Isak, el alumno agradecido

El delantero de la Real Sociedad, de 21 años y 1,90m, tiene muy presentes sus modestos orígenes

Isak golpea el balón con la mano, en el estadio de La Cartuja de Sevilla.
Isak golpea el balón con la mano, en el estadio de La Cartuja de Sevilla.Alejandro Ruesga

Alexander Isak (Solna, 21 años) sonríe con picardía. Le preguntan por los jugadores de España y responde: “Les tengo a casi todos controlados, será divertido jugar contra ellos”. Desde luego, a la gran amenaza de la selección española en La Cartuja no le será difícil entender las consignas que se den los futbolistas que dirige Luis Enrique. Después de dos temporadas en la Real Sociedad, habla castellano con soltura. No solo eso: ha demostrado que es un alumno agradecido. Según desvelaba el diario sueco Expressen, que profundizaba en un reportaje sobre el delantero centro de la selección de su país, el pasado mes de septiembre llamó por teléfono a Thania Guanoluisa, su profesora en el colegio, para darle las gracias por sus enseñanzas. “Fue conmovedor”, confesaba la maestra. “Hablamos en español de forma fluida. Me agradeció que yo le hubiera dado los conceptos básicos del idioma”.

Antes de tener el fútbol como profesión, Isak ya había estado en España en un viaje de estudios. En principio, la visita iba a ser a Madrid, pero no encontraron alojamiento, así que Thania, la profesora, eligió Barcelona. Les hizo probar el chocolate con churros, les llevó al Camp Nou y se frustró en la visita a la Sagrada Familia, que estaba cerrada. Acordaron entre todos, medio en serio, medio en broma, que en 2026 quien hubiera triunfado y tuviera dinero invitaría a los demás a otro viaje para poder visitar el monumento. “Para entonces podría estar en una silla de ruedas”, les dijo la profesora. “Te llevaré en la silla”, contestó el hoy futbolista de la Real Sociedad.

Isak fue un chico estudioso, muy educado, y superdotado para los deportes. Según Christer Corpi, su profesor de gimnasia, que fue atleta olímpico en Moscú y Los Ángeles, en las competiciones colegiales los demás niños luchaban por ser segundos. Alexander arrasaba en el tenis de mesa, en el fútbol y en el atletismo. “Nunca he tenido un alumno que haya saltado 1,75 en salto de altura sin practicar atletismo en su tiempo libre, solo él. Destacaba sobre todo en el fútbol. Era un gran regateador, marcaba muchos goles, pero no le importaba jugar más retrasado para ayudar a sus compañeros”, recuerda el profesor del atacante sueco, de 1,90m.

Además, era un alumno modelo. Su familia se encargó de que lo fuera. Llegados de Eritrea dos décadas atrás, Teame, su padre, trabajaba como profesor y escribió varios libros de texto en tigriña, su idioma materno. Su madre, Saba, vigilaba que el deporte no perjudicara los estudios.

Isak creció en el barrio de Bagartopr, en Solna, a muy poca distancia del Friends Arena, el campo del AIK. Vivía en el número 64 de la calle Bagartorpsringen. A solo 100 metros de allí había un pequeño terreno de grava en el que los chavales jugaban partidos de cinco contra cinco, y en el que Alexander esperaba pacientemente una invitación para jugar con los chicos mayores. Cuando escuchaba un “¿Quieres jugar, Alex?”, para él era la felicidad completa.

Ingresó a los nueve años en la escuela deportiva del AIK Solna, con un entrenador, como él, de origen eritreo, Nahom Ghidey, que lo definía como flaco, tranquilo, poco hablador. “Pero tenía algo especial, me enamoré inmediatamente de su juego. Un entrenador no puede mejorar a un Ibrahimovic o a un Isak. Todo está en su cabeza y en su cuerpo”, explicó.

La oferta del Madrid

Debutó con 17 años en el equipo de su ciudad y enseguida llegaron las ofertas. El Real Madrid le hizo una, pero prefirió la del Borussia Dortmund. Isak se mueve por sensaciones, visitó el club alemán antes de decidirse y le gustó lo que vio. Le pasó lo mismo con la Real Sociedad: “Cuando vine con la selección de Suecia a Madrid, conocí a los representantes del club y me dieron una impresión muy buena. Eso me convenció”.

Antes de llegar al club vasco, estuvo cedido por el Borussia al Willem II y ahora, cuando la Real intenta mejorar su contrato (acaba en 2024) y ampliar su cláusula de rescisión, el equipo alemán, que podría repescar a Isak por 30 millones, pretende un acuerdo económico para ceder definitivamente los derechos del futbolista, que fue traspasado por 6,5 millones. El jugador se mostró de acuerdo con seguir, pero todavía no ha firmado, y una buena actuación en la Eurocopa podría disparar su cotización.

Mientras, Isak se centra en el partido: “España es la favorita, pero estoy seguro de que nos respetan tanto como nosotros a ellos. El último partido en Estocolmo [1-1] no les resultó fácil”.

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