árbitro. El estadio vibra hasta los cimientos cuando, cuatro minutos después, el Rayo marca el segundo. El fondo canta la Marsellesa sin más letra que Oe Rayo oe. Camuflada entre ellos se halla Yaegee Park, coreana, una bailarina que afronta su décima temporada con la Compañía Nacional de Danza. Tras un disparo lejano, el balón abandona el campo y cae en sus manos: “Esos aficionados son increíbles. No paran de cantar y animar. Guardé el balón de recuerdo para uno de ellos, que me lo pidió”, cuenta Park entusiasmada con el Rayo, aunque cediera luego a la tentación de hacerse una foto con su compatriota Kang In Lee, del RCD Mallorca, al final del partido. 3-1 para el barrio, para el equipo de Vallecas, que antes de abandonar el estadio por los vomitorios entona su más mítica celebración: “La vida pirata es la vida mejor, sin trabajar, sin estudiar, cooooon la botella de ron”.

Es lunes, son más de las 11 de la noche. Hace mucho frío. La gente se dispersa diligentemente. Mañana tendrán que volver a madrugar, pero se levantarán con otro cuerpo, más felices. El sueño de su Rayo continúa en una reñida edición de LaLiga Santander en la que hay opciones para todos los equipos. El año que viene, Rayo-Liverpool.

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