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Las manos sobre la Prensa

El cambio de alianzas de la familia Formenton en el Consejo de Administración de Mondadori ha dado como resultado la mayoría a la Fininvest de Silvio Berlusconi y deja en minoría la CIR de Carlo de Benedetti. Dentro, Su Emitencia, y fuera, el ingeniero: así se ha simplificado en la Prensa. Y así aparece. -El hecho ha provocado violentas polémicas sobre la libertad de prensa, con tremendas confusiones y penosas. exhibiciones de compañeros periodistas más o menos importantes, alistados bajo una u otra bandera. Y se acaba así por entender muy poco sobre el asunto. Y puesto que no se trata de hechos nuestros, de los periodistas, sino de todos losciudadanos, es necesario precisar algunas cosas.

En primer lugar, que existen dos problemas distintos: el de las concentraciones editoriales y el de la autonomía de los periodistas.

El tema es crucial porque se refiere a la posibilidad de que en las manos de pocos se concentren todos los medios de información y de orientación de la opinión pública con una caída sustancial de la libertad de los ciudadanos de hacerse una idea leyendo y escuchando más de una campana.

En Italia existe una ley que impide que un editor pueda controlar más del 20% de toda la Prensa diaria. Cuando La Repubblica y la editorial L'Espresso fueron vendidas a Mondadori se creó una fuerte concentración que sumaba a La RepubNica y a algunos diarios locales, semanarios de gran relieve, como Panorama, Espresso y Epoca. La operación entraba, sin embargo, dentro de las reglas, y respondía a un criterio de reforzamiento comprensible en el plan industrial. Las editoriales son también un problema industrial, y una competencia cada día mayor en el ámbito del producto (a veces excesiva) y del mercado publicitario aconseja a veces unir las fuerzas.

El gigante Mondadori que se había creado no era más colosal que el de Rizzoli, por ejemplo. La operación, si acaso, podía despertar una cierta perplejidad por la escasa estabilidad de la cumbre que se había creado, dividida en cuatro gajos. Y quien entonces demostró tales perpelejidades hoy puede decir que tenía razón.

Muy distinto es lo que ha sucedido (sucederá o sucedería) con el control sobre la Mondadori del cavaliere Berlusconi, porque al gigante de la Prensa se añade (se añadirá o añadiría) el coloso televisivo privado que tiene ya una gran parte del mercado publicitario y una gran resonancia en la opinión pública.

Para la televisión privada no existen en nuestro país reglas. Nunca se consiguió legislar sobre ello. La Finnivest de Berlusconi se ha ensanchado y reforzado por la absoluta falta de una legislación (aparte de por la habilidad de Berlusconi), y cuanto más se ensanchaba y reforzaba más aumentaba su capacidad de bloquear cualquier tentativa de legislar sobre las televisiones privadas.

Límites del director

Digamos, pues, que el caso Mondadori no presenta problemas nuevos, sino que propone nuevamente el viejo problema del crecimiento y de la influencia incontrolada del grupo Berlusconi. Si acaso, pone mejor en evidencia que con este problema coincide el tema de la libertad de información en Italia.

Por lo que se refiere a la libertad de los periodistas estamos, a mi parecer, frente a una especie de mistificación: la terca convicción de que un periodista es libre si milita bajo las insignias de un editor (o de un director) con el cual se halla en sintonía política. Pues bien, es todo lo contrario: los periodistas alistados bajo una bandera u otra acaban siendo menos libres, porque se empeñan no en buscar la verdad, sino aquella verdad que es cómoda a su tesis o al propio dueño. Se puede decir que acaban siendo menos periodistas.

Porque el periodismo no es una técnica, sino una profesión de empeño civil. Y es la profesionalidad la que debe dar la medida y el límite de la voluntad del editor y la garantía de los lectores. Los periodistas, todos, deberían defender unánimemente este papel que les diferencia de tantos otros altos funcionarios o empleados especializados, que les hace protagonistas de la vida civil. Y el sindicato de los periodistas debería ser su instrumento de defensa y de garantía, y no un elemento de parte.

es director de il Mattino de Nápoles.

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