Mo Katir, récords, poesía y 5.000m

El atleta de Mula parte como favorito en su prueba en la pista mágica de Tokio, en la que se ha corrido el 1.500m más rápido de la historia de los Juegos Olímpicos

Mohamed Katir abraza a Chelimo tras las semifinales de 5.000m.
Mohamed Katir abraza a Chelimo tras las semifinales de 5.000m.VALDRIN XHEMAJ (EFE)

“Parte de mi energía la gasto escribiendo versos, haciendo un esfuerzo pa’ llevar a casa el almuerzo y seguir bregándola en este mundo tan perverso…”.

En Tokio, Mo Katir rima versos a ritmo rap, los publica en Instagram, y ríe.

3m 32,19s. Adel Mechaal corre y habla.

Los dos mejores mediofondistas españoles disputarán una final diferente (los 5.000m, el fenómeno de Mula, viernes, 14.00; los 1.500m, el atleta de Palamós, sábado 13.40), y ambos creen que serán protagonistas. Katir porque no ha habido en el mundo este verano un atleta como él, capaz de correr, en un mes, los 1.500m en menos de 3m 30s, los 3.00m en menos de 7m 30s y los 5.000m, su distancia olímpica, en menos de 13m.

A los dos, como a todos los atletas, les hace girar locos un torbellino en el que se mezclan velocidad, zapatillas, tecnología, calor pegajoso e interminable y una pista que es una alfombra mágica de las mil y una noches. Son unos Juegos en los que los más viejos, o los más leídos, ven rastros de la excitación de mejores marcas que se vivió en los Juegos de México 68.

Y terminada su semifinal de 1.500m, Mechaal habla de marcas extraordinarias y enseña sus New Balance y habla de la pista Mondo, sintética. Y dice que todos tienen zapatillas de carbono como las suyas, todas las marcas, modelos que no solo hacen correr más, sino que hacen que los músculos se cansen menos. “Y podemos acabar los últimos 400m de un 1.500m en 51s o 52s tan tranquilos porque la fatiga es menor”, dice Mechaal. Y para muestra, su euforia. Mechaal, de 30 años, segundos Juegos, habla cinco minutos después de haber participado en el 1.500 más rápido de la historia de los Juegos Olímpicos. Una carrera salvaje, táctica, sin liebre, de comienzo lento y aceleración súbita en los últimos 800m tras la zancada veloz del noruego de 20 años Jakob Ingebrigtsen.

“No sé qué tiene esta pista que todo el mundo corre mucho”, dice el burgalés Jesús Gómez, a quien reventó el ritmo y se quedó descolgado. “Yo he visto la carrera desde la distancia y ha sido increíble. Ya con haberla corrido estoy contento”.

El ganador, el keniano Abel Kipsang corre en 3m 31,65s, un segundo más rápido que su mejor marca, y bate el récord olímpico establecido por su compatriota Noah Ngeny (3m 32,07s) en la final de Sídney 2000 en la que hundió en la miseria a El Guerruj. Los siete primeros bajaron de 3m 33s, una barrera de excelencia, incluido un luxemburgués de 29 años invitado por el cupo que tienen los países pequeños. Se llama Charles Grethen. Llegaba con una mejor marca de 3m 36,75s, y se clasificó para la final con 3m 32,86s…

También Mechaal, que termina cuarto y se clasifica por puestos, logra un PB (personal best, marca personal) junto a su tiempo (3m 32,19s), lo que le da pie para hablar de su pasión por correr, de su deseo de acabar como maratoniano y de Mo Katir. “No estoy como Katir, ojalá estuviera como él”, dice Mechaal, quien quedó por delante del murciano en la última carrera en la que corrieron juntos, la final de 3.000m del campeonato de Europa en pista cubierta, el pasado marzo. El actual vecino de la Estambul europea, terminó tercero, y culpó a la táctica de Katir, cuarto, de no haber podido acabar segundo. “Para bajar mi marca cuatro segundos he necesitado ocho años”, añade Mechaal en Tokio. “Yo sigo con mi progresión. Me apasiona competir y quiero que esto dure el máximo, y que me vea mi madre, que está en el hospital”.

El debutante olímpico Ignacio Fontes también se clasificó por puestos para la final de 1.500 tras terminar quinto (3m 34,49s) la primera semifinal.

Aunque solo corra en los 5.000m, y podría haber doblado con el 1.500m pero le pareció excesivo de entrada, el fondista poeta es, quizás, por el abanico de distancias en las que es capaz de ganar el nuevo Mo Farah de los Juegos, Mohamed como el británico que logró el doble-doble –victorias en los 5.000m y los 10.000m en los Juegos de Londres y Río–, y en las series mostró un dominio total, un control inaudito para un atleta de 23 años, debutante en unos Juegos y que hace un año solamente era un actor secundario hasta en el atletismo español, con una mejor marca ocho segundos más lenta en 1.500m, 17s más en los 3.000 y un minuto en los 5.000m. Domina tanto todos los terrenos, distancias y ritmos Katir, el pelo recogido, los calcetines disparejos, el mono ajustado a su estilizadísima línea, sus piernas largas, su 1,90m, la ligereza de sus tobillos, que hasta parece sobrarse cuando dice que le da igual, pero que en todo caso preferiría una carrera muy rápida en la que podría hacer valer que corre los 1.500m en 3m 28s, y que, además, llegan más cansados que él porque han corrido también los 10.000m todos los rivales más peligrosos: el canadiense Ahmed, los ugandeses Cheptegei (plusmarquista mundial) y Kiplimo, los norteamericanos Kipcaid y Fisher…

“Melena negra al viento, ya he cumplido mi sueño de vida”, anuncia Katir, amante de la soledad y de la noche, y termina de rapear: “Converso conmigo mismo en la meditación, me tomo el tiempo antes de tomar una decisión, arriesgo el corazón por lo que me da satisfacción, y si no subo al bus es porque no va en la misma dirección”.

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Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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