30ª Semana de Cine de Valladolid

Homenajes a Rabal, Von Stroheimn y Mankiewicz en la fase final del certamen

ENVIADO ESPECIALLa truncada obra maestra de Erich von Stroheim La reina Kelly y el final del ciclo dedicado a J. L. Mankiewicz han servido de preludio al final de la Semana de Cine que será esta noche. El actor Francisco Rabal volvió a Valladolid para asistir al final de su homenaje, condensado en el libro Un actor bastante excepcional, que ha sido escrito por Manuel Hidalgo y editado por la organización de la Seminci.

El homenaje a Rabal culminó con un coloquio entre el actor y otros colegas suyos presentes en Valladolid y con la proyección anoche en la sección oficial del filme La hora bruja, último en el que ha intervenido y del que es director Jaime de Armiñán.

Con anterioridad se proyectó El coronel Redl, un sólido filme del autor de Mephisto, el húngaro István Szabó. Es una larga, morosa y muy bien realizada película húngara, protagonizada por Klaus Maria Brandatier. Cuenta el proceso de derrumbamiento del Imperio Austrohúngaro desde la peripecia personal del que fue su último jefe del servicio de inteligencia de la casa imperial, un coronel judío llamado Alfred Redl. Todo en esta película es sólido, casi demasiado sólido, lo que la convierte en un impecable ladrillo, sin fisuras, calculado al milímetro, perfecto, pero ladrillo. No obstante, dado el término medio de las películas presentadas a concurso, este filme es seguro que optará a alguno de los premios del palmarés, sobre todo teniendo en cuenta que el actor Brandauer realiza una interpretación notable.

El ciclo dedicado al cine de Joseph L. Mankiewicz, que incluyó la proyección de toda su flimografía, concluyó ayer con una mesa redonda en la que intervinieron el crítico francés Michel Ciment que proyectó su filme documental All about Mankiewicz, alrededor del cual se formó un animado coloquio sobre este formidable cineasta norteamericano- y los españoles Antonio Lara, que expuso su concepción del cineasta como autor de "un cine irnpuro"; Carlos Fernández Heredero, que habló de "los personajes, el juego y la representación" en el cine de este autor; Nuria Vidal, que hizo un análisis de uno de los filmes peor valorados por la crítica de este director, Ellos y ellas: Toni Partearroyo, que analizó Mujeres en Venecia, y el director de la Filmoteca Española, Juan Antonio Pérez Millán, que moderó la mesa redonda.

La proyección de La reina Kelly, última y truncada obra de Erich von Stroheim, realizada en 1929, en las postrimerías del cine mudo, volvió a llenar de auténtico genio la pantalla del teatro Calderón. Lo que se rodó de la película, una cuarta parte aproximadamente, es de tal potencia que su visión constituye una lección aún mayor que la de Abel Gance en su Napoleón para los cineastas actuales.

Este pedazo que quedó del vasto proyecto de La reina Kelly es una cumbre del cine, incluso por su carácter inacabado, que visto desde hoy es luminoso, pues muestra que la lucha de los cineastas por la posesión de su obra no es nueva, sino que tropezó desde los comienzos con una misma muralla todavía no derruida: la industria como freno del talento o, si se quiere, los libros de cuentas de los productores como adversarios máximos de los creadores.

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