Tribuna:EL TEJIDO PRODUCTIVO
Tribuna
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Innovación tecnológica y división del trabajo entre empresas

La mayoría de los programas internacionales de investigación sobre la "nueva, organización industrial" constatan, especialmente en la década de los ochenta, unos rasgos llamativos que necesitan ser interpretados para desvelar su entero significado: En todos los países industriales desarrollados estudiados (como, por ejemplo, Estados Unidos, al igual que Japón, España, Francia e Italia) se da un crecimiento mayor del número de pequeñas empresas, e incluso, se dice, son éstas las que han generado empleo de manera significativa. Tanto, por lo menos, como el que inversamente parecen haber perdido las grandes empresas.Por otro lado, al margen de un análisis e interpretación del origen y significado de las pyme, la gran empresa sufre un proceso de reorganización cuyos rasgos principales de funcionamiento parecen caracterizarse, precisamente, por la "pequeñización" interna, por la relativa autonomía de los servicios funcionales, por los ragos que han sido identificados como "empresa red".

El economista Alfred Marshall lo describía de la siguiente manera: "De modo que una fábrica grande no es más que la reunión de diversas fábricas pequeñas paralelas, situadas bajo un mismo techo".

El caso es que el economista Alfred Marshall describía las dos vías de la organización de la producción, distritos industriales y grandes empresas, hace ahora 100 años.

Subcontratación

Los datos brutos deben ser dotados de significado: que se externalice una función que antes se hacía dentro (de la gran empresa y que ahora se subcontrata a una empresa externa e independiente no genera nuevo empleo, pero sí relaciones entre empresas y situación de sus trabajadores distinta. El terciario para el sistema productivo crece, mientras decrece el terciario interno a la empresa.Por todo ello, para conocer los efectos sobre la cantidad del empleo generado por la innovación tecnológica en las empresas debe tenerse presente, necesariamente, el trabajo agregado, el proceso completo de producción, que contribuye a la creación de un bien o servicio determinado.

Una empresa de distribución de libros creada por "externalización" de trabajadores de una editorial en dificultades es un buen ejemplo de lo que decimos.

De la misma forma, para comprender las nuevas demandas de formación y cualificación que pudiera traer consigo la innovación tecnológica, es preciso contemplar a las empresas en el lugar que ocupan dentro de ese proceso global de producción.

En la electrónica profesionial, en la ciudad de Madrid, hemos hallado cómo las empresas cabeza, diseñadoras de productos nuevos, con altos niveles de cualificación, con mercados en expansión, tienen su contrapartida en una gran cantidad de empresas manos, que dependen de: otras, que montan componentes o realizan tareas auxiliares pero imprescindibles para la fabricación, por ejemplo, de un ordenador, y en las cuales el trabajo es descualificado y repetitivo. En número de ocupados estas últimas empresas son mayoría.

Situar a las empresas en la compleja trama de relaciones que la insertan en la "nueva organización productiva", esto es, identificar su poder y capacidad de mercado según la posición que ocupan en la división del trabajo entre empresas y su localización en contexto socio-territorial, puede ayudamos a entender el papel real que están desempeñando las nuevas tecnologías.

Cambios radicales

En una investigación sobre la informatización de las pequeñas y medianas empresas en España hemos podido dejar constancia de hechos como los siguientes. No es raro, por sectores y regiones, encontrar que entre un 70% y un 80% de las empresas disponen de ordenador y lo aplican a más de una función.Igualmente sobresale el dato de la recentísima fecha de los cambios experimentados: en más de la mitad de los casos puede haber tenido lugar después de 1985, e incluso en otros son los dos últimos años los que han visto cambios radicales: baste decir que el País Vasco pasó de un 42% de empresas informatizadas en 1984 al 73% en el año 1988.

Los datos muestran también que no puede recurrirse al socorrido esquema de sectores (o regiones) modernos y atrasados o al no menos repetido (y falso) de buscar diferencias en función del tamaño de las empresas: por tramos dimensionales, en número de ocupados, la innovación se reparte por igual entre empresas pequeñas, medianas o grandes, como sucede en el caso de Madrid.

En último lugar se evidencia que es la política empresarial la que determina los cambios ocupacionales, siendo la innovación tecnológica un instrumento más de esas políticas, como sucede, por ejemplo, en el sector de la industria auxiliar del automóvil, donde se puede recurrir a la informática para mantener, romper o mejorar la relación con la empresa madre, grande o pequeña.

Ahora bien, las políticas de ayuda a las pequeñas y medianas empresas suelen partir de considerar a éstas iguales, premiando individualmente a aquellas que se deciden a introducir innovaciones tecnológicas, sin tener en cuenta su inserción dentro de en una red de relaciones de tipo económico y sociales.

Ello, como en el caso de la confección, primando la innovación sólo en fases aisladas del proceso productivo (el diseño, escalado o marcado), puede contribuir a crear tejidos productivos desequilibrados, con malas condiciones de empleo y trabajo en otros lugares, a veces distantes de la empresa innovadora.

La pura confección se desarrolla, cada vez con más frecuencia, en condiciones sociales y económicas para otras empresas y sus trabajadores impropias de una potencia industrial como España.

Reorganización

Por todo ello, y más necesariamente hoy ante la reorganización productiva en curso, las políticas de fomento de la innovación tecnológica deben ser diseñadas contemplando todo el trabajo que colabora en la fabricación de un bien o servicio, los sistemas de empresas en su interrelación, porque, de otro modo, se crearán tejidos productivos desequilibrados, con dificultades de competitividad en Europa, como sucede ya con la electrónica en la fabricación, por ejemplo, de circuitos impresos con características complejas.Si a ello se une el hecho de que puedan estarse generando malas condiciones de empleo y trabajo en lugares difícilmente visibles por estar casi sumergidos, las razones para proponer políticas horizontales y sectoriales globales de innovación tecnológica parecen cobrar una fuerza que es claramente definitiva.

Juan José Castillo es, en la actualidad, profesor de Sociología del Trabajo en la Universidad Complutense de Madrid.

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