La policía apalea a los manifestantes anti-Yeltsin

Miles de personas, comunistas en su mayoría, se manifestaron ayer por Moscú, desafiando la prohibición oficial, para festejar el Día de las Fuerzas Armadas, defender la supervivencia del Ejército Rojo y protestar contra el Gobierno del presidente de la república, Borís Yeltsin, cuya dimisión exigieron. Los manifestantes rompieron las filas de policías que les impedían el paso en la plaza Mayakovski, pero no lograron llegar al Kremlin, que era su objetivo. Miembros de OMON -destacamento especial de la policía- cargaron contra los participantes en la protesta con porras de goma. Hubo varios heridos.

La conmemoración del 74º aniversario del Ejército Rojo, fiesta que fue rebautizada por las autoridades de Moscú como Día de la Defensa de la Patria, comenzó a las diez de la mañana, cuando Yeltsin -acompañado de otros altos dirigentes, entre los que se encoraraba el vicepresidente, Alexandr Rutskói; el viceprimer ministro, Guennadi Búrbulis, y el jefe del Parlamento, Ruslán Jasbuilátov- colocó una ofrenda floral en la tumba del soldado desconocido, ubicada en la muralla del Kremlin, en el jardín de Alejandro.Un gran dispositivo policial fue desplegado desde primera hora de la mañana en el centro de Moscú para impedir que los manifestantes comunistas, nacionalistas y monárquicos pudieran llegar a la plaza de Manezh, junto al jardín de Alejandro, el lugar donde tradicionalmente la oposición al régimen soviético organizaba sus mítines.

Las autoridades rusas, como en los viejos tiempos de la URSS, no permitieron que el mitin se realizara en este lugar. Después de la ceremonia junto a la tumba del soldado desconocido, Yeltsin justificó la prohibición argumentando que grupos antagónicos habían pedido autorización para congregarse en ese mismo lugar lo que podía dar lugar a enfrentamientos. "No creo que haya mos atentado contra la democracia",dijo el presidente ruso.

Barricadas militares

La prohibición no impidió los enfrentamientos entre policías y manifestantes. Alrededor de unas 10.000 personas se reunieron en la plaza de Mayakovski, y unas 5.000 trataron de abrirse paso hacia el Kremlin. Después de saItar por encima de la barricadade vehículos que bloqueaba la calle de Tverskaya, que da a la plaza de Manezh, los manifestantes rompieron dos filas de policías, pero luego fueron detenidos por miembros del OMON. Éstos utilizaron porras de goma e hirieron a varias personas, entre ellas al menos una mujer y un corresponsal de la agencia Tass.

"Ibamos pacíficamente marchando por la calle, con la intención de llegar hasta la tumba del soldado desconocido para poner unas flores, cuando los policías nos impidieron el paso. A la mujer que iba delante le rompieron la cara de un porrazo", explicó un hombre en el lugar del suceso, donde habían puesto una inscripción que decía: "Aquí la policía golpeó a una mujer".

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

El mitin se realizó finalmente en la plaza de Mayakovski, y entre los oradores estuvieron el general conservador Albert Makashov; el jefe del Partido Liberal-Democrático, Vladímir Zhirinovski -líder de corte neofascista- y el coronel negro Víktor Alksnis, que era dirigente del grupo conservador Soyuz en el desaparecido Parlamento de la URSS.

"Detened la destrucción de nuestro Ejército", "Gloria a las Fuerzas Armadas soviéticas", "El Gobierno de Yeltsin es una tragedia para el pueblo"... Éstas eran algunas de las inscripciones que se podía leer en las pancartas de los manifestantes. También había otras en apoyo del desaparecido partido comunista (PCUS), de los golpistas y algunas de carácter antisemita.

Tres grupos de 20 manifestantes fueron llevados finalmente en autobuses a la tumba del soldado desconocido, para que pudieran depositar ofrendas florales, después de las negociaciones que mantuvo en la alcaldía Víktor Ampílov, líder del movimiento Rusia Trabajadora, uno de los tantos grupos comunistas surgidos después de la desaparición del PCUS.

Las Fuerzas Armadas de la antigua URSS festejaron su 74º aniversario en un momento de grave crisis, marcada por su inminente desaparición con el nacimiento de ejércitos nacionales en las repúblicas de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Ucrania es la más decidida a crear sus propias Fuerzas Armadas, entre otras razones por considerar que, mientras exista un Ejército unificado de la CEI, persistirá el peligro de golpe de Estado. Ideas similares expresó ayer por la televisión rusa Alexandr Yákovlev, el político que en vísperas de que la banda de los ocho tomara el poder en la ex URSS advirtió que se preparaba un golpe.

"Un Ejército supranacional conduce a que éste asuma funciones distintas a las estrictamente militares, sea quien sea el comandante en jefe. La lógica que guía los acontecimientos exige arrogarse entonces funciones políticas", declaró Yákovlev, defendiendo la necesidad de crear ejércitos nacionales.

Por otra parte, el secretario general de la OTAN, Manfred Woerner, terminó ayer una visita relámpago a Ucrania, en el curso de la cual invitó al presidente, Leonid Kravchuk, al ministro de Exteriores, Anatoli Zlenko, y al de Defensa, Konstantín Morózov, a sendas reuniones en Bruselas. Luego Woerner voló a Moscú, donde se entrevistará con los dirigentes rusos. La reunión con Yeltsin está prevista para el martes.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS