Mundial de Fútbol
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Sí, se puede ser feliz por una clasificación a octavos de final

Hoy quiero dejar en claro que el fútbol es un manual de enseñanzas y este triunfo contra Polonia nos permite que anotemos algunas

Julián Álvarez y Enzo Fernández celebran uno de los goles contra Polonia, este miércoles.
Julián Álvarez y Enzo Fernández celebran uno de los goles contra Polonia, este miércoles.JUAN MABROMATA (AFP)

Vos no te vas a acordar de lo que está pasando ahora, Gino, hijo mío, pero mientras dormís y sufrís por los gases que presionan tu pancita y te molestan, Argentina acaba de clasificarse a los octavos de final de esta Copa del Mundo después de ganarle a Polonia y de habernos dejado algunas enseñanzas que me gustaría compartirte. Ya lo sé: vos tenés un mes y 10 días de vida y te da lo mismo. Lo noto cuando en casa puteamos a los gritos y tu sueño no se altera o cuando llorás por los benditos cólicos que nos hacen sufrir a todos por estos días. No te preocupes, es una etapa y se supera, así como esta selección pasó el primer traspié con Arabia para ir de menos a más y esta tarde finalmente sentirse cómodo con su juego. Ya te va a pasar, vas a ver. El fútbol, Gino, es nuestra excusa para ser felices: el minúsculo espacio que elegimos para recluirnos a sentir, a corazón abierto, en un mundo que a veces, la mayoría de las veces, te obliga a guardar emociones. Ahí, en este huequito con pelota, por televisión o en la cancha, jugando o mirando, logramos sonreír incluso cuando todo tira para abajo.

No te vas a acordar de este día, hijo mío, pero Argentina ganó con el fútbol que nos gusta. Con un equipo protagonista, que eligió la manera de circular la pelota y la forma de lastimar al rival. Que no especuló. Que fue al frente y buscó en su caja de herramientas, con paciencia y cuando el rival se cerraba, las mejores opciones para llegar al gol. Lección, entonces, hijo: no hay que desesperarse cuando la presión aprieta. Se puede buscar el disfrute y tenerlo como brújula cuando el camino se traba.

Ya sé, ya sé, todavía no comprendés lo que se siente, pero se parece un poco a esto que suena ahora en tus oídos. Al lamento por el penal errado por Messi, Gino, porque errar un penal es uno de los dolores más profundos de la vida futbolera. Es un instante en el que uno camina por un abismo que, con la carga de dramatismo del fútbol profesional, tiene dos destinos: el cielo o el infierno, sin escalas. Puede ser que Messi, por el peso de su propio nombre, se salve de caer en el subsuelo ante la falla y hoy, justo hoy, el resultado final del partido hará que pronto la atajada de Szczęsny quede como un ingrato recuerdo. Tranquilo, hijo, tranquilo. No te preocupes, Gino, mamá ya te contará a Messi como corresponde.

Pero hoy quiero dejarte en claro que el fútbol es un manual de enseñanzas y este triunfo contra Polonia nos permite que anotemos algunas. Los goles son un ejemplo concreto. Alexis Mac Allister y Julián Álvarez, esos que no viste, pero empujaron la pelota para que gritáramos en casa, son parte de la nueva camada de la selección. La sangre joven de un equipo que tiene como pilares a los más veteranos, como Messi, como Di María, como Otamendi. Vas a escuchar a personas que critiquen a la juventud con el argumento de que todo tiempo pasado fue mejor. Y mirá hoy, este juego en el estadio 974 de Qatar, como argumento para contestar, siempre, que mañana es mejor, que bienvenido, por caso, a esta camiseta celeste y blanca, a Enzo Fernández y a estos pibes que juegan su primer Mundial, adentro y afuera de la línea de cal.

Bienvenido también este cuerpo técnico que le pone el cuerpo a eso, a lo que la mayoría le teme en este juego con pelota al pie: afrontar riesgos. Escúchalo, hijo, escúchalo a Scaloni cuando dice que es difícil hacerle entender a la gente que mañana sale el sol, ganes o pierdas. Préstale atención cuando frente a los periodistas del mundo señala que lo importante es cómo hiciste las cosas o si intentaste hacerlas lo mejor posible. Quédate con la entrega de Acuña, el carácter de Dibu Martínez y su seguridad al poder contarle al mundo que trabaja con un psicólogo porque, ya lo sabemos, todos tenemos un poco de miedo. Quédate con la emoción y la esperanza que Messi emana cada vez que toca una pelota, porque vivir es jugar, y qué lindo es seguir jugando. Quédate con la certeza de que el corazón va siempre adelante, como te muestra De Paul en cada partido.

Y acordate que hay que endurecerse, sí, pero sin perder la ternura, como te enseñó Pablo Aimar por estos días, exhibiendo lágrimas en pleno juego, después de la muerte de su mamá y con la adrenalina a flor de piel. Se puede ser sensible, hijo, que no te convenzan de lo contrario.

Por eso, vos hacé lo que quieras. Dormí tranquilo cada vez que juega Argentina y disfrutá después esta sonrisa que tenemos en casa. Sabé que se puede ser feliz por una clasificación a octavos de final. ¿Por qué? Porque nos garantiza vivir con ilusión por un puñado más de días. Con todo lo que eso implica.

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