Los incansables Jordi Xammar y Nico Rodríguez, bronce en vela en el 470

El catalán y el gallego culminan en Tokio un gran ciclo olímpico, con podio en todos los Mundiales y Europeos desde 2017

Nico Rodríguez (izquierda) y Jordi Xammar, celebrando la medalla de bronce en la clase 470 de Vela. En vídeo, primeras declaraciones de Rodríguez y Xammar tras ganar la medalla olímpica. FOTO: EFE / VÍDEO: COE

Jordi Xammar y Nico Rodríguez han conseguido este miércoles la segunda medalla para la vela española en los Juegos de Tokio: bronce en la clase 470, después del también bronce de Joan Cardona en Finn. Llegaban a la Medal Race a cuatro puntos de la pareja sueca formada por Anton Dahlberg y Fredrik Bergstrom (que finalmente fue plata); el oro era misión imposible, demasiada la diferencia con los australianos Mathew Belcher y Will Ryan. Lo celebraron los españoles pegando saltos en el barco, al que dieron la vuelta para acabar subidos al casco. Fue tanta la adrenalina, tanta la emoción, tanta la presión, que media hora después de terminar la regata, a Xammar seguían temblándole las manos en la zona mixta; todavía estaba en estado de trance, no se acordaba siquiera haberse subido al casco de la embarcación.

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“Es que llevo soñando con una medalla desde que soy niño, llevo toda la vida esperando un día como el de hoy, empiezas a navegar y sueñas con ir a unos Juegos Olímpicos y en el mejor de los sueños sueñas con ganar una medalla olímpica. Estar aquí hoy, haber sido capaz de cumplir el mejor de los sueños es algo especial. Esta mañana me estaba lavando los dientes y sabía que quizás hoy estaba en frente de una oportunidad única y me he dicho a mí mismo: hazlo como quieras pero vuelve con una medalla”, cuenta Xammar sin parar de darle vueltas a la botella de agua que tiene entre las manos. Nico Rodríguez, a su lado, parece un budista de lo tranquilo que está. Se compensan, se compenetran y se acoplan tan bien en el barco por eso; Xammar, catalán de 27 años, es puro nervio; Rodríguez, gallego de 30, es el que le templa. Y dice que van a caer unas cuantas mariscadas en cuanto vuelva a casa. “Las que hagan falta; y un arroz con bogavante con mi madre y cervezas”. La de este miércoles era su despedida de la clase 470; en los Juegos de París 2024 está modalidad será solo mixta.

Los más regulares de este ciclo olímpico —han subido al podio de todos los Mundiales y Europeos disputados desde 2017— dicen que la presión de estas semanas ha sido brutal. “Me he quedado impresionado. Yo fui a los Juegos de Río (fue duodécimo en 470 con otro compañero) y pensaba que haber ido a Río me ayudaría a afrontar Tokio, sin duda me ha servido, pero la presión que se siente cuando vienes a unos Juegos con opciones de medalla es algo que no se puede explicar. Hay que estar muy concentrado y no darle muchas vueltas a la cabeza”, explica Xammar. Y más después de haber visto cómo sus compañeros del 49er ―Tamara Echegoyen y Paula Barceló en el femenino y Diego Botín y Iago López Marra en el masculino— llegaron a la Medal Race con opciones de medalla y en posición de medalla y terminaron cuartos. Y de hecho le preguntan si tuvieron miedo de perderla ellos también. ¿Miedo de perder la medalla? “Sabíamos que íbamos a tener que sufrir hasta la última regata y hasta el último metro. Lo trabajamos con la psicóloga para estar mentalizados con eso, con que íbamos a sufrir y que había que luchar hasta el final. Ha sido clave, porque la presión ahí dentro te estruja y tienes que estar concentrado en tu trabajo para aislarte de todo”, contesta Xammar.

Llevaban los dos dibujada la presión en la cara a las 12.30, dos horas antes de la salida, cuando pasaron por zona mixta —en la vela funciona así, atienden a los medios también antes— con los chalecos de hielo puestos para mantener la temperatura corporal a un nivel normal para que la cabeza esté despejada y reaccione en los momentos de máximo estrés de la regata. Y chocaba ver a Xammar con la cara desencajada, él siempre tan dicharachero. Tienen la cara quemada por el sol que pega fuerte, 30 grados, humedad el 79% y sensación térmica de 39.

“A y 45 tenéis que estar en la sala de prensa”, le decía una voluntaria a Nico. ¿Pero qué hora es ahora? “Las 16.15”. “Mujer, falta media hora. Don’t worry. We are spanish [no te preocupes, somos españoles]”. Y la voluntaria casi cortocircuita mientas observa a Rodríguez romper el cordón de las vallas para ir a hacerse unas fotos y a saludar algunos periodistas. Llegaron sin problemas ambos a la rueda de prensa.

El 470 es una de las clases más técnicas de la vela. Así lo explica el regatista catalán: “Es un barco muy complejo, en la puesta a punto tienes infinidad de variables, entre ellas que el diseño de las velas es libre. Planea con viento y no planea con poco viento. Este punto medio entre planeo y no planeo es muy crítico, si tú eres capaz, con tu técnica y tu puesta a punto, de hacer saltar el barco antes que los demás al planeo, tienes mucho ganado”. Rodríguez, licenciado en Odontología y Xammar, inscrito en Económicas, llevan navegando juntos desde 2016, desde después de los Juegos de Río. Nico se tuvo que poner las pilas, según dice, para recuperar la distancia a nivel técnico y el déficit y las carencias que tenía con respecto a Jordi.

Empezaron en el Optmist (vela ligera) como la mayoría de los regatistas. Rodríguez cuenta que si está aquí ahora es, en parte, por lo bien que se lo pasaba de pequeño. “En el club hice un grupo de amigos brutal que todavía conservo y de ahí empiezas a meterte en una dinámica que, sin comerlo ni beberlo, vas creciendo y empiezas a marcarte unos objetivos y de repente empiezas a competir más en serio”.

Objetivos que parecen imposibles

Y Xammar dice que lo que más le gusta es la competición, perseguir objetivos que parecen imposibles. Su padre, que igual que la madre venía del mundo del deporte, del motociclismo, no quería que Jordi diera el paso precisamente por eso, por lo dura que es la competición. “Yo me recuerdo con 14 años ya contando cómo me cuadraban de timing los Juegos de Río y de Tokio. Yo más que clasificar para 2016, le decía a mis padres: me gustaría enfocar los de 2020. Parecía imposible, lo que más me atrae es eso, perseguir objetivos que parecen imposibles. Y si…”. Y si… ese sí llegó este miércoles en el que se cumplió la promesa que se había hecho en el espejo lavándose los dientes.

Atrás quedan las horas de briefings —las reuniones técnicas después de cada regata de entrenamiento—, las horas con el meteorólogo para intentar estudiar los vientos de la Bahía de Enoshima, las horas de gimnasio, los días (250 al año) fuera de casa. Ambiciosos y trabajadores incansables, dicen que en lo que más han mejorado en este ciclo olímpico es en subir el listón de la exigencia hasta límites que no pensaban poder alcanzar. Así lo cuenta Xammar: “Lo que más hemos hecho ha sido entender que en este mundo te arremangas y empiezas a trabajar no stop. Tienes que parar cuando digas: vale, ahora para seguir trabajando, lo mejor que puedo hacer es descansar. Te lo pide la cabeza, el cerebro”.

Y le hace eco Nico: “Trabajar de verdad no son las dos horas que vas al agua, es exprimirte la cabeza, buscar más allá y más allá. Lo que nos hemos dado cuenta es de que al principio del ciclo olímpico navegábamos cinco días y era como: uffff, necesitamos un día de descanso. El periodo de llegar a ese punto de cansancio mental lo alargamos tanto que llegamos a meter tandas de 20 días. Llegas cansado, pero aguantas, y eso también se trabaja”. La de este miércoles es la medalla olímpica número 21 en la historia de la vela española.

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Sobre la firma

Eleonora Giovio

Es redactora de deportes, especializada en polideportivo, temas sociales y de abusos. Ha cubierto, entre otras cosas, dos Juegos Olímpicos. Ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS; ha sido colaboradora de Onda Cero y TVE. Es licenciada en Ciencias Internacionales y Diplomáticas por la Universidad de Bolonia y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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